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«Me crucé con él hace unos días y me dijo que su tío le estaba agobiando»

Vecinos de la calle donde vivían definen al homicida confeso como un hombre en apariencia «bonachón»

Dos vecinas hablan en la calle donde ocurrió el crimen.

Dos vecinas hablan en la calle donde ocurrió el crimen. Guillem Bosch

Las desavenencias entre Juan Carlos y su tío habían subido de tono en los últimos días. Antes de que una discusión derivara en el pasado martes en el homicidio del anciano de 79 años. Los desencuentros ya eran manifiestos entre uno y otro.

«Me cruce con él y me comentó que su tío le estaba agobiando», indicó ayer a este periódico un residente en la calle Jardín de Inca, donde vivía desde hacía tres meses el homicida y la víctima. Antes de este episodio, las disputas quedaban circunscritas a su domicilio.

El motivo de este desencuentro era muy banal. «Le dijo que iba a reprender a la casera porque le había arrugado una camisa en la lavadora», puntualizó este testigo.

No obstante, nada hacía presagiar en el carácter del homicida confeso que tuviera un estallido violento por el que acabara con la vida de su tío. «Para mí era un hombre bonachón», recalcó ayer este vecino de la calle Jardín.

A excepción de estos casos puntuales, las disputas entre tío y sobrino lejanos, la víctima era hermano de su padrastro, estas disputas internas en el ámbito de su domicilio no trascendían de puertas para afuera.

Supuesta misoginia

En los tres meses en los que tío y sobrino residieron en el número 10 de la calle Jardín, Jorge García Valiño se había hecho notar por su afición a tocar el acordeón. Nada más subscribir el contrato de alquiler, la víctima del crimen había dejado constancia de que se declaraba «mormón», religión que no practicaba el homicida confeso, que se encargaba de su cuidado.

Al parecer, otro motivo de las diferencias entre uno y otro era la supuesta misoginia del fallecido. El autor del crimen admitió que se abalanzó contra él con violencia cuando vituperó a su madre.

Crimen en Inca

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