El clan del Pablo ha recibido una particular felicitación navideña de la Policía. Dos grandes operaciones en apenas 24 horas han acorralado a la organización de narcotraficantes asentada en la bariada palmesana de La Soledat, que ha perdido sus principales centros de producción de marihuana. En total la Policía Nacional, con la colaboración de la Policía Local de Palma, ha intervenido unas 2.000 plantas y ha arrestado a cinco presuntos miembros de la banda

La última intervención se llevó a cabo durante la tarde de ayer. Un gran contingente policial, formado por unos cincuenta agentes del Grupo II de Estupefacientes y de la Brigada de Seguridad Ciudadana, con el apoyo de la Policía Local, irrumpió a partir de las siete en cuatro inmuebles de las calles Rector Petro y Antoni Rosselló i Nadal, en La Soledat. En tres había grandes plantaciones de marihuana, y el otro era un punto de venta de droga del clan. Las casas eran auténticos búnkeres, con puertas blindadas, y fue necesaria la intervención de los bomberos para derribarlas.

La operación de ayer se saldó con la intervención de unas 1.500 de plantas de marihuana y diveras cantidades de cocaína, y el arresto de cuatro sospechosos. 

 Fue la continuación de una primera intervención, llevada a cabo el lunes por la tarde en una casa de campo del Coll d’en Rabassa, donde el clan del Pablo había instalado un centro de producción de marihuana lejos de su feudo de La Soledat.

 Agentes de la Policía Nacional y la Policía Local de Palma irrumpieron el lunes en el inmueble, una casa aislada, entre el Coll y la autopista de s’Arenal. Todos los accesos habían sido tapiados salvo uno, en el que habían colocado una puerta blindada. En su interior, un empleado de la organización custodiaba, armado con una escopeta, una plantación de 600 ejemplares a punto de ser cosechados.

Las operaciones han sido fruto de varias semanas de investigación del Grupo II de Estupefacientes, con la colaboración de la Policía Local, ante las sospechas de que el conocido clan de narcotraficantes presuntamente dirigido desde prisión por Pablo Campos Maya, de 59 años, había reiniciado la producción masiva de marihuana tras quedar muy mermado por otras operaciones policiales de los últimos meses.

La casa, en una zona aislada del Coll d'en Rabassa, era también un  búnker, sometido a constante vigilancia. Parecía abandonada y todas las entradas habían sido tapiadas salvo una, en la que habían colocado una pesada puerta blindada. Los investigadores detectaron que había enganches ilegales al tendido eléctrico, un indicio claro de que ocultaba en su interior una plantación de marihuana, que requiere un gran consumo de electricidad para abastecer los sistemas de iluminación y ventilación que necesitan las plantas.

La casa había sido convertida en un gran invernadero, con focos y ventiladores, en el que había unas seiscientas plantas de marihuana. En el inmueble fue detenido un hombre de 71 años, con varios antecedentes, y que está considerado en medios policiales uno de los empleados de confianza del clan del Pablo. Era el encargado de vigilar la casa y tenía una escopeta cargada.