Una intervención providencial. El domingo por la noche este joven vigilante de seguridad plantó cara a un individuo que trataba de golpear a varias personas junto a s’Escorxador de Palma. Cuando creía que le había tranquilizado, el hombre regresó corriendo con un gran machete en la mano, con el que lanzó varios golpes a una de las víctimas. Ortiz logró desarmarle de un golpe y puso en fuga al presunto agresor, que acabó detenido.

Sebastián Ortiz, ayer, en el cruce de las calles Ramon Muntaner y Andreu Feliu de Palma, donde ocurrió la agresión. B. Ramon

«Oí los gritos de la mujer pidiendo ayuda y no pude evitar meterme». Sebastián Ortiz tiene 23 años y trabaja como vigilante de seguridad en el mercado del Olivar, en Palma. En la medianoche del domingo se despedía de un amigo en la puerta de s’Escorxador cuando oyó el ruido de una trifulca en una calle cercana. Cuando se acercó comprobó que un individuo estaba atacando a una mujer y a un joven. «Lo primero que hice fue intentar calmarle, evitar que la cosa fuera a mayores», cuenta. «Y parece que lo había conseguido. El hombre se marchó, pero a los pocos segundos volvió armado con un machete enorme. Cuando le vi no me lo podía creer». El agresor propinó varios machetazos al hijo de la mujer. «En un momento dado, cuando había descargado el golpe, le di en el codo y logré desarmarle. Entonces le di una patada al machete y lo envié debajo de un coche». La acción de Sebastián fue decisiva para evitar que la agresión tuviera consecuencias muy graves. «Desde luego, estoy muy contento de haberlo hecho, estas cosas me hacen sentir bien». Hasta el extremo de que ha hecho que se replantee su propio futuro. «He decidido prepararme las oposiciones a guardia civil, igual sirvo para esto y todo».

« El hombre asestó varios machetazos al chico, que se cubrió con la valla. Entonces le golpeé y le desarmé»

« Estoy contento de haberlo hecho, y me ha ayudado a tomar la decisión de prepararme para ser guardia civil»

La actuación de Sebastián ha recibido elogios de mandos de la Policía Local, cuyos agentes arrestaron poco después al presunto agresor, un colombiano de treinta años, e intervinieron el machete, de medio metro de longitud. El individuo ha sido acusado de intento de homicidio y lesiones. Al parecer todo comenzó cuando profirió un comentario soez a una chica que iba acompañada por varios familiares. La tía de la joven le propinó una bofetada y se inició una trifulca en la que intervino también el hijo de la mujer.

«Yo tenía libre y había venido a tomar una caña con un amigo», relata Sebastián Ortiz. «A las doce cierran s’Escorxador y estábamos en la puerta, despidiéndonos, cuando oímos los gritos de una mujer pidiendo ayuda en la calle Ramon Muntaner, a apenas veinte metros de distancia. Así que fui a ver qué pasaba».

Ortiz llegó en pleno enfrentamiento. El presunto agresor que luego fue detenido sangraba por la boca. «Estaba en pleno ataque de ira, totalmente fuera de sí, y trataba de golpear a varias personas», comenta el joven. «Así que intenté calmarle y separarle de los demás. Parecía que lo había conseguido, porque se marchó. Pero a los pocos segundos le veo aparecer corriendo y blandiendo un machete enorme y oxidadísimo en la mano mientras gritaba: ¡Me los cargo a los dos! Yo no me lo podía creer».

El hombre asestó tres o cuatro machetazos contra el hijo de la mujer, que se protegió con una valla de plástico de la terraza de un bar. «En el momento que había descargado uno de los golpes vi mi oportunidad», prosigue Sebastián, «y le di en el codo, de manera que dejó el caer el machete. Entonces le pegué una patada al arma y la envié debajo de un coche. Pensé que si me tenía que pegar, al menos que no me diera con ese machete».

Afortunadamente la cosa acabó ahí. Los acompañantes del hombre le insistieron en que se marchara antes de que llegara la Policía y el individuo huyó a la carrera. «Yo había alertado al 112 al principio y la Policía llegó poco después. Pero la familia a la que habían atacado también se marchó, así que cuando llegó el coche patrulla me encontró a mí solo, con el machete en las manos. Ahí pensé: todavía me la voy a cargar yo. Pero no. Les expliqué lo que había pasado y fueron en busca del agresor. Durante el forcejeo conmigo se había quedado sin camiseta, así que lo localizaron enseguida y le detuvieron».

«Lo volvería a hacer»

Sebastián admite que aunque trabaja como vigilante de seguridad, esta es la experiencia más fuerte que ha vivido. «Ahora estoy en el mercado del Olivar, pero he trabajado varios años en es Pinaret. Allí a veces había que reducir a alguno de los chicos cuando se ponían agresivos y esa experiencia me ha servido. Pero nunca me había enfrentado a nada tan grave, no con un machete de ese tamaño por medio».

Pero añade que si se volviera a encontrar en una situación similar lo volvería a hacer. «Sin duda», comenta. «Cuando oí los gritos de la mujer, y luego cuando vi aparecer al tipo blandiendo el machete, no tuve la menor duda de que tenía que intervenir. Y ahora estoy muy contento de haberlo hecho, aunque mi madre se ha enfadado conmigo cuando ha leído la noticia en el diario, por meterme en estos líos».

Confiesa que el incidente le ha hecho replantearse su vida. «He decidido empezar a prepararme las oposiciones para ser guardia civil. Es algo que llevaba tiempo pensando pero ahora estoy convencido. Tengo 23 años y es el momento de espabilar. Me ha venido bien para pensar: Sebas, dedícate a esto, que igual se te da bien y todo».