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Emergencias

Ola de rescates acuáticos en la desescalada

Practicantes de kayak, esnórquel, apneístas o submarinistas han capitalizado los incidentes

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Paradójicamente, durante el año de la pandemia de la covid-19 y el confinamiento, los nueve buceadores de la Guardia Civil de Balears –un equipo compuesto por un sargento, un cabo y siete agentes–  han tenido que afrontar una oleada de rescates acuáticos en Mallorca. De hecho, algunas de estas misiones de salvamento que han tenido lugar durante la desescalada han sido de las más complicadas de su abultada y arriesgada carrera.

“A pesar del descenso en el turismo, la casuística de los rescates acuáticos ha subido”, subraya sin ambages el sargento del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil de Balears Juan Carlos Rodríguez Sunyé.

La desescalada de la pandemia ha lanzado a muchas personas al mar para hacer todo tipo de actividades acuáticas. Un verdadero frenesí y un deseo irrefrenable por gozar de la brisa marina en la superficie o de sumergirse en el agua con desigual destreza han capitalizado las continuas labores de salvamento de los buceadores del instituto armado.

A principios de año, con carácter previo al decreto del estado de alarma y de que se adivinara la llegada de la pandemia, los submarinistas del GEAS tuvieron que afrontar la búsqueda de David Cabrera. El apneísta de 34 años desapareció cuando hacía barranquismo en el Torrent de na Mora en Sóller. No ha sido encontrado.

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Cuarenta voluntarios se suman a las labores de búsqueda del barranquista desaparecido en Sóller

David Cabrera se encontraba haciendo barranquismo el día que la tormenta Gloria azotaba Mallorca cuando fue arrastrado por la corriente. “Los trabajos de búsqueda fueron muy complicados. El agua llevaba mucha fuerza y nos sumergimos en las pozas a buscarle”, recordó el mando del GEAS.

El fin del confinamiento por la covid-19 y la consiguiente desescalada derivó en Mallorca en una estampida de personas hacia el mar. Por este motivo las salidas de los buceadores de la Guardia Civil han sido más frecuentes que en años anteriores sin pandemia alguna.

Las labores de salvamento se han tenido que realizar tanto en la superficie como debajo del agua. Así, el pasado mes de junio dos practicantes de kayak estaban en apuros tras ser abatidos por un golpe de mar. Uno de ellos pudo alcanzar la costa por sus medios. El otro, en cambio, necesitó de la asistencia de los buceadores de la Guardia Civil.

Entre las víctimas rescatadas hay dos grupos bien diferenciados. Los expertos que asumen más riesgos de los debidos o de los noveles que no encuentran la fórmula de superar una adversidad al hallarse en el mar.

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Ola de rescates acuáticos en la desescalada

El experto documentalista submarino Fernando Garfella se encontraba en el primer grupo. Realizó una inmersión a alta profundidad en solitario y dio lugar a un rescate con buceadores de profundidad en condiciones extremas. Su cuerpo fue recuperado a 92 metros.

Precisamente, este año se habían endurecido las normas para practicar el buceo con el Real Decreto 50/2020. La principal directriz recogida en esta normativa es la de no bucear solo bajo ningún concepto y conlleva una multa.

Los expertos en buceo profundo de la Guardia Civil, con base en la localidad madrileña de Valdemoro, capitalizaron el rescate con apoyo del GEAS de Balears. Los submarinistas utilizaron en las botellas Trimix –una mezcla de oxígeno, nitrógeno y helio– para soportar la presión a esa profundidad.

“A partir de 66 metros el oxígeno se vuelve tóxico. Si no buceas con Trimix te pueden dar espasmos y convulsiones como un ataque epiléptico o quedarte inconsciente”, precisa Rodríguez Sunyé.

Más allá de estos rescates extremos, los buceadores de la Guardia Civil han tenido que hacer frente estos meses a las consecuencias de imprudencias más cotidianas. Nadar en aguas abiertas, lejos de la costa, sin señalización expone a ser embestido por un barco. Otra práctica de riesgo, que puede ser temeraria, es el uso del seabob entre embarcaciones. Una turbina que propulsa a una persona en el mar y le hace emerger brúscamente del agua. Hace unos años un turista alemán murió y otro sufrió la amputación traumática de un brazo al ser herido por la hélice de un barco.

Medidas de seguridad

Las imprudencias en el mar también las han protagonizado patrones de yates en estos meses de desescalada y posterior repunte del coronavirus. “Muchas embarcaciones navegaban a más de tres nudos cerca de la costa. Está comprobado que a esa velocidad no se puede comprobar si una persona se encuentra en el agua”, puntualiza Rodríguez Sunyé.

La coincidencia del fin de tres meses de confinamiento con la llegada del verano y la apertura de las playas provocó una desbandada hacia la costa. Muchas de estas personas se han expuesto a riesgos absurdos, a veces con resultados fatales, por no respetar las normas más elementales de seguridad en el mar. No bucear solo, no salir con condiciones marítimas adversas o revisar el estado de la embarcación pueden evitar un accidente y la salida de los servicios de rescate. 

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