20 de septiembre de 2019
20.09.2019
Tribunales

El turista borracho que atacó a cuatro policías al aterrizar en Son Sant Joan

Condenado un joven británico por lesionar a agentes tras un incidente en el control de pasaportes

20.09.2019 | 02:45
Control de pasaportes de Son Sant Joan, donde ocurrieron los hechos en julio de 2016.

Empezó la fiesta antes de volar a Mallorca a base de alcohol, cocaína, marihuana y anfetaminas. No le gustó que le hicieran esperar en el puesto fronterizo. Se enfrentó a varios funcionarios, lanzándoles sillas, patadas y puñetazos y fue perseguido por medio aeropuerto. Ayer aceptó seis meses de cárcel y una multa.

Un mal viaje y un aterrizaje peor. Las vacaciones en Mallorca del joven británico Ross J.Y. no empezaron demasiado bien. Voló a la isla borracho y drogado y en cuanto llegó la tuvo con la Policía sin salir de Son Sant Joan. Lanzó improperios a varios agentes en el control de pasaportes y cuando lo llevaron a un cuarto para tratar de calmarlo, les lanzó sillas, patadas y puñetazos y rompió una mesa y una puerta. Dejó a cuatro policías lesionados y escapó. Tras ser perseguido por medio aeropuerto, acabó reducido. El chico volvió ayer a la isla, esta vez para ser condenado a seis meses de cárcel –que no cumplirá– y 360 euros de multa.

El acusado viajó a Mallorca en pleno verano para pasar unos días de vacaciones con unos amigos. La fiesta había empezado antes incluso de subir al avión en su país. El joven, según se comprobó después, había tomado alcohol, cocaína, marihuana y anfetamina. Eran las siete de la tarde del 23 de julio de 2016cuando le tocó hacer cola en el control de pasaportes de Son Sant Joan para que la Policía comprobara su documentación.

A Ross J.Y. no le hizo ninguna gracia tener que esperar. No tardó en empezar a cuestionar el trabajo de uno de los agentes del puesto fronterizo. Se vino arriba por momentos y no tardó en faltarle al respeto abiertamente. Estaba muy alterado y, temiendo que la situación se descontrolara, cuatro policías optaron por llevarlo a una habitación hasta que se calmara.

No lo consiguieron. El turista, lejos de tranquilizarse, se mostró cada vez más exaltado. Quiso salir de allí a cualquier precio y acabó tirando una silla a los agentes, a los que además pegó patadas y puñetazos. También la emprendió a golpes contra el mobiliario, rompiendo la esquina de una mesa y la maneta de la puerta. Logró zafarse de los policías y salió de la estancia.

Su huida dio pie una persecución por los pasillos de Son Sant Joan. El chico corría hacia la salida del aeropuerto mientras los cuatro policías y otros que se unieron a ellos le seguían. Lograron darle alcance ya junto a las cintas de recogida de equipaje, donde le redujeron y lo detuvieron.

Los cuatro agentes de la Policía Nacional a los que atacó tuvieron que recibir asistencia médica. La peor parte se la llevó un funcionario que sufrió una importante contusión en la mano derecha, de la que tardó tres semanas en recuperarse y que le ha dejado como secuela una artrosis postraumática. Los otros tenían golpes, moratones y dermoabrasiones de menor entidad. Los destrozos que el turista causó en la habitación fueron tasados por Aena en 30 euros.

De traje y corbata

Ross J.Y. ha vuelto esta semana a Mallorca, esta vez acompañado de su padre y con una actitud muy diferente. No en vano venía al juicio, acusado por delitos de atentado y lesiones, y la fiscalía pedía para él pena de prisión. Consciente de su responsabilidad, había depositado ya 2.300 euros para cubrir las indemnizaciones a los policías.

De traje y corbata, el chico compareció ayer en un juzgado de lo penal de Palma. Allí reconoció los hechos después de que su abogado y la fiscal alcanzaran un acuerdo de conformidad. El pacto incluyó como atenuante las drogas y el alcohol que había consumido cuando ocurrieron los hechos. El joven se declaró autor de un delito de atentado y cuatro de lesiones leves, por los que aceptó una condena de seis meses de prisión y 360 euros de multa. La pena de cárcel quedó suspendida, a condición de que no cometa más delitos en España en dos años.

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