24 de julio de 2019
24.07.2019
Una reacción a vida o muerte

Un vigilante del aeropuerto de Palma cuenta cómo salvo de morir asfixiada a una menor

Ángel Astorga, un veterano agente de seguridad de Son Sant Joan, explica cómo consiguió que una niña de tres años que se había atragantado volviera a respirar - Sus conocimientos de primeros auxilios fueron determinantes para salvar a la pequeña

24.07.2019 | 02:45

El veterano vigilante de seguridad de la empresa Trablisa Ángel Astorga, de 58 años, tuvo una actuación determinante en Son Sant Joan el pasado mes de junio y logró salvar la vida a una niña alemana de tres años. Tras identificar la situación crítica que atravesaba la pequeña, se la quitó de los brazos a sus padres y le comenzó a realizar la maniobra Heimlich. Al cabo de tres intentos, la menor empezó a respirar por sus propios medios. "Si no llego a actuar, la niña habría muerto", asegura convencido.

Los hechos ocurrieron sobre las doce y cuarto del mediodía en los arcos de entrada de la terminal de salidas del aeropuerto de Palma. "Empecé a escuchar unos gritos desgarradores detrás de mí y pensé que algo muy grave estaba pasando", recuerda.

Ángel le pidió a su compañera que le cubriera mientras él se dirigía al lugar de donde procedían los gritos. "Una mujer gritaba desesperada", subraya. Los padres, dentro de su afán por salvar a su hija y sus escasos conocimientos de primeros auxilios, no le hacían ningún bien.

"Uno había cogido a la niña de los pies y la había puesto cabeza abajo. El padre le metió los dedos en la boca a la niña y la estaba lastimando. Le estaba haciendo sangre y le resbalaba por la mano", relata. La pequeña estaba inconsciente, con los ojos cerrados y comenzaba a ponerse morada.

Ángel, en cuestión de segundos, actuó de una forma muy resuelta ante los desbordados progenitores. "Se la quité al padre y le comencé a realizar la maniobra Heimlich. Le hice tres compresiones abdominales fuertes, le toqué la cara y la dejé descansar". Los certeros tratamientos de primeros auxilios del vigilante de Trablisa no tardaron en surtir efecto. La pequeña comenzó a reanimarse, recuperó la conciencia y abrió los ojos. Se quedó mirando fijamente a su salvador.

"Me miró y comenzó a llorar"


"De repente, la niña giró la cabeza, me miró y comenzó a llorar", rememora Ángel. Los padres de la pequeña habían quedado sumidos en estado de shock por la traumática experiencia vivida ante lo que creían que era la inminente muerte de su hija ante sus ojos. Eran incapaces de articular palabra alguna. Hasta para agradecer incluso la providencial actuación del vigilante.

La pequeña se restableció en tiempo récord. En primera instancia fue trasladada hasta Son Espases. Una vez examinada los médicos le dieron el alta. Ese mismo día pudo tomar otro avión y regresar con sus padres a Alemania.

Al parecer, la niña estaba indispuesta cuando llegó a las instalaciones del aeropuerto de Palma. Ya entonces no se sentía bien. Ángel sostiene que la pequeña pudo haber vomitado algo que había comido y haberlo inspirado. Esto le habría obstruido las vías respiratorias.

"Le salvé la vida y me sentí muy feliz", recuerda Ángel Astorga henchido de orgullo. En los 21 años que lleva trabajando como vigilante de seguridad de Trablisa no se había encontrado con una situación semejante. Nada que le hubiera reconfortado tanto como salvar la vida a una niña

No obstante, el vigilante de seguridad ya había tenido una reacción similar hace un año en un accidente doméstico de un niño. En esa ocasión, era su nieto de tres años. Al igual que la pequeña alemana, se había atragantado y no podía respirar. Tampoco entonces se lo pensó dos veces y le realizó la maniobra Heimlich hasta que pudo respirar por sus propios medios.

Treinta segundos vitales para la reanimación


Desde el primer momento, Ángel Astorga sabía que tenía que actuar a contrarreloj. Solo contaba con treinta segundos para salvar a la menor y para que no le quedaran secuelas irreversibles por la ausencia de oxígeno en el cerebro. Antes incluso de trabajar en Trablisa ya había reanimado a una joven toxicómana en las inmediaciones de Son Banya.  Estas acciones humanitarias son inherentes a su familia y otros miembros las han practicado también con éxito. Su primo hermano Javier Astorga, fallecido recientemente y también vigilante como él, logró reanimar con técnicas de resucitación cardiopulmonar a una clienta desvanecida en un conocido supermercado del Pont d'Inca, en Marratxí.

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