25 de abril de 2019
25.04.2019
Tribunales

"Vine de Nigeria para trabajar en un bar y me obligaron a ser prostituta"

En el juicio la acusada negó haber captado a la víctima en su país y traerla a la isla para explotarla sexualmente

25.04.2019 | 14:28
La acusada durante el juicio.

Una joven nigeriana víctima de trata de seres humanos relató ayer en un juicio en la Audiencia de Palma cómo fue captada en su país de origen con una falsa oferta de trabajo en un restaurante en Europa hasta que llegó a Mallorca, donde finalmente fue obligada a prostituirse bajo amenazas en dos locales de alterne de Inca entre octubre de 2016 y enero de 2017. La perjudicada culpó a su captora de organizar el viaje a Palma. "Ella vino a buscarme a Italia, ella consiguió el pasaporte para que pudiera viajar", recalcó.

Según la muchacha, que tenía 25 años en esas fechas, en Nigeria recibió una oferta para trabajar en Europa en un restaurante, "pero no como prostituta". La víctima confirmó que viajó desde su país a Libia y, luego, tuvo que "cruzar el Mediterráneo en un barco grande", una patera. "Estuvimos muchas horas en alta mar hasta que las autoridades italianas nos rescataron. Luego, nos llevaron a un campamento de refugiados. Allí, la acusada vino a recogerme y organizó el vuelo a Mallorca", recordó ante el tribunal de la sección segunda.

Una vez en la isla, se alojó en casa de la sospechosa, en Palma. "En ese momento, ella me indicó que no venía a trabajar a un restaurante, sino como prostituta. Me dijo que tenía una deuda de 25.000 euros y me obligó a ejercer la prostitución. Todo el dinero que ganaba se lo quedaba ella. Si no hacía el trabajo, me amenazaba con que mi familia de Nigeria podía morir. Cobraba 50 euros por media hora y 100 euros por una hora. Yo tenía un diario en el que apuntaba el dinero que le daba. Y ella tenía otro libro con las cuentas. En esos meses gané 1.800 euros", detalló la joven.

La perjudicada aseguró que en enero de 2017 finalmente pidió ayuda a un cliente del club para dejar de ser explotada sexualmente. Este hombre, que declaró ayer como testigo protegido, confirmó que denunció el caso a través del teléfono contra la trata de seres de la Policía Nacional. Los agentes finalmente la liberaron.

Por su parte, la acusada, de 36 años y también nigeriana, negó los cargos en la vista oral. La mujer negó haber viajado a Italia en octubre de 2016 para recoger a la víctima en un campamento de refugiados del valle del Po. "Yo no organicé ningún viaje, no podía viajar ni a Italia ni a Nigeria porque tenía el pasaporte caducado. Yo no viajé, no soy esa persona", recalcó la sospechosa, pese a que su nombre figuraba en la lista de pasajeros de un vuelo de Bolonia a Palma.

La mujer explicó que conoció a la perjudicada en una discoteca en Alcúdia. Según su versión, la chica se hallaba en muy mal estado de salud y, por eso, la llevó a su casa, la empadronó allí, la llevó al hospital y le prestó su ayuda. "Yo me fiaba de ella", aseguró.

La sospechosa negó haberla obligado a ejercer la prostitución en dos clubs de alterne de Inca. "Ella me preguntó si me podía acompañar adonde yo iba para ganar dinero por las noches", detalló. Además, rechazó obligarla a entregarle todo el dinero que ganaba: "Ella tenía su propio dinero". La encausada se desvinculó de la deuda de 25.000 euros, negó haberse quedado con su pasaporte, así como las amenazas a su familia en Nigeria y haberla agredido para que se prostituyera. "Yo le pegué cuando me enteré de que se había acostado con mi novio y quería que ella se marchara de casa. Por eso, le pegué. Ella quería quedarse con mi novio. La sorprendí con él. Por ello, la chica está resentida", manifestó. Su entonces novio y la víctima negaron ayer haber tenido relaciones.

La fiscalía solicita para la sospechosa ocho años de prisión por un delito de trata de seres humanos en concurso con otro de prostitución coactiva y un delito contra los derechos de los ciudadanos extranjeros.

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