Policía Nacional
Detenido el dueño de un club hípico por explotación de sus trabajadores y maltrato animal
Los empleados hacían jornadas de 12 horas y no tenían vacaciones, y los caballos carecían de asistencia veterinaria y eran enterrados en la finca

Enterramiento de uno de los caballos muertos en la finca.
lorenzo marina palma
De puertas para fuera, este centro hípico de las afueras de Palma era un lugar selecto, donde se celebraban bodas, bautizos y comuniones. Según su página web, "un multiespacio dedicado al mundo de la equitación". De puertas para adentro, era un sitio donde presuntamente se explotaba a sus trabajadores con jornadas interminables y a los caballos se les negaba el veterinario y eran enterrados clandestinamente en la finca.
Investigadores de la Unidad Contra Redes de Inmigración y Falsificación (UCRIF) de la Policía Nacional han detenido al empresario por un supuesto delito contra los derechos de los trabajadores y por maltrato animal.

Detenido el dueño de un club hípico por explotación de sus trabajadores y maltrato animal
Mientras los contratos de trabajo de los empleados -tres rumanos y un español- eran de 30 horas semanales, se veían obligados a hacer jornadas de 12 horas diarias. Su sueldo difícilmente superaba los 800 euros, se les prohibía disfrutar de las vacaciones y tampoco se les abonaban. Si se suspendía la relación laboral, el empresario tampoco les pagaba el correspondiente finiquito.
A raíz de las denuncias recibidas, los efectivos de la UCRIF activaron la denominada 'Operación Vado'. Las pesquisas se iniciaron el pasado mes de noviembre tras constatar las condiciones laborales abusivas a las que era sometida la plantilla.

Detenido el dueño de un club hípico por explotación de sus trabajadores y maltrato animal
Los trabajadores hacían funciones de camareros, cocineros, limpieza o bien labores de mantenimiento. Las pésimas condiciones laborales iban acompañadas por un continuo trato vejatorio. "¡Inútiles, no valéis para nada!", solía decirles el empresario. Las cargas familiares o la hipoteca obligaba a los trabajadores a acatar las órdenes para mantener su única fuente de ingresos.
Mataba gatos con la escopeta
Los animales no eran ajenos a este trajo vejatorio. Cuando los caballos estaban enfermos, no se avisaba al veterinario para ahorrarse el dinero. En su lugar, un empleado les suministraba medicamentos. A tiro de escopeta, el dueño mataba gatos en la finca.
Cuando la enfermedad de los equinos se agravaba y no tenían cura, el propio dueño del club los sacrificaba. A continuación, los caballos eran enterrados de manera clandestina en la finca situada en la carretera de Puigpunyent. Algunos de estos enterramientos los hacía junto a acuíferos en los que brotaba agua. El empresario hacía caso omiso a las advertencias de los empleados.
Otra actividad ilegal que se realizaba en dicha finca era el desguace de embarcaciones inservibles. Los trabajadores no usaban equipos de protección y la fibra de vidrio, una material altamente contaminante, se enterraba también en la finca.
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