16 de marzo de 2011
16.03.2011
Entrevista a Jordi Giménez

"Si fuera japonés, me preguntaría si merece la pena tener centrales nucleares"

Especialista en las transformaciones asociadas a los movimientos sísmicos, se plantea si un país con alto riesgo de seísmo como el nipón es aconsejable la energía atómica con unos riesgos mucho más elevados que en otros puntos

16.03.2011 | 07:30
El geólogo Jordi Giménez durante la entrevista.
­­Jordi Giménez (Barcelona, 1967) trabaja en la Dirección general de Recursos Hídricos del Govern, aunque siempre fue un estudioso de los movimientos sísmicos. De hecho, su tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona versó sobre las transformaciones en el terreno originadas por los terremotos. Respecto al seísmo de Japón es concluyente. A su juicio, el pueblo nipón se la juega al tener centrales nucleares en zona símica.

—¿Qué significa un terremoto grado 9 en la escala Richter?
—Es una escala logarítmica. Se multiplica por 30. Es 30 veces más intenso que uno escala 8 y 900 veces más potente que uno de escala 7. El terremoto de Chile fue muy parecido al de Japón. El seísmo de Haití era de 7,2. Esto significa que el terremoto de Japón es 800 veces más fuerte que el de Haití.
—A lo largo de la historia no ha habido muchos seísmos como el de Japón.
—Desde que se tienen instrumentos para medirlos, desde comienzos del siglo XX, ha habido cuatro terremotos superiores a ). El de Sumatra era 9,1. En Chile, en los años sesenta, en Alaska hubo otro de más de nueve, en Kamchatka. Este sería el quinto desde que se tienen mediciones. A lo largo de la historia se supone que ha habido muchos más.
—¿Cómo funciona un sismógrafo?
—En principio, el terremoto que provoca un movimiento en la tierra, una ondulación. La amplitud da idea de lo grande que es. También influye la distancia. Cuanto más cerca estás, más grande es la amplitud y, a medida que te alejas del foco, va disminuyendo. Se amortigua de alguna manera la energía. Se hacen una serie de fórmulas y, a partir de la oscilación de la aguja, se recoge esa amplitud. Para conocer realmente la magnitud necesitas tener una red de sismógrafos. Con un terremoto tan grande como este, se usan otras maneras de medir. Se recoge el movimiento de la falla y la magnitud está en relación al movimiento de esa falla. Tienen que saber la longitud de falla rota y cuántos metros se ha desplazado.
—Detectar un tsunami todavía es una cuenta pendiente.
—Cuando hay dos bloques dentro de una falla se levanta uno respecto a otro. Esto provoca un desplazamiento vertical y se produce la ola. No hay relación directa entre un terremoto y un tsunami. No va asociado.
—¿Debemos temer un tsunami en Balears?
—El último se produjo en 2003 originado por el terremoto de Argelia. El agua subió un metro, como mucho dos, y afectó solo a las embarcaciones. En Argelia no han pasado hasta ahora de una magnitud de 7,5. Cada año se acerca Argelia un centímetro a Balears. En la placa del Pacífico es de 10 centímetros, 10 veces más. También tiene una velocidad más grande en Japón.
—¿Qué lecciones se pueden extraer tras el terremoto de Japón? —Si yo fuera japonés, me preguntaría si vale la pena tener centrales nucleares. Tener una central nuclear en una zona donde sabes que hay terremotos, y fuertes como este, hacen que te la estés jugando. Es bastante fácil que un terremoto de magnitud 9 te lo rompa todo. Por muchos sistemas de seguridad que tengas.
—¿Qué condiciones debe tener una central nuclear para que se considere segura?
—Está claro que debe estar situada en una zona que no tenga riesgo sísmico. Cuanto más estable mejor. El problema que tienen en ese país es que no tienen petróleo, no tienen otra fuente de energía y si quieren mantener el nivel de vida y crecer recurren a la nuclear que es más barata. Pero tiene grandes riesgos en zona sísmica.
—La centrales nucleares japonesas tienen bastantes años ¿la antigüedad es un factor determinante para este tipo de desastres?
—Aunque sean modernas. Ante un terremoto de estas dimensiones, poco se puede hacer. Es muy posible que tampoco lo pudiera resistir una presa.

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