16 de enero de 2011
16.01.2011

El caso del cura mallorquín que asesinó a su monaguillo

Un libro revela que un religioso de Inca que fue condenado en 1971 por matar a un niño en Valencia no fue excomulgado y siguió ejerciendo como vicario

16.01.2011 | 07:30
Imagen reciente de la Iglesia de Begoña, en el Port de Sagunt (Valencia), donde se cometió el asesinato en marzo de 1971.
Un libro escrito por el religioso Josep Barceló Morey ha acabado sacando a la luz que un cura mallorquín condenado en 1971 por matar a un monaguillo de nueve años en el Port de Sagunt (Valencia) no llegó a ser apartado de la Iglesia, como creía la familia del pequeño.
El autor confeso del crimen que hace ahora 40 años conmocionó la ciudad y acabó hasta hace poco con las procesiones en el Port, nacido en 1917 en Inca, ejerció años después en la parroquia del barrio de La Bordeta de Lleida como vicario, según recoge Barceló Morey en una publicación titulada 121 Mallorquins.
Desde el Obispado de Lleida se ha confirmado este extremo, pero sin poder precisar cuánto tiempo estuvo allí, ni la tarea que realizaba. No obstante, uno de los religiosos que coincidió con él en La Bordeta a finales de los años 80, el padre paúl José Biosca, apuntó a este diario que se encargaba de las misas, "pero sin ejercer ninguna responsabilidad en la parroquia, ni dirigir ningún grupo de apostolado. Cumplía su deber, pero era un poco reservado. No demasiado abierto. Tampoco salía mucho", decía Biosca sobre él.
La propia inclusión del asesino confeso, J.P.B., en la obra 121 Mallorquins resulta chirriante teniendo en cuenta su crimen y el carácter del libro. Como se explica en la introducción, en él se recogen breves semblanzas de 121 padres paúl formados en la escuela apostólica La Missió de Palma que, a juicio del autor, son "de verdad testimonio" y "cuyo servicio primero y principal ha sido proclamar la Buena Nueva del amor, al estilo de Jesucristo".
El mismo retrato biográfico que realiza de J. P. B. omite cualquier referencia al horrendo crimen por el que este, a sus 54 años, fue condenado a 17 años de prisión menor y al destierro de Sagunt, entre otras medidas. Aquel terrible asesinato que tanto dolor causó en la población en ningún momento se intuye en el relato de Barceló sobre la vida de J.P.B., donde repasa muchas otras cuestiones como sus estudios de Farmacia y servicio militar, su pertenencia a una familia "acomodada" de "fuertes comerciantes", su ordenación en 1951 y su marcha posterior a La Habana, Tegucigalpa y Nueva York.
"Trabajando de vicario en Port de Sagunt tuvo un problema muy grave", se limita a decir Barceló Morey respecto al escalofriante caso, para añadir inmediatamente después que J.P.B. lo "asumió con fortaleza y humildad". Su narración prosigue destacando a continuación: "Pasó 8 años retirado en Tangel, Alicante, y luego a Lérida en La Bordeta como vicario. Su larga vejez la pasó ayudando, hasta que tuvo que pasar a la residencia de Betania en Vallvidriera, donde falleció el 1 de mayo de 2002 a sus 85 años".
Precisamente, la noticia de que el religioso falleció en 2002 era la única que había trascendido públicamente en Sagunt sobre aquel hombre que tanto daño causó en la ciudad y en la propia vida religiosa del Port. En 2007 el caso volvió a la actualidad a raíz de una pintada de protesta en la iglesia, "en memoria del niño asesinado", que acabó en el juzgado y en una multa de 696 € a su autora, antigua vecina del pequeño.
Al conocer que este sacerdote había muerto, la hermana del monaguillo asesinado expresó entonces su "alivio, sobre todo por el riesgo de que pudiera hacerle lo mismo a otros niños".
Sin embargo, nunca hasta ahora se habían conocido más detalles de su vida posterior que Morey sitúa en Tangel, en Lleida y en un centro barcelonés gestionado por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Sólo se barajaba, como apuntaba la familia, que nunca llegó a cumplir los 17 años de condena.
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