A Deghayes, de 38 años, se le imputan delitos relacionados con el terrorismo y tendrá que comparecer hoy ante el tribunal de Westminster (centro de Londres), encargado de estos casos en el Reino Unido, agregaron las mismas fuentes.

Previamente a su detención por una "euro-orden" cursada por las autoridades españolas, el ciudadano libio fue puesto en libertad sin cargos, después de ser detenido ayer, a su llegada al Reino Unido, en virtud de las leyes antiterroristas británicas.

Deghayes se suma a otro de los residentes británicos liberados del centro de detención estadounidense en la isla de Cuba, el palestino Jamil Abdul Latif Al Banna, detenido también a petición de España, que lo reclama en relación con presuntos delitos terroristas.

Deghayes, Al Banna y el argelino Adennour Samuer llegaron el miércoles por la noche al aeropuerto de Luton tras ser liberados de Guantánamo, donde han permanecido recluidos varios años sin ser acusados ni sometidos a ningún juicio.

A su llegada al país, Deghayes y Samuer, de 34 años, fueron detenidos en aplicación de la Ley Antiterrorista del Reino Unido bajo sospecha de la comisión, preparación o instigación de actos de terrorismo.

Al Banna, de 45 años, fue retenido en principio por la policía británica y posteriormente detenido en respuesta a la orden europea de arresto de las autoridades españolas.

El palestino compareció hoy ante el tribunal de Westminster (centro de Londres), donde el magistrado Timothy Workman decretó su libertad bajo fianza de 50.000 libras (unos 69.500 euros).

Las autoridades estadounidenses habían acusado al palestino de financiar y reclutar miembros para Al Qaeda, al libio de asociación con esa red terrorista y al argelino de asistir a campos de entrenamiento de terroristas en Afganistán.

Los tres hombres llegaron en un vuelo chárter acompañados por agentes de la brigada antiterrorista de la Policía Metropolitana y un médico.

El Gobierno de Londres solicitó su liberación, junto a la de otros dos residentes británicos, en agosto pasado en lo que supuso un cambio de política con respecto a Guantánamo, dado que previamente se había negado a intervenir en casos que no afectasen directamente a ciudadanos británicos.

Los tres hombres, algunos de los cuales han vivido y trabajado en el Reino Unido durante décadas, tenían estatus de refugiados o permiso de residencia permanente o excepcional en este país antes de su arresto.