El mar se ha ensañado con La Habana y continuó golpeando ayer la franja costera y las zonas bajas de la ciudad, de donde fueron evacuadas decenas de miles de personas, con las marejadas causadas por el huracán Wilma y las pleamares.

Las marejadas levantadas por Wilma a su paso frente a las costas cubanas y las subidas de las mareas elevaron el nivel del mar y lo arrastraron cientos de metros tierra adentro.

El riesgo es mayor porque las penetraciones de las aguas marinas continuarán todavía durante horas y amenazan áreas de La Habana (2,2 millones de habitantes) donde cientos de edificios corren peligro de derrumbe. Más de 600.000 personas fueron evacuadas de zonas de riesgo y alrededor de 200.000 comenzaron ayer a regresar a sus viviendas en las áreas menos afectadas.

El azote del mar comenzó ayer de madrugada y en pocas horas el agua inundó las zonas bajas en los cinco municipios costeros de la capital cubana, incluidas algunas de sus principales avenidas, como la del Malecón, que amaneció completamente inundada.

El popular muro del Malecón, una de las mayores ventanas al mar del mundo, con sus nueve kilómetros de longitud, estaba totalmente cubierto por los trenes de olas que alcanzan hasta cinco metros de altura. "Dios mío, lo peor es que el agua sigue subiendo", exclamaba una cubana impactada por el espectáculo que ofrecía el Malecón.

Algunos turistas aventurados no pudieron evitar caer en la tentación de intentar conseguir la mejor foto de sus vacaciones, o al menos la más original, y se aproximaron al Malecón para tomar imágenes. "Es espectacular, si no lo veo no lo creo", decía hoy un turista español a punto de concluir sus vacaciones en Cuba.

Decenas de edificios quedaron aislados por el agua y en algunas zonas, como en la avenida de Línea, en el popular barrio de El Vedado, la policía y miembros de la Defensa Civil tuvieron que recurrir a vehículos anfibios y barcas para evacuar a los vecinos atrapados.

También los bomberos recorren algunas de las principales vías de la ciudad en barcas de remos para agilizar las evacuaciones y garantizar la seguridad.

Las autoridades insistían en llamar a la población para que extremase las medidas de precaución y obedeciera las órdenes de evacuación. La ciudad continuaba paralizada y sin luz, y decenas de miles de personas habían sido evacuadas y conducidas a lugares seguros.

"La lluvia y el viento ya no son un factor peligroso, ahora lo son las inundaciones, que no disminuirán hasta el final de la noche o la madrugada [de hoy]", dijo ayer el jefe del Centro de Pronósticos del Instituto de Metorología, José Rubiera.

En Miramar, cientos de personas salieron a la calle para salvar algunas pertenencias ante el avance del agua, desde colchones a televisores pasando por frigoríficos. "El agua no entraba así desde la Tormenta del Siglo", recordaba ayer una vecina de la zona, mientras intentaba poner a buen resguardo todo lo posible en su casa.

Los hoteles que las cadenas mallorquinas Barceló y RIU tienen en Cuba no sufrieron el impacto directo de Wilma. Estas empresas cuentan con un total de cinco establecimientos en el país, todos ellos en Varadero. "Aquí sólo hemos notado un poco de viento. Está todo tranquilo, aunque seguimos en alerta", aseguró ayer a este periódico la recepcionista de unos de estos hoteles.

La cadena Sol Meliá dispone de un total de 21 hoteles en Cuba, algunos de ellos en las zonas más afectadas por la lluvia y el viento de Wilma, como La Habana e Isla de la Juventud.