Volver al colegio cuando llegar a fin de mes ya es una asignatura difícil
Cerca de 67.000 niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad afrontan este curso con el acompañamiento de CaixaProinfancia, un programa que combina refuerzo educativo, atención psicológica y ayuda a las familias para intentar que la pobreza no determine también su trayectoria escolar.
Volver al colegio cuando llegar a fin de mes ya es una asignatura difícil
Cerca de 67.000 niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad afrontan este curso con el acompañamiento de CaixaProinfancia, un programa que combina refuerzo educativo, atención psicológica y ayuda a las familias para intentar que la pobreza no determine también su trayectoria escolar.
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Septiembre tiene algo de ritual: preparar las mochilas, las libretas, familias que recuperan horarios que durante el verano parecían suspendidos… Pero la vuelta al colegio no significa lo mismo en todos los hogares. Para algunas de estas familias, empezar el curso implica hacer números antes incluso de cruzar la puerta del aula. Una mochila, unos cuadernos, material escolar, actividades o simplemente garantizar una alimentación adecuada pueden convertirse en gastos difíciles de asumir cuando la economía familiar ya vive al límite.
En esa realidad se mueven este curso cerca de 67.000 niños, niñas y adolescentes atendidos por CaixaProinfancia, el programa de la Fundación ”la Caixa” destinado a familias en situación de vulnerabilidad. La mochila que reciben al comenzar las clases es probablemente su elemento más visible. Pero es apenas una pequeña parte de una intervención que se prolonga durante todo el año.
Mucho más que material escolar
El objetivo no es únicamente que un niño llegue al aula con lápices y cuadernos. El programa combina refuerzo educativo, atención psicológica y logopédica, actividades de ocio y talleres destinados a las familias. También contempla ayudas para necesidades básicas como alimentación, higiene infantil, gafas y audífonos. La lógica que hay detrás es sencilla: cuando las dificultades económicas entran en casa, rara vez se quedan fuera del colegio.
Pueden aparecer problemas para seguir el ritmo de la clase, dificultades emocionales, falta de espacios adecuados para estudiar o la imposibilidad de participar en actividades que para otros compañeros forman parte de la normalidad. Por eso, CaixaProinfancia plantea el acompañamiento desde distintas dimensiones de la vida del menor y no únicamente desde el rendimiento académico.
Con la llegada del nuevo curso, esa intervención se hace especialmente tangible mediante la entrega de kits escolares adaptados a las distintas etapas educativas, con mochila y material para el regreso a las aulas. “Queremos que todos los niños y niñas puedan empezar el curso con los recursos y el acompañamiento que necesitan para aprender y desarrollarse”, señala Marc Simón, subdirector general de la Fundación ”la Caixa”.
Detrás de esa frase hay una cuestión que trasciende la vuelta al cole: hasta qué punto las circunstancias económicas de una familia terminan condicionando las oportunidades educativas de sus hijos.
Cuando el código postal pesa en el expediente
En España, uno de cada tres menores se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, según los datos recogidos en el programa. La cifra permite entender por qué la desigualdad infantil no se limita a la renta disponible en un hogar. Se manifiesta también en las posibilidades de estudiar, relacionarse, participar en actividades extraescolares o disponer de apoyo cuando aparecen dificultades.
La educación es uno de los lugares donde esa brecha puede ensancharse, pero también uno de los espacios desde los que intentar reducirla. Los datos de CaixaProinfancia apuntan en esa dirección. Según los resultados del programa, el 84,7% de los jóvenes participantes obtiene el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), un porcentaje 2,6 puntos superior a la media nacional.
La cifra adquiere especial significado porque el abandono escolar puede convertirse en uno de los mecanismos que perpetúan la pobreza: menos formación suele implicar menos posibilidades laborales y, con ellas, mayores dificultades para escapar de la precariedad. Romper ese círculo requiere tiempo. Y también una red.
475 entidades para acompañar a una familia
CaixaProinfancia trabaja actualmente en 155 municipios de todas las comunidades autónomas, además de Ceuta y Melilla. Pero no lo hace sola. El programa se articula a través de una red de 475 entidades sociales que trabajan en coordinación con centros educativos y administraciones públicas.
Ese modelo permite que la ayuda no sea idéntica en todos los casos. Las necesidades de un niño con dificultades de aprendizaje pueden ser distintas de las de otro que atraviesa una situación emocional complicada o de una familia que necesita apoyo para cubrir gastos básicos. El acompañamiento intenta adaptarse a cada contexto.
El programa dispone de un presupuesto anual cercano a los 82 millones de euros y, desde su puesta en marcha en 2007, ha atendido a más de 400.000 niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Son cifras grandes para una realidad que, sin embargo, suele expresarse en escenas pequeñas.
“Ahora se siente más seguro en la escuela”
Una madre participante en el programa lo resume desde una experiencia mucho más cotidiana. Gracias al acompañamiento recibido, explica, su hijo ha podido acceder a actividades que hasta entonces quedaban fuera de las posibilidades económicas de la familia. Con el tiempo, asegura, ha ganado autoestima y se siente más seguro en el colegio. Ese cambio resulta difícil de medir con la precisión de una estadística, pero apunta a otra dimensión de la pobreza infantil: la sensación de quedarse al margen.
No poder hacer lo que hacen los compañeros, no disponer de los mismos recursos o percibir las dificultades económicas en casa puede acabar afectando también a la manera en la que un niño se relaciona consigo mismo y con los demás. Por eso los programas contra la pobreza infantil han ido ampliando su mirada. Ya no se trata únicamente de responder a una carencia económica concreta, sino de construir entornos capaces de sostener al menor durante una etapa decisiva de su desarrollo.
Una batalla que se libra mucho antes de la edad adulta
CaixaProinfancia forma parte de una estrategia social más amplia de la Fundación ”la Caixa”, que incluye las Convocatorias de Proyectos Sociales y el programa Más Infancia, cofinanciado con el Fondo Social Europeo. Durante 2026, la entidad prevé destinar más de 700 millones de euros a programas de transformación social.
Pero detrás de presupuestos, redes de entidades y porcentajes escolares permanece una pregunta más difícil de responder: cuánto puede determinar el futuro de una persona el hogar en el que nace. La pobreza infantil rara vez tiene una única consecuencia. Puede afectar a la alimentación, al bienestar emocional, a las relaciones familiares y, especialmente, a las oportunidades educativas.
De ahí que combatirla sea también una carrera contra el tiempo. Y es que cuando un niño abandona prematuramente los estudios, acumula años de dificultades o crece convencido de que determinadas oportunidades no están hechas para él, la desigualdad ya ha recorrido buena parte del camino. Por eso, quizá la imagen más significativa de este inicio de curso no sea la de una mochila nueva. Es la de un niño entrando en clase en condiciones un poco más parecidas a las de quien se sienta a su lado.
Porque, antes de que empiece la primera lección del curso, hay una asignatura que miles de familias llevan años intentando aprobar: que el lugar del que uno viene no decida hasta dónde puede llegar.