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El verano no tiene edad

Bill Clinton, 80, disertó sobre el Castell de Bellver

Bill Clinton, 80, disertó sobre el Castell de Bellver

Bill Clinton, 80, disertó sobre el Castell de Bellver / E. PRESS

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Matías Vallés

Matías Vallés

Bill Clinton cumplió ochenta años el pasado miércoles, lo cual significa que ha vivido 160 al contabilizar su voracidad. Fue el primer presidente negro de Estados Unidos, criado en una caravana dentro de una familia disfuncional. Es un intelectual de primera magnitud que se disfrazaba de populista. Nos descubrió el disimulo otro mallorquín de aluvión, Carlos Fuentes, tras escucharlo recitando fragmentos de Faulkner y Marco Aurelio en la Casa Blanca durante una cena junto a García Márquez y William Styron.

El recién octogenario ha visitado Mallorca en al menos tres ocasiones, es el último presidente estadounidense cautivado por la isla. La estancia más historiada transcurrió en 1997, acompañado por su esposa Hillary y su hija Chelsea. Se quedó literalmente extasiado ante la Catedral y el Castell de Bellver, donde disertó sobre el arte gótico. Su asombro en la imagen es real, a diferencia de la fascinación impostada o turística de tantos visitantes ilustres.

Bill Clinton, 80, disertó sobre el Castell de Bellver | LORENZO

Bill Clinton, 80, disertó sobre el Castell de Bellver / Lorenzo

En la colisión de carismas con Juan Carlos I en la isla, el norteamericano fue un claro ganador. Conservó su sangre fría mientras estaba acuciado por el escándalo de Monica Lewinsky, reconvertida hoy en una intelectual de primer nivel. Clinton volvería, para atender a una invitación con intervención incluida de Simón Pedro Barceló, y para alojarse en la casa de Cristina Macaya, mientras se buscaba acomodo para un séquito de 150 personas.

Clinton ha perdido su brillantez mercurial, se le notaba falto de inspiración en los actos de apoyo a Kamala Harris. Junto a Felipe González, es uno de los escasos políticos a quienes se disculpan las inconsistencias que en otros se llamarían traiciones. Los devaneos del líder Demócrata pagados por Jeffrey Epstein, otro mallorquín ocasional, han sellado un destino imposible de recorrer en solo ochenta años.

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