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La foto contada

El eclipse, el amor: elogio de lo incierto

LA FOTO CONTADA | El eclipse, el amor: elogio de lo incierto. Un grupo de personas hacen pruebas con los anteojos días antes del eclipse.

LA FOTO CONTADA | El eclipse, el amor: elogio de lo incierto. Un grupo de personas hacen pruebas con los anteojos días antes del eclipse. / Xisco Alario

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¿Cuántas personas se movilizarán en Mallorca para observar el eclipse solar del 12 de agosto a partir de las 20:30 horas por alrededor de dos minutos? No lo sabemos. Sin embargo, el dispositivo oficial diseñado para recibir este evento extraordinario asombra igual que el fenómeno astronómico, un privilegio que no volveremos a experimentar, como el tiempo que pasa. Lo cierto es que una lista larga y agotadora de cuidados, recomendaciones, protocolos, restricciones, suspensiones y advertencias pretenden contener y controlar el comportamiento de residentes y turistas.

Es llamativa la escasa invitación al disfrute, al goce estético de un prodigio del universo que se avecina. Entre tanta precaución y cautela, ha quedado poco espacio para estimular la posibilidad de habitar de forma vital la irrupción de lo inédito, de vivir un milagro, un espectáculo infrecuente y conmovedor, tan incierto como el amor, que ocurrirá en franjas muy delgadas del planeta.

El sesudo operativo preventivo desplegará a las fuerzas de seguridad en una movilización sin precedentes por tierra, mar y aire. El Ejército realizará labores de vigilancia y disuasión entre el 10 y el 14 de agosto con patrullas a pie y motorizadas en varios municipios; agentes de la Guardia Civil, Bomberos, Policía Nacional y Local se asentarán el miércoles en los accesos a la Serra de Tramuntana y en el litoral oeste y sur de la isla; también está previsto el despliegue de helicópteros y de drones, así como las embarcaciones del Servicio Marítimo; solo se permitirá el paso a residentes, vehículos de emergencia, transporte público, trabajadores, turistas con reservas de aparcamiento en hoteles y personas con reservas en restaurantes; para evitar aglomeraciones, la primera línea de la Platja de Palma quedará cerrada a las 8 de la mañana y los controles de tráfico comenzarán a las 12 del mediodía el día del eclipse; los controladores aéreos descartan cualquier incidencia. Además, inquieta cómo reaccionarán las aves; también opinan psicólogos, astrólogos, astrónomos, oftalmólogos y meteorólogos; preocupa la reacción de los niños, las mascotas, las abuelas y los abuelos; angustia si habrá civismo entre las barcas que disfruten en el mar; numerosos comercios de Palma prevén cerrar antes; los hospitales suspenden cirugías, incluso las oncológicas, para liberar camas.

Si todo va bien la luz se volverá extraña cuando la Luna oculte al Sol en pleno día en una alineación precisa y preciosa. Los eruditos sostienen que el Sol es 400 veces más grande que la Luna, pero se ubica 400 veces más lejos de la Tierra. Por eso, se verán del mismo tamaño desde nuestra perspectiva.

El fenómeno astronómico trastorna nuestras vidas, opera como un deslumbramiento. No sabemos qué pasará. Perturba, altera, desordena y modifica como la intensidad de un vínculo amoroso, una especie de salto al vacío: lo que aún no ha sido escrito está en espera, en el porvenir, en el paisaje de lo incierto, digno de riesgo. Por eso tampoco conviene en la pasión amorosa crear tantos protocolos y manuales de instrucciones para protegernos del estupor, sino alojar la posibilidad de caer en el espectáculo del amor y habitarlo al menos por un rato, algo más de lo que dura un eclipse.

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