Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Historias de verano

Michael Douglas se mudó a Mallorca por los eclipses de sol

La experiencia demuestra que el actor se mudó a la Mallorca donde conquistó a Catherine Zeta-Jones por los eclipses de sol, para disfrutar la desaparición del astro en exclusiva y a diario

El actor Michael Douglas.

El actor Michael Douglas. / EPC

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Matías Vallés

Matías Vallés

Palma

La entrevista avanzaba razonablemente bien. Michael Douglas se había sometido a una prospección casi odontológica en su carrera. La conversación transcurría en su mansión mallorquina de s’Estaca, enclavada en el término de Valldemossa, a su vez celebrado por la estancia de Federico Chopin y George Sand que casi acaba con la vida del compositor.

El actor rabiosamente hermético abría por primera vez las puertas de su retiro soñado a un periodista. Espolvoreaba titulares para rebajar el impacto de sus Oscars como actor (‘Wall Street’) y productor (‘Alguien voló sobre el nido del cuco’), de su inclusión entre las cincuenta personas más poderosas de Hollywood en todas las categorías confundidas. Ahí van algunas perlas:

  • “Ser actor no es una profesión muy seria”.
  • “Me encanta interpretar papeles que personalmente me repugnan”.
  • “Es duro trabajar con Kathleen Turner, pero alguien tiene que hacerlo”.
  • “Yo odiaba actuar, tenía miedo escénico”.

Y en efecto, la aversión a transmitir su imagen se traducía al nerviosismo ante la cámara del fotógrafo de prensa que hurgaba en sus gestos, un trauma incurable después de haber rodado más de veinte películas. El anfitrión había preparado incluso un tentempié para sus molestos huéspedes. Consistía en las galletas típicas llamadas ‘Quely’ en honor de Grace Kelly, otra habitual de la isla, untadas de sobrassada. Es una combinación irresistible, que el protagonista de ‘Instinto básico’ devoraba como si no hubiera mañana, mientras encarecía el manjar:

“¿Adicción al sexo? Cuando me descuido tengo adicción a la sobrassada”.

La ceremonia funcionaba a la perfección en el mejor de los mundos, porque no hay paisaje mallorquín o planetario que supere a la Serra de Tramuntana. Y de repente, el tinglado se hundió. Cuesta mostrarse fidedigno al referir un drama cursado en 1998, pero la crisis se desencadenó seguramente al plantearle al actor un drama digno de ‘Atracción fatal’:

“Una leyenda local muy difundida cuenta que usted se iba a acostar aquí en s’Estaca y se encontraba en su dormitorio a una dama mallorquina de la alta sociedad, que se le ofrecía tras haberse deslizado entre las sábanas al final de la fiesta multitudinaria de rigor”.

En efecto, un planteamiento excesivo que Douglas replicó como si rescatara su papel en ‘Un día de furia’. Se levantó bruscamente del sillón de mimbre donde se aposentaba, y partió raudo en dirección Oeste (la orientación está garantizada), poseído por una energía desafiante. Había llegado el momento de negociar con el hijo de Kirk Douglas, de pedir disculpas si se terciaba por la intromisión en la vida privada. Claro que primero había que localizar al expeditivo norteamericano, en una finca de un centenar de hectáreas con un caserón de matriz egipcia de otros mil metros cuadrados.

La pista era fácil, seguir hacia el Oeste hasta desembocar prácticamente en el mar. El actor se había esfumado porque, absorto en la descripción de su carácter al atardecer, casi se pierde la mejor puesta del sol del planeta (creo que ya se ha escrito aquí algo parecido). La estrella real y no hollywoodiense se disuelve en las aguas, como una pastilla de Redoxon Vitamina C en el vaso. Perdón por la metáfora, pero es un espectáculo indescriptible con palabras, así que mejor escatimarlas. Douglas estaba absolutamente ensimismado, adorando sin titubeos al Sol que se había comprado para enterrarlo a diario en el mar, parecía un fanático wagneriano en Bayreuth. La experiencia mística fue tan transformadora que, culminado el ceremonial oscureciente, retomó la pregunta que todavía no había contestado:

“¿De verdad? Es una buena historia, me gusta. Y ahora comprendo por qué ya nadie viene aquí a visitarme. La desconocía, ¿cómo era, hay una fiesta, y una mujer se me mete en la cama? Jajajá. Voy a confesarle algo. Esto ocurrió en otro lugar pero no en Mallorca, cuando yo era muy joven”.

Sexo aparte, la experiencia demuestra que Michael Douglas se mudó a la Mallorca donde conquistó a Catherine Zeta-Jones por los eclipses de sol, para disfrutar la desaparición del astro en exclusiva y a diario.

El colofón se sigue inmediato. El miércoles 12 de agosto, todos los dueños multimillonarios de fincas de la Serra de Tramuntana empezando por Richard Branson se concentrarán junto al mar como seres primitivos, para contemplar el atrevimiento de la Luna que les roba durante 96 segundos al Sol de su exclusiva propiedad. Nativos abstenerse.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Mallorca
  • famosos en Mallorca
Tracking Pixel Contents