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Catálisis

Letizia reinventa el veraneo

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Matías Vallés

Matías Vallés

Todo estaba inventado en la Mallorca estival, orientada hacia el mar. Entonces llegó Letizia, que odia con criterio razonable la playa, la vela, los bronceados y Puerto Portals. Sería injusto extender hoy su animadversión al conjunto de la isla, según se verá. Al entrar en contacto con el palacio de su suegro donde se había criado su esposo, la Reina asturiana ingresó en la estupefacción.

La perplejidad habitual que generan los indígenas entre los vecinos españoles fue seguida por un rechazo radical, cuando la antigua periodista aspiraba a que la realidad obedeciera sus criterios. Y como ocurre siempre con los fenicios mallorquines, la tercera fase del duelo fue la aceptación, darlos por imposibles haciéndolos posibles.

La esposa de Felipe VI pacta la recepción provinciana que odia íntima y profundamente, a cambio de montarse un festival de cine a su imagen y semejanza. Bardem bien vale una Mallorca. Y para confirmar esta nueva alianza, Letizia viste de Sybil·la, mi ángel despeinado, porque comparte la reinvención del veraneo mallorquín con la diseñadora de Deià.

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