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La marcha de la bronca

LA FOTO CONTADA | La marcha de la bronca: Un grupo de manifestantes se expresa en Palma contra la saturación turística el 26 de julio pasado

LA FOTO CONTADA | La marcha de la bronca: Un grupo de manifestantes se expresa en Palma contra la saturación turística el 26 de julio pasado / Xisco Alario / DM

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Hubo amor, música, hartazgo y un deseo colectivo de volver a habitar una Mallorca más amigable y vivible en la marcha de la bronca del 26 de julio pasado, que terminó con una actuación policial desmedida e inédita en la historia de Balears sin saberse hasta hoy quiénes fueron los responsables. Así fue como parejas con niños, estudiantes, trabajadores y organizaciones sociales se expresaron de forma pacífica para reclamar una vez más por el decrecimiento turístico en una comunidad autónoma al límite, que recibe 20 millones de visitantes al año en una geografía habitada por más de un millón de residentes.

«Hay que gestionar el éxito para no morir de éxito», expresó hace más de un mes la presidenta del Govern balear, Marga Prohens, en una entrevista interesante que se puede ver por YouTube realizada por Esperados Podcast, en la que no se abordó el precio de los alquileres para residentes y el salario de los trabajadores. Es notable el «hay que» desapegado, como si la primera dama balear estuviera en Campos en un bar con sus amigas, pinchando una croqueta frente a una caña espumosa.

Expresiones similares repite en el Parlament cuando interviene sobre saturación turística o se refiere al problema de la vivienda en estos años de evidente gestión exitosa que los habitantes no logramos incorporar, tan empecinados en habitar una realidad paralela negacionista con el deseo irresistible de manifestarse en verano y recibir cargas policiales en marchas cada vez más masivas. Prohens descree de que el alquiler turístico legal sea un problema «porque detrás hay muchísimas, miles de familias» que se benefician e indica que el 25% de la oferta turística se creó en las dos legislaturas de Francina Armengol, un total de «115.000 nuevas plazas». Está claro que su acceso al Consolat del Mar no se debió por las políticas acertadas del PSIB, pero prescindir de responsabilidad a menos de un año de terminar su mandato, que renovará en mayo de 2027, es un gesto impropio para una líder regional de un partido hegemónico. En vez de preocuparse, hay que ocuparse. Los preocupados son los que recibieron las cargas policiales, los que pudieron haberlas recibido. El mismo pecado repite con entusiasmo Jaime Martínez en Cort como si hubiera aterrizado la semana pasada en su escritorio. Culpar a la gestión anterior es un recurso aceptable y seductor que puede durar seis meses. A partir de junio del año próximo, el goloso argumento será extirpado del discurso oficial. No conviene tirarse un tiro en el pie. «Seguimos por el buen camino en un proceso largo de reconstrucción de Balears que comenzó en 2023», puede ser el próximo mantra.

Es evidente que la marcha de la bronca habita con claridad y lucidez este tiempo histórico atravesado por un contexto cada vez más insoportable que repercute en todos los aspectos de la vida. No conviene al Govern extraviar el termómetro del hartazgo social. «¿Qué es lo que sucede para que cada vez más residentes se sientan interpelados a participar de estos eventos?», es una pregunta razonable que debería interiorizar la gestión exitosa. Y de paso: ¿Por qué valdría la pena vivir en Balears en los próximos años? ¿Cuál es la promesa de futuro común que proyecta implementar el PP en la siguiente legislatura?

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