La foto contada
Ni una menos, ni una más

LA FOTO CONTADA | Ni una menos, ni una más. Una mujer camina sola por un callejón de Palma. / Xisco Alario
—¿Apareció?
— Sí. Muerta. Fue estrangulada y desmembrada en bolsas. El cadáver de Agostina tiene indicios de abuso sexual.
—Joder. Hijos de puta... ¿Quién ha sido?
— Un hombre que fue o es pareja de la madre. Eran cercanos, iban juntos a un club. Es un horror. Amiga, la estadística es brutal: cada 31 horas un varón en Argentina se convierte en femicida.
—¡Madre mía!
Lluc camina sola por el centro de Palma a la noche. Habla con Carla, su amiga que pronto la viene a visitar. Desde Buenos Aires, con un hilo de voz, le relata el femicidio de Agostina Vega, una adolescente de 14 años. Más de 3.000 hubo en el país sudamericano desde 2015, cuando comenzó el movimiento Ni una menos en junio, que en España se replicó por primera vez en noviembre de ese año.
—No sé, Lluc. La orfandad aterra. Más del 70% de los femicidios se producen en el espacio intrafamiliar. No hay que llamarlos monstruos o animales. Son hombres comunes y corrientes. Nada cambiará si los varones no participan de esta discusión. Da terror ser mujer en esta sociedad. Para colmo, la sospecha cae en la biografía de la víctima, en su modo de vestirse, en su familia. Encima a las feministas nos cuestionan los modos de manifestarnos, de organizarnos, deberían agradecer que no prendemos fuego todo. La virulencia del gobierno contra el feminismo y el colectivo LGTBI tiene sus efectos. Milei arrasó en un 90% el presupuesto destinado a todas las políticas vinculadas a la violencia de género.
—Ya, tía. Qué espanto, Carla. ¿Milei ha dicho algo?
—Cero. Es incapaz de pronunciar la palabra femicidio y torpe para articular dos ideas sencillas con un argumento mínimo. Como se fatiga muy rápido, enseguida escupe un lenguaje tosco y rudimentario, una metralleta de insultos que vomita odio y crueldad con un desprecio inusitado. ¿Qué tal todo por Mallorca?
— Vaya... ¿Qué puedo decir? Hace dos semanas le dieron prisión permanente a un hombre por asesinar a su suegra a patadas en Colonia Sant Jordi. En otro caso, la fiscalía pidió 30 años de cárcel a un joven por drogar y violar a una vecina menor de edad y, en otro, condenaron a dos hermanos por agresión sexual a otra chica en Inca. En 2025, en España, una mujer fue asesinada a manos de su pareja o expareja cada siete días. Y eso no termina aquí. El femicida a veces se suicida. Entonces crece la cantidad de niños huérfanos.
Carla le dice a Lluc que está yendo a la marcha Ni una menos. La concentración en Buenos Aires es en el Congreso Nacional, pero se replicará en las plazas de todo el país. Lluc escucha mientras avanza sola por un callejón silencioso. De repente tres hombres aparecen detrás de ella. Apura el paso y le cuenta a Carla la situación. Caminan pegados a su espalda cuatro calles, se desvían al Paseo Marítimo. Lluc llega a su piso.
—Carlita, se han ido. No te preocupes. Estoy en casa.
—¡Qué suerte!
—¡Qué horror!
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