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SIBO en pediatría: cuando las bacterias aparecen donde no deberían

Los niños con esta patología suelen presentar molestias digestivas bastante inespecíficas como la distensión de la barriga, la sensación de hinchazón, el exceso de gases o el dolor abdominal repetitivo

SIBO en pediatría: cuando  las bacterias aparecen donde  no deberían | INGIMAGE

SIBO en pediatría: cuando las bacterias aparecen donde no deberían | INGIMAGE

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Jorge Muñoz

Jorge Muñoz

Cada vez se habla más del SIBO, siglas en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth o sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado. Aunque durante años se consideró una entidad propia de adultos, hoy sabemos que también puede aparecer en niños y adolescentes, provocando síntomas digestivos que, en ocasiones, afectan de forma importante a su calidad de vida.

Nuestro intestino alberga miles de millones de bacterias beneficiosas que forman parte de la llamada microbiota intestinal. La mayor parte de estos microorganismos viven en el colon, donde desempeñan funciones esenciales relacionadas con la digestión, el sistema inmunitario y la producción de determinadas sustancias necesarias para el organismo.

En el SIBO ocurre algo diferente: bacterias que habitualmente se encuentran en el colon proliferan de forma excesiva en el intestino delgado, una zona donde su presencia debe ser mucho menor. Esto puede interferir en la digestión normal de los alimentos y generar diversos síntomas que ahora os cuento.

Los niños con SIBO suelen presentar molestias digestivas bastante inespecíficas como la distensión de la barriga, la sensación de hinchazón, el exceso de gases, el dolor abdominal repetitivo y las alteraciones del ritmo intestinal, que pueden aparecer como diarrea, diarreas explosivas, estreñimiento, una combinación de ambos. Algunos pacientes también refieren náuseas, sensación de plenitud tras comer pequeñas cantidades o cansancio asociado a los síntomas digestivos.

Una de las preguntas más habituales es por qué aparece el SIBO. La respuesta no siempre es sencilla. En algunos casos, existe una alteración de la motilidad intestinal que favorece la acumulación de bacterias. En otros, pueden influir enfermedades digestivas previas, intervenciones quirúrgicas, trastornos anatómicos o determinadas patologías crónicas, muy poco frecuente en niños. También se ha estudiado la posible relación entre tratamientos repetidos con antibióticos y alteraciones posteriores de la microbiota intestinal. Aunque el uso frecuente de antibióticos durante la infancia no es causa única de un SIBO, sí puede contribuir a modificar el equilibrio bacteriano y favorecer ciertas condiciones que, en algunos pacientes predispuestos, podrían aumentar el riesgo de desarrollarlo.

El diagnóstico suele realizarse mediante pruebas de aliento, conocidas como test de hidrógeno y metano espirados. Estas pruebas son sencillas, no invasivas y consisten en analizar los gases que el niño elimina al respirar tras la ingesta de una solución específica, generalmente lactulosa o glucosa. Un aumento precoz de determinados gases puede sugerir la existencia de un sobrecrecimiento bacteriano.

Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento suele combinar varias estrategias. En muchos casos se utilizan antibióticos específicos dirigidos a reducir el exceso de bacterias presentes en el intestino delgado.

La alimentación también desempeña un papel importante. Algunos niños experimentan una mejoría al reducir temporalmente el consumo de determinados hidratos de carbono fermentables, conocidos como FODMAP. Estos compuestos pueden ser utilizados por las bacterias para producir gases y favorecer la aparición de síntomas. Sin embargo, las dietas restrictivas deben realizarse siempre bajo supervisión profesional, especialmente en la edad pediátrica, para evitar déficits nutricionales y asegurar un adecuado crecimiento.

Afortunadamente, la mayoría de los niños evolucionan favorablemente con un diagnóstico correcto y un tratamiento individualizado. No obstante, es importante recordar que la presencia de gases, dolor abdominal o alteraciones del ritmo intestinal no significa automáticamente que exista un SIBO. Estos síntomas pueden aparecer en muchas enfermedades digestivas por lo que siempre es recomendable una valoración médica adecuada.

El creciente interés por la microbiota intestinal está permitiendo comprender mejor trastornos como el SIBO. A medida que avanzan las investigaciones, disponemos de más herramientas para diagnosticarlo y tratarlo, ayudando a que muchos niños recuperen su bienestar digestivo y, con ello, una mejor calidad de vida. n

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