Cuando lo que más importa a bordo de un avión es aquello que no se ve: así trabaja la tripulación de cabina
María Fuentes y Paloma Hung, tripulantes de cabina de pasajeros de Vueling con base en Palma, reivindican una profesión con más responsabilidad en seguridad o emergencias de lo que se piensa

María Fuentes, sobrecargo de cabina de Vueling.
Eduard Palomares
Hay profesiones que surgen de un sueño infantil, de una vocación que se va fortaleciendo con el paso de los años hasta convertirse en una realidad. Y si se tuviera que seleccionar algún trabajo soñado, pasarse el día viajando entre las nubes sería seguramente uno de ellos. Aunque en lenguaje adulto se podría traducir más bien como ejercer de tripulante de cabina de pasajeros (TCP), un oficio que celebró el domingo 31 de mayo su día internacional y que, a pesar de que cualquier viajero podía describir sus funciones, sigue siendo más desconocido de lo que parece.
Así lo reivindican María Fuentes y Paloma Hung, dos de las casi 3.000 tripulantes de cabina que tiene Vueling, ambas con base en Palma y una vocación compartida. “Desde pequeña quería trabajar de esto y sigo disfrutando muchísimo, no me cuesta levantarme a las cuatro de la mañana para ir al aeropuerto. Es un trabajo que tiene que gustarte, porque no tienes rutinas fijas, pero a mí me encanta viajar y conocer gente distinta cada día”, explica Fuentes, que forma parte de la compañía desde el 2012 y que actualmente ejerce de sobrecargo de cabina. Es decir, que coordina con un equipo de hasta cuatro tripulantes y con los pilotos, además de gestionar los embarques para estar listos a la hora estipulada.
Empatía con el pasajero
Más neófita es Hung, que debutó hace apenas un año en la profesión de la mano de Vueling, pero que también hace tiempo que sueña con ella: “Con diez años hice mi primer vuelo sola, desde Namibia hasta España, porque parte de mi familia vivía aquí. Me fijé mucho en las tripulantes, en cómo trabajaban, qué hacían, cómo me cuidaron… Eso me marcó y, desde entonces, cada vez que subía a un avión pensaba que yo quería dedicarme a aquello”.

Paloma Hung, tripulante de cabina de pasajeros de Vueling. / /
La vocación, explican, es importante para adaptarse a un oficio sin horarios ni destinos fijos, pero sobre todo para aportar aquello que va más allá de las rutinas y protocolos. “La educación, la empatía y la cercanía son muy importantes”, señalan.
La seguridad, prioritaria
Tanto María Fuentes y Paloma Hung aseguran que están encantadas con una profesión que, eso sí, es más completa de lo que a veces se reconoce. En este sentido, explican que su labor va mucho más allá de dar la bienvenida con una sonrisa o servir los refrigerios, sobre todo a nivel de seguridad. Para empezar, todos los TCP de Vueling reciben una formación específica en este ámbito, así como un entrenamiento continuo sobre las aeronaves concretas con las que operan y los distintos procedimientos a seguir, tanto en operación normal —así es como se denominan los procedimientos habituales en aviación— como en situaciones de emergencia.
«Recibimos un entrenamiento continuo sobre procedimientos a seguir a bordo»
“Antes de cada vuelo, los pilotos y la tripulación de cabina efectuamos un briefing conjunto, en el que repasamos información del trayecto, meteorología, posibles turbulencias, tipo de pasajeros que llevamos a bordo o cualquier circunstancia especial. Después realizamos los registros de seguridad y chequeo de material de emergencia asignado a cada tripulante. Todo está muy estructurado y protocolizado y, además, estamos entrenados para reaccionar rápido y de manera coordinada en el caso de cualquier emergencia”, detalla Fuentes que, como sobrecargo, asigna a cada compañero una zona del avión y unas responsabilidades. “Trabajamos como un equipo, y debemos comunicarnos constantemente y apoyarnos mutuamente”, añade.
La prioridad debe ser siempre la seguridad y el bienestar de todas las personas en el avión, y para ello es vital que sean capaces de detectar situaciones que puedan convertirse en un problema, realizar controles periódicos e incluso practicar primeros auxilios. Pero a este conocimiento técnico, le añaden algo fundamental cuando se comparte el vuelo con alrededor de 180 pasajeros: el toque humano. “Yo siempre digo que los tripulantes somos un poco psicólogos… tenemos muchas responsabilidades y aprendemos muchísimo de las personas. Hay pasajeros que quieren hablar, otros que prefieren ir completamente a lo suyo, algunos que necesitan ayuda aunque no la pidan… Vas desarrollando mucho esa capacidad de leer cada una de las situaciones”, comenta Hung.
"Atender una emergencia te hace ver la importancia de nuestra labor"
Vuelos memorables
Cuatro vuelos y unos 800 pasajeros por jornada, dan para muchas situaciones, algunas de las cuales se quedan grabadas para siempre. Por ejemplo, Paloma Hung recuerda ese trayecto en que se produjo la primera urgencia médica que atendió. “Me hizo darme cuenta todavía más de la importancia que tiene nuestro trabajo”, apunta. María Fuentes explica que le alegran los vuelos con personas mayores que viajan con el Imserso. “Son muy educados, respetuosos y agradecidos, con muchas historias que contar”.
Y también rememora ese trayecto en el que un “conocido deportista” viajaba en el asiento situado junto al ala, con la copa que acababa de ganar. “Como allí se encuentra una salida de emergencia no se puede llevar equipaje, así que tuve que guardársela durante el vuelo, y la verdad es que me hizo mucha ilusión”. Tanto ella como el resto de TCP de Vueling merecerían, sin duda, recibir un trofeo en cada vuelo.
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