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El descenso tan temido

Un barco avanza por el Mediterráneo desde el puerto de Palma

Un barco avanza por el Mediterráneo desde el puerto de Palma / Xisco Alario

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Juan Ignacio Orúe

Juan Ignacio Orúe

-¿Hacia dónde vamos? -pregunta Catalina, la mirada al cielo, tumbada boca arriba en la cubierta del barco, la copa de vino vacía.

-A un lugar donde podamos desarrollar un proyecto de vida y alentar a un equipo en Primera División- responde Paco en el silencio de la noche, sentado con las piernas cruzadas junto a ella.

-No es mala la propuesta- dice Catalina, agitando la copa en el aire.

Paco sonríe, le sirve más, apoya la botella en el suelo. Enciende un cigarrillo.

-En la isla no podemos quedarnos. Eso está claro. Se viene el verano, la histeria, los precios por las nubes, las nóminas por el suelo, un sinfín de ciclistas por todos lados. Encima el Mallorca descendió. Ni trato de entenderlo. Espero que el Baleares nos sorprenda con una alegría. A ver, Cata, ¿Cuál es tu propuesta?

-Seguir viajando, Paco, con actitud vital. Está claro que no podemos quedarnos. Descendimos.

-¿Entonces?

Necesitamos reinventarnos, buscar nuevos horizontes, otros jugadores, un equipo que enamore, que desborde por los costados de local y visitante, que juegue al fútbol. Templanza, actitud, dar tres pases seguidos. La vida es un barco más o menos bonito. ¿De qué sirve sujetarla? Siempre tuvimos la visión de vivir sin amarras. Fluir, fluir y fluir.

-Estoy de acuerdo. Pensemos un sitio con tradición y jerarquía. Necesitamos un lugar con pasión por el fútbol. ¿Quieres ir a Buenos Aires?

-Es un poco lejos, ¿no?- sonríe Cata.

Paco la abraza. Se quedan en silencio un rato. El barco atraviesa el mar calmo de olas suaves.

-¿Tienes la esperanza de ascender el próximo campeonato?- pregunta él mirando el cielo estrellado.

-¿Hablas del Mallorca?... No sé. La esperanza tiene buena prensa, pero no me gusta. Es el motor secreto de nuestros renunciamientos. Entre todos los venenos destilados por la consciencia, quizás sea el más temible. El lento y meticuloso trabajo de la neurosis con sus compromisos infernales no es nada sin la esperanza.

-Bueno, bueno...No sé si he entendido, pero suena lindo- dice Paco sorprendido.

-Elogio del riesgo, de Anne Dufourmantelle, librazo.

-¿Te acuerdas cuando el Mallorca estaba en Primera en la época dorada? Llenábamos el campo con el equipo de Cúper. La isla era toda para nosotros, había mesa libre en los restaurantes, no había filas en la panadería. Divertirse era barato. Nadie hablaba de atascos en el túnel de Sóller. Con un trabajo alquilaba mi pisito. ¿Quieres que siga?

-No hace falta, Paco. Aburres, hombre. Los tiempos cambian. ¡La época dorada, la época dorada! Ahora dirás: todo tiempo pasado fue mejor.

-Todo tiempo pasado fue mejor.

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