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Intrusos en el autobús

Una chica en un autobús de Palma

Una chica en un autobús de Palma / DM

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Redacción

-Perdona… ¿qué haces?

-Escribo sobre ti.

-¿Y a ti te parece?

-Bueno, no lo sé. No me parece ni bien ni mal. No lo veo en esos términos. Simplemente, es mi trabajo.

La chica rubia de pelo corto da vuelta la cara, abraza una mochila negra, la aprieta sobre su pecho. Sentada en un asiento doble del autobús semivacío, frena la conversación y mira hacia la derecha. El bullicio de la calle entra por la ventana, se mezcla con el ronquido suave y musical del cubano de sombrero blanco, que ataja su panza con las manos entrelazadas.

-Es que mi compañero acaba de hacerte una foto y tengo que escribir sobre eso. No te enfades. Me quedo un rato nomás.

-¿De quién hablas?

-Tranquila…. Tranquila...Tú comenzaste a hablarme. Digo que mi compañero hizo un retrato precioso de ti y tengo que escribir sobre eso. No te preocupes.

-Estoy tranquila, no necesito que me calmes. No me preocupa la foto de tu compañero. Muy guapo, por cierto. Me preocupa tu texto.

-¿Quieres que te pase su móvil?

La chica rubia se muerde los labios, baja la mirada, niega con la cabeza. El 35 avanza por Avenidas hacia el Paseo Marítimo.

-A ver, Javier Marías, ¿qué has escrito?

- Poco. Tengo una estructura general, pero no me convence. El eje del relato es muy endeble. No logro encajar los párrafos...

-¡Venga, hombre!

-Escribí: «Si la belleza fuera delito, la chica rubia de pelo corto estaría condenada a cadena perpetua».

-Antiguo, cutre y vulgar. Pulgar para abajo y carita de espanto. Vaya palurdo...¿podrías escribir algo más sugerente, elegante, refinado?

-Lo que sigue te agradará. Lo tengo estudiado, no falla nunca. Escribí: «La chica rubia de pelo corto se inclina hacia adelante, le duele la espalda de cargar con tanta belleza».

-Y yo pensaba que mi cuñado era un zumbado....

-Ya está. Si me siento a tu lado, podría escribir: «Y yo te siento temblar junto a mí como una luna en el agua».

-Me gusta, pero no estoy temblando. No me haces ni cosquillas.

-Aún no me he sentado.

-¿No estamos hablando del texto?

-Hay veces que la realidad y la ficción se mezclan.

-A ver, Javiercito, ¿cómo termina esto?

-Me quedan pocas líneas. Puede ser algo así: «El día que me quieras no habrá más que armonía, endulzará sus cuerdas el pájaro cantor, florecerá la vida, no existirá el dolor». ¿Qué te parece?

-Me parece mejor apuntar el móvil de tu compañero.

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