Transición de género
Viajar hasta Barcelona para que se cumpla la ley trans aragonesa: "Si tiene que operarse de nuevo, prefiere morirse"
Teresa, una joven trans aragonesa de 22 años, encadena complicaciones tras una colovaginoplastia y denuncia, junto a su familia, el calvario de tener que viajar a la capital catalana para recibir una atención que la ley aragonesa reconoce que tendría que darse con proximidad

Bandera trans en una imagen de archivo. / Stephanie Keith
Iván Trigo
Teresa es una joven aragonesa que está pasando por un auténtico calvario. Su nombre real no es ese, pero prefiere mantenerse en el anonimato. Tiene 22 años y es una chica trans. Hace unos meses se sometió a una cirugía de reasignación de sexo, una colovaginoplastia, para seguir su proceso de transición. Ya se había operado los pechos y todo iba bien, pero esta última intervención no fue como se esperaba. Desde entonces ha tenido que ser operada en varias ocasiones obligándole a desplazarse en cada una de las visitas médicas hasta Barcelona, puesto que en Aragón no se ofrecen este tipo de servicios. Las operaciones sí las cubre la Seguridad Social pero derivan los casos a una clínica de la capital catalana. "Ella no puede más. Si tiene que volver a pasar por quirófano prefiere morirse. Han sido cinco veces en seis meses", dice su madre con crudeza.
Ante la situación que está padeciendo esta familia, esta madre ha solicitado al Gobierno de Aragón amparo al calor del artículo 13 de la ley Trans autonómica, aprobada en 2018, que establece el derecho de las personas trans a "ser atendidas en proximidad sin sufrir desplazamientos y gastos innecesarios, así como a solicitar la derivación voluntaria a los centros de atención especializada pertinentes a su tratamiento dentro de la comunidad autónoma de Aragón".
En este sentido, presentaron una queja ante el Salud y la respuesta fue sincera: el sistema público trata de dar cumplimiento a la ley pero todo acaba dependiendo de las "limitaciones presupuestarias y de la disponibilidad de suelo quirúrgico". Fuentes de Sanidad concretan además a este diario que este tipo de operaciones son poco habituales y resultan complejas, por lo que se conciertan con profesionales que cuentan con experiencia, y no son tantos en España. "En el caso de Aragón, los ciudadanos que requieren de estos tratamientos son derivados a Cataluña. En los últimos diez años ha habido 72 derivaciones ", apuntan estas mismas fuentes.
"Una familia con suerte"
Pero claro, como en tantos otros casos, la frialdad de las cifras contrasta con la realidad de las personas. Desde la primera operación de Teresa han tenido que acudir a revisiones y cirugías urgentes a Barcelona por problemas derivados de la intervención. Medio año de aquí para allá y, a pesar de todo, esta madre sabe que su hija podría haber tenido mucha peor fortuna. "Al final nosotros somos una familia con suerte porque tenemos capacidad económica para afrontar este proceso", explica. En septiembre, cuando operaron a Teresa por primera vez, tuvieron que pegarse 15 días en Barcelona.
"Solo en dormir fueron 1.500 euros. Y súmale desayunos, comidas y cenas, claro", detalla. El Salud ofrece ayudas para estos desplazamientos, pero resultan totalmente insuficientes, han llegado a reconocerle a esta familia. "Nosotros no hemos recibido nada pero da igual, no es dinero lo que quiero. Hay una ley que no se cumple. Nosotros podemos pero habrá muchas familias que no. Ellas (las mujeres trans) sufren muchísimo como para que además ahora se las demonice.Primero tienen que contar con apoyo familiar, luego ser muy fuertes mentalmente y, además, poder pagar", relata.
Así, Teresa cuenta con la suerte, si puede llamarse suerte a lo que tendría que darse por descontado, de haber reunido los factores para poder transicionar y ser lo que siempre ha sabido que era. "Ella lo ha tenido muy claro siempre. A los 12 años ya lo sabía. Poco antes de que cumpliera los 18 comenzamos con el proceso. Bastó con una consulta al endocrino y otra en psiquiatría para contar con el informe que le permitía comenzar con el proceso quirúrgico", rememora la madre. Y aquí comenzó un largo y tortuoso camino que cada vez se hace más cuesta arriba, con viajes constantes a Barcelona para ser atendida de urgencia.
El camino se tuerce
Ese camino comenzó el 8 de octubre de 2021 cuando se presentó el mencionado informe de psiquiatría al endocrino por la disforia de género. Entonces entró en lista de espera para operarse del pecho y hacerse una colovaginoplastia para confeccionar una cavidad vaginal profunda con un segmento de colon.
A los dos años y medio todavía no habían tenido ni la primera cita médica de cara a observar a Teresa antes de la operación así que los pechos se los operó con un cirujano zaragozano en una clínica privada aquí en la capital aragonesa. Un médico, denuncia la madre de Teresa, que también trabaja en el Servet pero que no realiza este tipo de intervenciones en la Sanidad pública por falta de espacios y consignación.
Cuando estaba recuperándose de su operación de pecho le llamaron de Barcelona. Había quedado un hueco libre. Se operó de la colovaginoplastia el día 23 de septiembre de 2025. Vuelven a la Ciudad Condal el día 27 de octubre a la primera revisión. A los pocos días Teresa notó que algo no iba bien y volvieron a ponerse en contacto con Barcelona porque aquí en Zaragoza nadie le podía ayudar. Les recibieron "de urgencia" el 15 de diciembre y solicitan permiso a la DGA para poder operarla por una estenosis vaginal pero no hubo respuesta hasta el 20 de enero.
Urgencias
Antes, el 30 de diciembre, tras una exploración a petición suya al mismo cirujano que le operó del pecho en Zaragoza, la dejaron ingresada al comprobar que el orificio vaginal se está cerrando.
La cosa siguió sin ir bien y el 30 de marzo, hace pocos días, tuvieron que volver a Barcelona. Días antes habían acudido a las urgencias ginecológicas del Servet, pero prefirieron "no hacer nada", critica esta madre, por desconocimiento sobre su caso. El 1 de abril les llamaron de nuevo del hospital zaragozano para que se presentasen a una revisión en Zaragoza, "que es donde desde el principio deberían de haber hecho el seguimiento, no solo por el coste del desplazamiento para las familias sino por la rapidez con la que se podrían ver las posibles complicaciones", advierte la mujer. Ahora saben que, por la última explicación que les han dado, podría tratarse de un fallo médico pero hasta este momento han pasado muchos días, muy sufridos, cientos de kilómetros y un artículo de una ley que se cumple de forma muy extraña
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