La foto contada
El lado oscuro de Paloma

LA FOTO CONTADA | El lado oscuro de Paloma: Una paloma cubre parte de la luna. / Xisco Alario
Menuda pájara, Paloma. Ave de vuelo corto, sin perspectiva, pura comodidad y pereza. Un poco envidiosa también. En este tiempo de casi alunizajes, de titulares pomposos e hiperbólicos con destellos de meteoros, polvo lunar, futuro cósmico, orina congelada, probables extraterrestres, cenas flotantes en estado de microgravedad, humanitos brutos e irresponsables amenazando con destruir civilizaciones y animales de tres cabezas, ella, muy fresca, decide cubrir una parte de la luna sobre un cable a cinco metros del suelo en Mallorca. Menuda pájara, Paloma.
Pájaro de vuelo raso, Paloma. Conformista. Al lado de Artemis II es una avecita insignificante, una minúscula estrellita tenue en el espacio inmenso, una gota en el mar del universo. Molestita, llama la atención por su carencia. Destaca por su precariedad. Desde su altura de poca monta ni sospecha qué es el Síndrome de Adaptación Espacial, que suele durar tres días con náuseas, mareos, desorientación y dolores de cabeza.
Menuda sinvergüenza, Paloma. Se interpone entre Xisco Alario y la luna. Es porfiada y tenaz, como una flor que se asoma entre capas de nieve. Se conforma con robar pedazos de bocadillos en es Trenc - me contó un amigo - cuando los turistas y locales se distraen, felices y despreocupados, saltando olitas, mojando sus cuerpecitos pálidos y posando en Instagram para la eternidad. Quiere ser buitre, pero no le da ni para gaviota. Menuda sinvergüenza, Paloma.
A esta altura del texto creo que no merece esta imagen del compañero Alario - es muy buena - ni este comentario olvidable. Pero hay que trabajar y llenar la nevera con algo. Volvamos a Paloma, a su insignificancia, a su ignorancia supina. El mundo atraviesa un salto cualitativo desde todo punto de vista y la muy pájara no se entera. Los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al colega de la Agencia Espacial Canadiense, Jeremy Hansen, no cogieron un TIB para comer sobrasada en Santa Margalida, sino que viajaron a 400.000 kilómetros del planeta en la nave Orión, en el periplo humano más lejos de la historia, donde disfrutaron de galletitas con crema, macarrones con queso y golosinas, entre otros manjares terrícolas.
Todo esta movida intergaláctica, de gente flotando con el váter roto y otros inconvenientes menores, se armó para visitar, conocer e investigar a la cara oculta de la luna. Koch suavizó el discurso racional con una intervención poética ante semejante belleza inédita y deslumbrante. «Una esponja de luz», la definió, entre tanto trabajo científico, mediciones y documentación de cráteres.
No era para menos. Siglos y siglos de poetas, músicos, enamorados, borrachines tristones, loquitos lindos y artistas le hablaron, cantaron y la dibujaron sin verla de tan cerquita. Pero a su aire, y muy oronda, Paloma la cubre a pocos metros del suelo, porque sí, porque le da la gana, tan tranquila y zen. A ver si se deja de molestar y encuentra un palomo. O dos. Menuda pájara, esta Paloma.
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