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Hoy no me puedo levantar, crónica social de Mallorca

…y la Luna

Pendientes de la misión Artemis II, ha habido ocasión de inaugurar las pasarelas del Club de Mar, de despedir muy cálidamente a José Luis Santafé y afrontar los retos de los ayuntamientos en el Foro Municipalismo

Mientras la NASA ultimaba los preparativos de la Artemis II para enviar a cuatro valientes a orbitar la Luna, aquí en Mallorca nos enfrentábamos a una odisea igualmente desafiante. La primera inauguración de terraza de la temporada había llegado, y con ella, el momento de verdad.

Cualquier veterana de la misión zapatilla-y-mojito sabe de lo que hablamos. Cruzar el umbral del local de moda un sábado de abril requiere más entrenamiento psicológico que pilotar la cápsula Orion. La NASA tiene escudo térmico. Nosotras tenemos autobronceador caducado y las mejores intenciones.

El efecto Cheetos es real y no distingue a nadie. Prometieron beso de sol y nos dieron abrazo de tigre. Las manos naranjas no mienten. El invierno se ha pasado bajo un fluorescente, no en una hamaca de Illetes, y la luz de abril no perdona.

Pero ahí estuvimos, con color o sin él, al pie del cañón. Porque eso es lo que hacemos cada semana, contarles todo lo que ha ocurrido en la vida social de Mallorca, con piernas de queso de Burgos y la cabeza bien alta. La Artemis II solo estará fuera diez días. Nosotras estamos todo el año.

Nuevas pasarelas del Club de Mar

Hay cosas que cuando llegan te preguntas cómo las aguantaste tanto tiempo sin tener. Las pasarelas del Club de Mar son una de ellas. Cruzarlas por primera vez tiene algo de revelación tranquila, de esas que no hacen ruido pero que lo cambian todo.

Durante años, el Paseo Marítimo fue una promesa a medias. El mar estaba ahí, los barcos también, pero el peatón siempre sobraba un poco. Ahora no. Quien camina entre mástiles y cubiertas de teca es el protagonista, y el recorrido fluye sin interrupciones ni rodeos.

Palma llevaba décadas prometiendo abrirse al Mediterráneo. Estas pasarelas son, por fin, la respuesta.

Homenaje

Hay despedidas que se miden por el protocolo y otras que se miden por el abrazo. La comida homenaje a José Luis Santafé, Jefe Superior de la Policía Nacional, fue de las segundas. El Hotel Nixe se quedó pequeño para los más de 300 asistentes que quisieron acompañar a una figura que ha sabido maridar autoridad y empatía como pocos.

Lo de Santafé no fue una despedida sectorial. Fue un quién es quién de la sociedad mallorquina, con autoridades civiles, militares, jueces y empresarios coincidiendo en el mismo diagnóstico: se marcha un profesional, pero se queda un referente.

Entre brindis y guiños cómplices, Palma le despidió con los honores de quien cumple y, además, cae bien. Misión cumplida, Jefe.

Donde los municipios debaten

El Club Diario de Mallorca volvió a ser ese territorio neutral donde la gestión pública baja a la tierra y se debate sin banderas. El Foro Municipalismo reunió entre cafés de media mañana y carpetas llenas de planos a alcaldes y técnicos que saben que un bache en una calle de pueblo duele más que cualquier crisis en el telediario.

No hubo solo ponencias. Hubo conversaciones de verdad sobre vivienda, movilidad y sostenibilidad. Sobre digitalizar ayuntamientos y atraer talento joven. Retos que, curiosamente, son los mismos para todos, independientemente del color político.

Lo más bonito del día fue ver cómo la gestión une lo que la ideología separa. El futuro de Balears también se escribe aquí.

Exposición de banderas

El Castillo de San Carlos guardaba una tarde un ambiente distinto al habitual. La inauguración de Banderas Históricas de España reunió a un grupo de asistentes que recorrió las estancias del recinto con más calma de la que suele verse en estos actos. El teniente Jorge Coronado fue el encargado de abrir la velada con una introducción que enganchó desde el primer momento, y después, casi sin pausa, se convirtió en el guía de la tarde, llevando al público de emblema en emblema con una soltura que hizo que la historia sonara cercana y no como lección. Una forma de pasar una tarde de abril que, desde luego, da para más de una conversación posterior.

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