La foto contada
Hogar, dulce hogar

LA FOTO CONTADA | Hogar, dulce hogar: Una mujer contempla la obra del escultor Dennis Oppenheim en el Paseo Mallorca / Xisco Alario
Un adelantado el escultor Dennis Oppenheim (1938-2011). Un innovador en el arte conceptual del siglo XX. «Podría decir que anticipó con ironía la desgracia en Mallorca», piensa Laura con malicia, mientras guarda en el bolso, el nuevo libro de la escritora Llucia Ramis que aborda su experiencia sufriente de inquilina eterna a lo largo de tres décadas.
Curiosa la obra de Oppenheim a pasos de Es Baluard. Una iglesia invertida. Irrumpe con sorpresa en el espacio público donde los viandantes como Laura pasean sus alegrías, sueños y esperanzas, arrastran penas, temores y nostalgias.
Es natural que los niños la disfruten, la señalen azorados, la toquen mirando a sus padres, sonriendo, pegando saltitos. Y enseguida llega la foto con la casa capgirada, la casa volteada. Es que parece una casa vacía, sin vida, que expulsa. Y Laura la mira con bronca, con odio, en este día difícil. Le duele el estómago por la falta de vivienda, el alquiler por las nubes, la nómina por el suelo, la hipoteca imposible. A veces, como le dice su psicólogo, se regodea en el dolor, recuerda, con el libro de Ramis por la mitad y perseguida con sigilo por Xisco Alario, en busca de la mejor imagen en la tarde preciosa que se muere cuando Laura contempla la iglesia invertida, la casa patas arriba. Entonces, en ese instante, vuelven como martillazos las palabras del psicólogo. Ella niega con la cabeza. «Soy tremenda», dice entre dientes, rendida, como aceptando el diagnóstico. La casa dada la vuelta del genial Dennis le recuerda su vida precaria de trabajadora en blanco que arrastra su alma por una habitación sin ventana en un piso compartido con tres insoportables. La mira de pie, sin moverse, de frente, desafiándola, y siente que la casa boca abajo de Oppenheim, esa que los niños disfrutan, la expulsa a la calle con el IRPF al día, a la incertidumbre constante.
Uno camina por las callecitas angostas del centro de Palma hasta el Paseo Mallorca como Laura y se encuentra con esta escultura, frente a la biblioteca de Can Sales, en la Porta de Santa Catalina.
Para algunos viandantes es un placer visual hallar a la iglesia invertida, la casa patas arriba. Siempre ofrece un inicio de conversación, la posibilidad de comenzar un diálogo entre dos que se desplazan en silencio.
Se trata de la réplica de una escultura que Oppenheim creó en los años 60. Todos advertimos su extrañeza, su graciosa singularidad.
Lo cierto es que Laura salió tarde de la oficina. Decidió volver por otro camino, distraerse mirando tiendas inaccesibles, alternando paisajes ajardinados y terminó atravesando la obra del artista con su nueva lectura muy avanzada, que no para de recomendar a sus amigos inquilinos.
Cree que por la noche terminará el libro en su cuarto, mientras sus compañeros de piso cocinan por separado regodeándose en el dolor del hogar, dulce hogar.
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