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Espacio Jorge El Pediatra

Este fin de semana…¡cambio de hora!

Los niños tienen un sistema biológico muy sensible a los ritmos circadianos, es decir, a los ciclos de luz y oscuridad que regulan funciones como el sueño, el apetito o el estado de ánimo

Este fin de semana…¡cambio de hora! | INGIMAGE

Este fin de semana…¡cambio de hora! | INGIMAGE

Jorge Muñoz

Jorge Muñoz

El cambio de hora es una práctica habitual en muchos países, pero no por ello deja de tener impacto en nuestra salud, especialmente en los más pequeños. Los niños, sobre todo en sus primeros años de vida, tienen un sistema biológico muy sensible a los ritmos circadianos, es decir, a los ciclos de luz y oscuridad que regulan funciones tan importantes como el sueño, el apetito o el estado de ánimo.

Cuando adelantamos o retrasamos el reloj una hora, estamos alterando de forma brusca ese «reloj interno». En los adultos, esta adaptación suele ser rápida, pero en los niños puede tardar varios días, e incluso una o dos semanas en algunos casos. Durante este periodo, es frecuente observar cambios en su comportamiento: mayor irritabilidad, dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos o un descanso menos reparador. También puede afectar a su rendimiento escolar, a su capacidad de atención e incluso a su apetito.

Los más pequeños, como los lactantes y preescolares, son especialmente vulnerables porque dependen en gran medida de rutinas estables para regularse. Un cambio en los horarios puede desorganizar su día a día, generando una sensación de desconcierto que se traduce en malestar. En niños más mayores, aunque la adaptación suele ser algo mejor, también pueden aparecer signos de cansancio, somnolencia diurna o dificultades para concentrarse.

¿Qué podemos hacer las familias para minimizar este impacto? La clave está en la anticipación y en el respeto de los ritmos del niño. Una de las estrategias más útiles es realizar un ajuste progresivo de los horarios unos días antes del cambio. Adelantar o retrasar las rutinas (hora de la cena, baño y sueño) en intervalos de 10-15 minutos puede facilitar una transición mucho más suave.

La exposición a la luz natural juega un papel fundamental. Favorecer actividades al aire libre durante el día ayuda a reajustar el reloj biológico, especialmente por la mañana. Del mismo modo, es importante reducir la exposición a pantallas en las horas previas al sueño, ya que la luz azul interfiere en la producción de melatonina, la hormona que induce el descanso.

Mantener rutinas predecibles es otro pilar esencial. Los niños necesitan seguridad, y esta se construye a través de hábitos repetidos: una cena tranquila, un cuento antes de dormir, un ambiente relajado. Evitar sobrecargas de actividad durante estos días también puede ayudar a que el niño no llegue excesivamente estimulado a la hora de acostarse.

Por último, es importante transmitir calma. Los niños perciben el estado emocional de los adultos, por lo que acompañar este proceso con paciencia y comprensión es fundamental. El cambio de hora es transitorio, y con pequeñas medidas podemos ayudar a que su impacto sea mínimo.

En definitiva, aunque el cambio de hora puede alterar temporalmente el bienestar de los niños, una buena planificación y el respeto a sus ritmos naturales permiten una adaptación más rápida y saludable. Escucharles, observarles y acompañarles sigue siendo, como siempre, la mejor herramienta.

Así que, disfruten de este cambio horario que tantos adeptos tiene, y si puede ser, en familia y amigos.

Para cualquier consulta médica de pediatría nos tenéis en Espacio Jorge el pediatra por Whatsapp en el 667719202.

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