Tribunales
Dos geógrafos declaran a la jueza de la dana que "con dos neuronas y conocimiento del territorio era suficiente para prever lo que iba a pasar"
El catedrático Alejandro Pérez Cuevas y Rafael Armengot Serrano señalan que en la riada del Turia de 1957 "con más de una hora de tiempo, el alguacil municipal avisó en Catarroja para que la gente se fuera a las partes más altas"

Alejandro Pérez Cuevas y Rafael Armengot Serrano, esta mañana, antes de declarar ante la jueza de la dana como peritos. / Laura Ballester
La causa de la dana que investiga las 230 muertes que produjeron las barrancadas y riadas del 29 de octubre de 2024 retoma hoy las declaraciones de testigos, que han estado en pausa desde el 5 de marzo (no así las de víctimas y el trabajo interno del juzgado que ha continuado durante todo el mes de marzo). Ante la magistrada del Tribunal de Instancia 3 de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, comparecen el catedrático de Geografía, Alejandro Pérez Cuevas y el doctor en geografía Rafael Armengot Serrano, autores de tres estudios sobre las precipitaciones y caudales en las tres cuencas -río Turia, barranco del Poyo y el río Magro- epicentros del desastre 29 de octubre.
Ambos geógrafos han sido categóricos en su comparecencia como peritos ante la jueza, el fiscal y las acusaciones y defensas de la dana. “Hacen falta tres neuronas, conocer los procesos meteorológicos e hidrológicos, conocer el territorio y tomar decisiones. Con la información real que había era suficiente para prever lo que iba a pasar”, han asegurado.
La imprevisión de lo que iba a suceder o el supuesto apagón informativo que alegan los dos acusados queda descartada por ambos especialistas. “Con los imputs que tenían era impepinable que iba a ocurrir algo. Estaban en alerta roja de manera continuada y se hicieron las predicciones por parte de Aemet en el Cecopi. Era previsible que una segunda riada se produjera”, han explicado, en referencia a los dos episodios de lluvias torrenciales que se vivieron el 29 de octubre de 2024.
También han citado un ejemplo claro de cómo se actuó en otros episodios de lluvias y riadas, con menos medios de alerta. “En 1957 el alguacil municipal, con más de una hora de tiempo avisó en Catarroja para que la gente se fuera a las partes más altas. Ahora ha habido una actuación más torpe para avisar a la población. Con toda la información que había se podía saber que iba a pasar algo grave. Entre las 15.00 a 18.00 iba a ser lo peor a efectos pluviómetricos”.
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