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8M - Día Internacional de la Mujer

Las cocineras añaden un extra de "sensibilidad" a los fogones

Marga Coll, de Miceli, Irene Martínez, de Nus, y Ariadna Salvador, de Ninumá, reflexionan sobre micromachismos en el sector, referentes femeninos y el ingrediente propio de las chefs en el Día Internacional de la Mujer

La chef Irene Martínez, al frente del restaurante Nus, y la pastelera Ariadna Salvador, dueña de Ninumá

La chef Irene Martínez, al frente del restaurante Nus, y la pastelera Ariadna Salvador, dueña de Ninumá / Nus / Chefs(in)

Raquel Galán

Raquel Galán

Palma

Cuando Irene Martínez abrió el restaurante Nus hace cuatro años, en diversas ocasiones escuchó a sus clientes decir: «Mira, ese es el chef», en referencia al segundo de cocina.

«Yo estaba al lado, pero si ven a un tiarrón junto a una mujer bajita y que parece jovencita dan por hecho que el chef es él. Ni se les pasaba por la cabeza que fuese yo la que estaba al mando. Esta clase de cosas ocurren», explica quien ha obtenido varios galardones y se ha labrado un nombre en Santa Catalina.

«Los micromachismos están a la orden del día en el sector, sobre todo si trabajas de cara al público», confirma la pastelera Ariadna Salvador, al frente de la empresa Ninumá, que el 18 de abril inaugurará obrador propio en la zona de Blanquerna.

A ella le ocurrió en numerosas ocasiones cuando era la socia de Clandestí Taller Gastronòmic con Pau Navarro. «En el momento de explicar los platos, muy a menudo te decían: ‘¿esto lo has hecho tú?’, preguntando con retintín, como si yo fuese incapaz. También había muchos comentarios que daban a entender que el propietario era él y a veces tenía que remarcarles que también era la dueña», recuerda.

En su nueva etapa empresarial y con una trayectoria reconocida, no ha sufrido discriminación por ser mujer, a diferencia de Martínez al abrir su restaurante, pero pronto puso las cosas en su sitio.

«Tal vez por mi forma de ser humilde, mi aspecto juvenil y ver que era una mujer sola como responsable del negocio, más de uno se creyó que podría aprovechar esta situación, aunque tengo carácter y Nus es mi restaurante, por lo que este tipo de personas ya no están aquí».

La chef Marga Coll, en el mercado de Inca escogiendo ingredientes para su restaurante

La chef Marga Coll, en el mercado de Inca escogiendo ingredientes para su restaurante / Miceli

Sociedad matriarcal

En Selva se ubica el prestigioso Miceli, liderado por Marga Coll, un establecimiento familiar ubicado en la casa donde vivió de niña y en la que aprendió los secretos de los fogones con la cocinera Rosari.

Coll no ha sentido discriminación en su carrera, excepto «una experiencia regular casi en los inicios con un jefe de cocina alemán» que limitó su trabajo al cuarto de los platos fríos «pensando que no estaría tan capacitada como él».

No obstante, remarca que «las mallorquinas somos fuertes y no nos dejamos pisotear. Vivimos en una sociedad matriarcal y tal vez por ello hay numerosas mujeres cocineras al frente de negocios si comparamos con la península», según destaca.

De hecho, uno de sus referentes siempre fue «Antònia Cantallops, de Can Amer, la madre de Tomeu Torrens. Es más conocido que ella, pero Antònia era la jefa de cocina y un fenómeno. Esta puede que sea una diferencia entre hombres y mujeres, que ellos suelen tener más protagonismo», apunta.

Antes de su proyecto propio, Irene Martínez trabajó con dos chefs muy mediáticos y reputados, Dabiz Muñoz, con tres estrellas Michelin, y el mallorquín Santi Taura, que luce una.

Referentes

Del primero aprendió «sobre todo a tener una gran disciplina a la hora de llevar un restaurante, algo básico para el negocio», y con el dueño de Dins buceó en las características de la cocina mallorquina.

«Me sentí muy identificada con él porque su madre fue su primer referente en la cocina», dice quien tuvo como ejemplos a su abuela paterna, que era cocinera, su madre y sus tías, «todas siempre entre fogones», además de su madrina.

En cambio, Ariadna Salvador no tuvo modelos a seguir hasta que decidió estudiar pastelería, ya que sus comienzos fueron como aficionada. «Aunque los principales referentes en este mundo son masculinos, durante los últimos años han despuntado muchas mujeres pasteleras que son increíbles, como Janice Wong y en España expertas como Ester Roelas, Cristina Garsua y Betina Montagne», enumera.

Conciliación

Ella montó Ninumá «pensando en poder conciliar el trabajo con la maternidad de un niño pequeño. Los horarios en la restauración eran imposibles y me empezaron a llamar para pedirme postres para eventos, hoteles y producciones externas, por lo que vi un nicho y me lancé a montar mi empresa".

"Los primeros años fueron muy duros, ya que tras acostar al peque y dormir un rato, me levantaba de madrugada para hacer bombones antes de despertarle a la mañana siguiente», ejemplifica.

Tanto ella como Marga Coll, madre de gemelos, ya mayores, son conscientes de «la diferencia atávica entre hombres y mujeres a la hora de criar y cuidar. Al final lo que buscas en la restauración, tal como señala la propia palabra, es salir restaurado. Eso las mujeres lo entendemos perfectamente y es lo que pretendemos ofrecer», indica Salvador.

De hecho, el eslogan del restaurante de Irene Martínez es ‘un lugar donde la mesa es hogar’. «En cierto modo remite al cuidado que pones cuando cocinas para la familia y los amigos, y creo que las mujeres tenemos una sensibilidad especial en este aspecto».

La chef de Miceli lo corrobora y añade que «se da en la forma de cocinar y de presentar los platos y en el trato con el equipo y clientes. Está claro que somos distintos, pero no unos mejores que otros», concluye.

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