Hoy no me puedo levantar, crónica social de Mallorca
Cuaresma siglo XXI
El final de etapa de la Challenge Ciclista se combina con un selecto y distendido ‘brunch’ en el paseo Marítimo
El RCD Mallorca Business Club celebra una jornada sobre marketing
La antigua fábrica Can Melis se convierte en un club de ‘wellness’

Aurora, Biel Llobera y Xavi Bonet. / Murphy Brown
Llega el Miércoles de Ceniza y con él ese momento del año en el que todos nos convertimos en personas súper disciplinadas. O al menos lo intentamos.
Antes la cosa estaba clarísima. Si el bicho tenía patas, los viernes no se comía. Así de fácil. Los pescaderos se frotaban las manos, el bacalao reinaba en todas las cocinas y los garbanzos con espinacas hacían su aparición estelar para dividir hogares enteros. Había quien los adoraba y quien prefería pasar hambre antes que hincarles el tenedor.
Pero eso era antes. Ahora, con medio mundo haciéndose vegetariano por salud, por ética o directamente porque el solomillo cuesta un riñón, lo de no comer carne un viernes ya no impresiona a nadie.
Y aquí viene lo bueno. La penitencia se ha reinventado por completo. Los valientes de verdad ya no renuncian a la hamburguesa, sino a TikTok. Algunos prometen no abrir hilos de peleas en X y no faltan los más tradicionales que juran dejar el café, aunque esa promesa suele durar exactamente hasta media mañana del primer jueves.
La realidad es que la Cuaresma en 2026 se ha transformado en un detox total. Menos pantallas, menos cotilleos, menos compras impulsivas a golpe de clic. Porque seamos francos, hoy resistirse a una oferta relámpago en Amazon requiere mucha más fuerza de voluntad que decirle que no a un cordero asado.
Así que ya sabéis, queridos lectores. Tanto si os preparáis con un buen plato de lentejas como si vuestro gran reto es bloquear Instagram durante cuarenta días, el objetivo es el mismo: llegar a Pascua un pelín menos estresados, obtener un bálsamo para el alma y salir un poquito más humanos.
Pero todos quietos, que nosotros no vamos a hacer ‘vigilia’ de vuestra crónica social favorita. Así que, ¡vamos allá!
Ciclismo de altura
La Garden Hotels-Challenge Ciclista a Mallorca ha vuelto a confirmar que aquí sabemos combinar deporte de élite con celebración a la mallorquina. La edición 2026 ha cerrado con un final de etapa que estrenaba escenario de lujo, el renovado Paseo Marítimo de Palma. Entre el brillo del asfalto recién inaugurado y el azul intenso de la bahía, el pelotón internacional voló sobre un circuito diseñado para postal, demostrando que nuestra isla no tiene rival en estética mediterránea.
Mientras los ciclistas se dejaban las piernas en el sprint final, el verdadero podio de la jornada estaba en la carpa de Garden Hotels. El patrocinador principal sabe perfectamente que el ciclismo se disfruta mucho mejor con copa en mano y buena compañía. El ambiente no pudo ser más selecto y distendido. Allí se citaron amigos, personalidades y VIPs para disfrutar de un brunch de esos que te hacen olvidar que el resto del mundo cuenta calorías.
Ver llegar a los corredores a escasos metros mientras se comenta la jugada entre delicias gastronómicas eleva la Challenge a otra categoría. Garden Hotels no solo patrocina una carrera, ejerce de anfitrión impecable convirtiendo la meta en punto de encuentro donde espíritu deportivo y hospitalidad mallorquina se funden. Un cierre de edición sencillamente redondo que confirma por qué esta prueba se ha ganado su sitio en el calendario ciclista internacional.
Deporte, emoción y estrategia
El evento ‘Marketing que conecta: territorio, datos y emoción’ ha vuelto a demostrar que el RCD Mallorca Business Club va mucho más allá del fútbol. Celebrado en el Estadi Mallorca Son Moix, la jornada reunió al tejido empresarial de la isla para hablar de cómo las marcas pueden crear vínculos auténticos con su público.
La propuesta fue sencilla pero potente. Utilizar el territorio y la identidad local como valor diferencial en un mercado globalizado. Porque, seamos sinceros, en tiempos donde todo parece homogéneo, nuestra marca ha de ser la diferencia.
El encuentro puso sobre la mesa el equilibrio perfecto entre razón y sentimiento. Los datos nos ayudan a entender al consumidor, a saber qué quiere y cuándo lo quiere. Pero es la emoción la que realmente fideliza. Representantes del club y expertos en marketing explicaron que el RCD Mallorca funciona como plataforma de conexión emocional que las empresas pueden aprovechar para humanizar sus mensajes.
Un espacio donde el sentimiento de pertenencia se convierte en motor económico y donde las empresas descubren que vender no va solo de productos, va de hacer comunidad.
Reinventando el concepto de cuidarse
Inca tiene un nuevo rincón donde mimar cuerpo y mente. Bella Hora, el flamante club de wellness que acaba de aterrizar en la antigua fábrica de Can Melis, promete darle la vuelta al clásico «voy al gimnasio» y convertirlo en toda una experiencia.
Más de un centenar de rostros conocidos del panorama social, empresarial e institucional se dieron cita en la inauguración, que contó también con la presencia del alcalde, Virgilio Moreno. Y es que el proyecto de Caterina Vilaire, CEO del club, ha despertado muchísima expectación.
No es para menos. Hablamos de más de 1.600 metros cuadrados con una estética impecable, tecnología de última generación y un enfoque que va mucho más allá de las pesas y las cintas. Aquí cada socio recibe asesoramiento personalizado de profesionales para diseñar su propio plan, ya sea en grupo o de forma individual, trabajando cuerpo, mente y emociones.
La recuperación de un edificio con tanta historia para transformarlo en este refugio del bienestar ha sido todo un regalo para la ciudad. Bella Hora llega con ganas de crear comunidad y de recordarnos algo importante, cuidarse no es un lujo, es el mejor hábito que podemos regalarnos cada día.
Nueva temporada de arte
El Hotel Saratoga ha vuelto a vestirse de arte. Con Inma Bianchi al frente de la organización, el emblemático hotel palmesano inauguró su nueva temporada de exposiciones con dos nombres que prometen dar mucho que hablar.
En la planta superior, Ernesto Rodríguez Nogueira, afincado en Mallorca desde 1999, desplegó un festival de color que saltaba de los lienzos a las esculturas. Sus célebres ‘muchedumbres’, esas pequeñas figuras humanas que trepan y descienden sin descanso, compartieron espacio con piezas de cerámica y obras tridimensionales que confirman por qué este artista, formado junto a Joan Riera Ferrari, se ha convertido en uno de los creadores más activos de la escena balear.
En el salón inferior, la madrileña Teresa Ruiz de Lobera, licenciada en Falmouth y con una trayectoria que la ha llevado hasta la selva amazónica, propone un viaje hacia dentro. Su pintura, a medio camino entre la figura y la abstracción, construye mapas emocionales con títulos tan evocadores como Verde que sueña o Territorio azul. Un recorrido íntimo donde gesto y color cuentan lo que las palabras no alcanzan.
Dos miradas muy distintas, un mismo escenario y una cita imprescindible para los amantes del arte en Palma.
Cal y textos
El Casal Solleric se llenó de arte y de público. Más de 60 personas esperaron pacientemente su turno para descubrir Lo tengo en la punta de la lengua, la nueva exposición de Eva Lootz que ya puede visitarse en la segunda planta del espacio, hasta el próximo mes de abril.
La inauguración, presidida por el alcalde, Jaime Martínez Llabrés, sirvió para presentar un proyecto comisariado por Piedad Solans y Fernando Gómez de la Cuesta que invita a mirar el arte desde otro lugar. Y es que Lootz, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1994, lleva décadas construyendo un lenguaje artístico único donde la naturaleza y lo industrial mantienen una conversación fascinante.
En esta ocasión, la protagonista absoluta es la cal, ese material tan arraigado a la tradición mallorquina. Con él, la artista ha creado dos piezas inéditas, Lengua de cal y Que cada dolor diga su nombre, que se entrelazan con textos, figuras de cuerdas e intervenciones sonoras en lenguas casi extinguidas. Una muestra que invita a pararse, escuchar y sentir. Imprescindible en el panorama expositivo de la ciudad.
Color y emoción
La sala Skylight del Hotel Artmadams se quedó pequeña para acoger la gran cantidad de personas que se acercaron a arropar a la artista Margarita Oliver en la inauguración de su exposición, una velada cargada de cariño donde no faltaron amigos, admiradores e incluso su profesora de pintura.
Y es que la historia de Margarita engancha. Empezó a pintar hace apenas tres años, cuando un problema de salud la llevó a buscar refugio en los pinceles. Lo que nació como terapia se ha convertido en un universo pictórico lleno de fuerza, luz y optimismo que conecta al instante con quien se planta delante de sus cuadros.
La muestra, que puede visitarse hasta el 20 de febrero, reúne una selección de obras donde el color estalla en cada lienzo y la energía positiva se respira en cada rincón de la sala. Para Margarita, exponer en el Artmadams era un sueño largamente acariciado que por fin se ha hecho realidad. Un marco contemporáneo y una artista con una historia que inspira. Combinación ganadora.
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