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Hoy no me puedo levantar, crónica social de Mallorca

Visca Sant Antoni i Sant Sebastià

En sa Pobla se consideran los inventores del fuego, mientras Pollença desafía la lógica con su pino engrasado y Muro combina devoción y fiesta con precisión. Palma, por su parte, se convierte en una barbacoa gigante

Palma

Si hay algo que nos identifica a los mallorquines, además de nuestra habilidad para decir «sí» mientras pensamos «ni hablar», es nuestra pasión por convertirnos en expertos incendiarios cada enero.

Seamos sinceros, el invierno aquí no es para esquiar ni para maravillarse con la nieve en la Serra. Es para que el aroma a chamusquina y sobrasada torrada se convierta en nuestro perfume oficial.

Todo arranca con Sant Antoni, ese santo ermitaño rodeado de animales que se ha transformado en la excusa perfecta para que media isla entre en competición identitaria. Cada pueblo proclama tener los mejores Santantoniers, el demonio más aterrador y las hogueras más espectaculares. En sa Pobla se consideran los inventores del fuego, mientras Pollença desafía la lógica con su tradicional pino engrasado. Y Muro combina devoción y fiesta con precisión de relojero suizo.

Cuando el hígado pide clemencia y la ropa se perfuma a humo de forma permanente, Palma toma el relevo con Sant Sebastià. La capital se convierte en una barbacoa gigante donde urbanitas, heavies y señoras con perlas comparten parrilla callejera.

Eso nos une como isla, esa catarsis colectiva de quemar nuestras penas, saltar hogueras y fingir que el vino de garrafa es cosa fina. Entre demonios, santos y hogueras, lo único cierto es que en Mallorca no celebramos el invierno, sino que lo quemamos. Y mientras esperamos que la primavera llegue pronto y nos pille con la barriga llena, te contamos todo lo que ha ocurrido esta semana en los eventos previos a estas fiestas que marcan nuestra agenda de enero.

Una noche de celebración

El Palacio de Congresos de Palma se vistió de gala el pasado jueves para celebrar lo mejor del golf balear. Cerca de trescientas personas, entre deportistas, directivos, patrocinadores y autoridades, se reunieron en los Premios del Golf 2025, una cita que cada año reconoce el esfuerzo y el talento de quienes hacen grande este deporte en las islas.

La presidenta del Govern, Marga Prohens, y el alcalde de Palma, Jaime Martínez, arroparon con su presencia una velada llena de emoción. Entre los campeones homenajeados brillaron Zoe Zavoralova y Teo Senoglu, nuevos campeones absolutos de Baleares, y Toni Ferrer, rey entre los profesionales.

El momento más entrañable llegó con el homenaje a Gonzaga Escauriaza, presidente de honor de la Real Federación Española de Golf, reconocido por su apoyo incondicional al golf balear. La noche cerró con fotos, aplausos y un cóctel que supo a victoria compartida

Confraries Sant Sebastià

Lo que ha ocurrido en Palma en los últimos años no lo vio venir ni el más optimista de los sociólogos. De repente, como si alguien hubiera abierto una espita de identidad largamente contenida, la ciudad ha estallado en un fervor colectivo que ha transformado al santo mártir en el centro de un orgullo que antes casi nos daba vergüenza mostrar.

El movimiento de las Confraries ha sido el detonante de este despertar identitario, logrando lo imposible, que el palmesano deje de mirar con envidia hacia los pueblos en fiestas para reivindicar que aquí también sabemos lo que es el sentimiento de pertenencia.

Este éxito no es fruto de un decreto municipal, sino de una reconquista del espacio público por parte de la gente, especialmente de una juventud que ha decidido que ser llonguet es algo que llevar con orgullo. Las Confraries han inyectado humor y frescura a unas celebraciones que corrían el riesgo de volverse puramente institucionales. Se ha pasado de una fiesta de «ir a ver qué hay» a una fiesta de «ser parte de algo», donde el espíritu de la hermandad ha calado hondo.

Hoy, Sant Sebastià no es solo una fecha en el calendario, es un estado mental. Palma ha recuperado su alma de pueblo grande, esa conexión humana que se pierde entre el tráfico diario, demostrando que nos une la convicción de sabernos parte de una misma tribu.

La edad no importa

La Casa del Libro se llenó de vida y optimismo con la presentación de La edad no importa, el nuevo libro de la doctora Carmen Romero. Acompañada por Toni Nadal, la autora compartió con unas 40 personas entre amigos y admiradores su visión renovadora sobre el proceso de envejecer.

La Doctora Romero plantea un método científico que invita a cuidar la salud de forma integral, atendiendo tanto al cuerpo como a la mente. Su propuesta desafía la idea de que el envejecimiento sea un camino sin retorno hacia el deterioro, apostando en cambio por una actitud proactiva y consciente.

Durante el encuentro, la doctora explicó con cercanía cómo pequeños cambios en nuestros hábitos diarios pueden marcar una gran diferencia en nuestra calidad de vida. No se trata de negar el paso del tiempo, sino de vivirlo con plenitud y dignidad.

La presencia de Toni Nadal aportó una perspectiva adicional sobre la importancia de la disciplina y el cuidado personal, valores que también defiende en el deporte de élite. El público siguió con atención cada intervención, tomando nota de consejos prácticos para aplicar desde el primer día. Una tarde inspiradora que dejó claro que la edad puede ser solo un número si sabemos cómo cuidarnos.

Un santo que atraviesa los siglos

El Museo de Mallorca volvió a reunir a los amantes del arte para descubrir los secretos que esconde una talla gótica flamenca del siglo XV. Esta vez, el protagonista fue San Sebastián, y quien desentrañó su historia fue Sebastià Mascaró, historiador, comisario y mediador cultural que guió al público en un viaje fascinante desde la Edad Media hasta nuestros días.

La escultura en madera policromada, que llegó al museo en los años setenta gracias al arquitecto Gabriel Alomar, sirvió de punto de partida para explorar cómo ha evolucionado la representación del santo. Mascaró explicó con pasión cómo San Sebastián pasó de vestir como soldado romano a mostrarse desnudo y atlético en el Renacimiento, hasta convertirse en símbolo de deseo y homoerotismo en el siglo XX.

El recorrido incluyó referencias a Guido Reni, Van Dyck, García Lorca, Yukio Mishima, Derek Jarman y creadores contemporáneos como Bernardí Roig, demostrando que este mito sigue vivo y hablándonos de identidad y libertad.

Xerratòrum

Veinticinco años de trayectoria artística son muchos años, y Joan Carles Bestard lo sabe bien. Su alter ego más querido, Madò Pereta, ha recorrido un largo camino que ahora se plasma en las páginas de Madò Pereta. 25 anys de xerratòrum, un libro presentado en la librería Agapea de Palma junto a Javier Matesanz.

Bestard compartió con cariño el contenido de esta obra publicada por la editorial Órbita, que reúne reflexiones sobre la identidad mallorquina con ese toque irónico tan característico. Desde las neules hasta la invasión del Halloween, pasando por la Semana Santa local, la Fira del Ram o la peregrinación a Lluc, el libro defiende lo nuestro con descaro y sin complejos.

El actor no se guardó nada al revelar detalles de la vida de su personaje más emblemático, quien trabajó limpiando en Marivent y se casó con un militar por pragmatismo económico. Pero lo más importante llegó cuando Bestard reivindicó la autenticidad de su creación frente a los estereotipos. Esta madona no pretende encajar en moldes ajenos, es única e irrepetible.

La presentación contó con el apoyo de una treintena de amigos y admiradores, entre ellos Jaime Martínez, alcalde de Palma, que no quisieron perderse este homenaje a un cuarto de siglo de xerratòrum mallorquín.

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