La foto contada
Un mar de inquilinos desahuciados

Un mar de inquilinos desahuciados / Xisco Alario
La noche inolvidable en la que Callejeros dio su último concierto en la discoteca Piso Kompartido de Felanitx, Manolo y Gabi llegaron en la caravana donde viven tan a gusto sin baño como dos adolescentes.
Una especie de procesión, larga y jocosa, alteró la vida del pueblo desde la mañana temprano. Algunos comerciantes, asustados y prevenidos, bajaron las persianas y escondieron su dinero apenas vislumbraron el aluvión a lo lejos.
Parejas besándose en las esquinas, botellas de vino que iban y venían y neveritas con cervezas y bocatas se multiplicaron en las plazas, donde a lo largo del día las canciones del mítico grupo se escucharon hasta el hartazgo en la previa de la misa final tras 25 años de trayectoria.
—¿Desde dónde has venido? ¿Cuál es tu disco preferido de Callejeros? — preguntó la cronista de IB3 a un joven que tocaba la guitarra debajo de un árbol.
—Soy del principado de Santa Margalida— respondió riendo sin quitarse las gafas oscuras—. El mejor disco es Un mar de inquilinos desahuciados. Me gustan todas las canciones. Pero si tengo que elegir me quedo con
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y
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—Yo prefiero Abuso policial cuando la canta Fulgencio y En un hotel de mil estrellas con el solo de guitarra de Marga— intervino la novia masticando un pedazo de sobrasada.
Entretanto, Manolo y Gabi aparcaron su casa a varias calles de Piso Kompartido. Abrazados y exultantes, se metieron más tarde en la marea humana que no paraba de corear los versos de Pobre en la caravana. Dentro de la discoteca se encontraron con amigos y recordaron conciertos épicos hasta que de repente se apagaron las luces. «Ca-lle-jeros, Ca-lle-jeros», agitó el público enfervorizado cuando poco a poco Fulgencio (voz y bajo), Marga (guitarra y voz), Jaime (teclados) y Llorenç (batería) pisaron el escenario.
—¡Buenas noches, Felanitx!, ¡Buenas noches, inquilinos! ¡La fiesta del desahucio está por comenzar! — gritó Fulgencio con el micrófono en la mano.
Así, la banda de punk balear ofreció un set potente y frenético. Propiedad privada, Ricos pero honrados y Tu casa no es tu casa fueron el puntapié inicial que encendió al público. Una serie de éxitos, como El rock del sobreviviente y el tan celebrado Abuso policial, generó un clima festivo, que luego entró en una zona más calma, con matices y colores, por la participación de Gabriel (percusión) y Manuela (saxo) a la hora de interpretar la balada Tu porra en mi piel, que emocionó a todos.
Más clásicos retomaron la senda del punk duro hasta que Fulgencio avisó que llegaba el último tema.
—Querides amigues— dijo, moderno—. Antes de irnos queremos invitar a una gloria del rock balear.
Entonces una luz desde el escenario iluminó a Gabi.
—¡Ven, Gabi! — invitó Marga con la guitarra en alto.
Gabi sonrió, demoró su respuesta, al final se negó, pero, agradecido, juntó las manos y dibujó un corazón en el aire. «No subo ni loco», le dijo al oído a Manolo. Y enseguida comenzaron los acordes de Síndrome de Estocolmo y Piso Kompartido estalló de felicidad en aquella noche histórica y reivindicativa.
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