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Desayunar fuera en Mallorca y pagar 7,50 euros: la cuenta que ha encendido las redes

Un usuario de Threads comparte el precio de un bocadillo y un botellín de agua en un bar de Lloseta y abre un debate sobre el coste de la vida en la isla: "Nos tratan como guiris"

Imagen de archivo de bares y restaurantes en Mallorca.

Imagen de archivo de bares y restaurantes en Mallorca. / B. Ramón

Palma

El precio de los desayunos en Mallorca vuelve a estar en el centro de la conversación digital. En esta ocasión, ha sido la experiencia de un usuario de Threads la que ha generado sorpresa tras pagar 7,50 euros por un bocadillo de pollo con queso y un botellín de agua en un bar de un pueblo de la isla.

El cliente, que calificó el importe como desproporcionado, compartió su queja en redes sociales con un mensaje contundente en el que denunciaba lo que consideraba un precio fuera de lugar para un desayuno sencillo. Su publicación no tardó en acumular decenas de respuestas.

Mientras muchos usuarios coincidían en que la cifra era excesiva, otros defendían que el precio depende del establecimiento y de la zona, y reprochaban al afectado no haber elegido mejor dónde desayunar. En una de sus respuestas, el propio internauta aclaró que el bar se encontraba en Lloseta, un detalle que para algunos reforzaba la idea de que se trataba de un coste elevado al tratarse de un bar de pueblo.

Un debate sobre el coste de la vida para los residentes de Mallorca

El debate se fue intensificando a medida que los comentarios se multiplicaban. Algunos aseguraban que por unos cinco euros es posible encontrar desayunos más completos en barrios normales de la isla, mientras que otros cuestionaban que ese precio pueda considerarse razonable en cualquier localidad mallorquina.

El usuario que inició la conversación insistía en que, a su juicio, estos importes se han normalizado en la mayoría de bares de Mallorca y lamentaba que tanto desayunar como comer fuera se haya convertido en un lujo, comparando el trato a los residentes con el que se da a los turistas: "Claro que es un problema que nos traten como guiris".

Tampoco faltó el humor entre las respuestas. Algunos le sugirieron directamente desayunar en casa, a lo que respondió que, después del "atraco", era casi una obligación. Otros bromearon con la posibilidad de cargos extra por detalles mínimos o con lo que habría ocurrido si hubiera pedido un zumo de naranja.

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