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La foto contada

Primer amor

Una niña observa a dos músicos callejeros en el centro de Palma

Una niña observa a dos músicos callejeros en el centro de Palma / Xisco Alario

Juan Ignacio Orúe

Juan Ignacio Orúe

Vivir aquellos días eran toda una novedad para la niña rubia de pelo corto. Un intenso latido, extraño y conmovedor, le tomaba el cuerpo desde los pies cuando apenas escuchaba, al caer la tarde, un concierto callejero que trepaba el cielo de Palma en la esquina de su casa.

La curiosidad la atrapó desde el primer momento. El balcón de su cuarto se convirtió en una platea de lujo. ¿Qué le sucedía? Ella no lo sabía, cómo saberlo, el tiempo despejó la incógnita. Le divertía y asombraba esa especie de serenata involuntaria que le ofrecían aquellos muchachos espigados y desconocidos, de brazos tatuados y sombrero.

Apenas escuchaba el ruido de los carritos sobre el empedrado, donde ellos transportaban sus instrumentos, la niña, ansiosa, salía disparada al balcón; los miraba en silencio y atenta, con alegría. Así llegaban los músicos, conversando y arrastrando bártulos, después de trabajar.

En la esquina desmontaban el contrabajo, enorme y pesado, y la guitarra, además del equipo de sonido. Repasaban letras, definían las canciones por tocar. Ella los miraba en un ritual virtuoso que esperaba expectante e inquieta.

—¿Bajamos? — preguntó su madre una tarde extendiéndole la mano.

—¡Sí, bajemos!

Poco a poco la gente se acercaba, algunos contra la pared bebían cerveza, parejas mimosas se hablaban en secreto. Cuando ellos terminaron de colocar los instrumentos y ultimar detalles, la niña se soltó de su madre, dio varios pasos y quedó sola frente al escenario improvisado. Jugaba con su pelo, que peinó antes de bajar.

—Hola, ¿Cuál es tu nombre? —dijo uno de los músicos.

Manuela — respondió Manuela estirando el cuello.

La madre, risueña, escuchaba la conversación. El contrabajista se acercó a Manuela.

—¿Sabes qué es esto?

—¡Una guitarra muy grande!

—Bueno, es muy parecido. Se llama contrabajo. ¿Te gustaría tocarlo?

Manuela se acercó y quedó bajo la sombra del instrumento. Su madre le hizo una foto mientras ella, sonriente, tocaba la madera con los nudillos, agitaba las cuerdas con la mano pequeña y suave. Manolo miró a Manuela y le colocó su sombrero en la cabeza.

—¡Qué guapa! — dijo agachándose, para posar con ella.

Manuela volvió con su madre, le pidió que le mostrara las fotos.

—¿Cómo se llama tu nuevo amigo?

—No lo sé —dijo Manuela haciendo un trompo.

—Manuela, me llamo Manolo.

—¿De verdad? — preguntó ella.

—Sí. Manolo y Manuela. Y mi colega es Manolete.

Manuela sonrió tapándose la cara. Pasó el concierto, Manolo y Manolete agradecieron, el público se dispersó. Manuela y su madre subieron a casa. Manuela le mostró las fotos a su padre.

— Manu...¡Qué guapo!

Sí, Manolo es muy guapo— contestó Manuela.

Yo hablaba del contrabajo— respondió el padre.

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