De Inca a Palma: Joan y Pep Morro reúnen a 1.500 Papás Noel en el Born
Joan y Pep Morro, de Inca, revolucionan la isla con su linedance; este domingo, también en el Born

Una foto de archivo del BIM de Nadal / B. Ramon
Michael Wrobel
Viernes por la noche en Inca. El sol hace rato que se ha escondido tras los tejados, pero en la Plaça de Santa Maria la Major la vida hierve. Ritmos pop se mezclan con grooves latinos y de reguetón, decenas de pies se mueven al mismo compás. En el centro: dos hermanos de Inca que marcan los pasos, se guiñan un ojo, giran, ríen… y toda la plaza baila con ellos.
La misma pasión
Joan y Pep Morro Vallori comparten la misma pasión por el line dance, aunque cada uno aporta su propio sello. Joan, el mayor, es el cerebro de Line Dance Baleares. En la asociación hay organizados alrededor de 80 profesores y profesoras de baile. A sus 44 años, planifica eventos, organiza viajes de baile, coordina equipos para competiciones, desarrolla coreografías y se encarga de que el line dance en Mallorca siga viva y crezca.
«Me encanta cuando la gente se mueve, gente que antes pensaba que no sabía bailar», dice. Y es que, precisamente para esas personas, el line dance es ideal: las secuencias de pasos se bailan en filas —cada uno a su aire, pero a la vez en grupo—. Las coreografías suelen estar formadas por secuencias claras que se repiten: fáciles de aprender, pero adictivas cuando música y movimiento se funden. Esto no tiene nada que ver con un baile country rancio. Sobre todo en Baleares, el line dance se entiende como algo abierto a todos los estilos: del pop al reguetón. «A los pocos minutos notas que formas parte de algo más grande», afirma Joan Morro.
Pep Morro no se queda atrás: igual que su hermano, imparte clases propias y también firma coreografías que se bailan mucho más allá de Mallorca. Además del line dance, el de 40 años enseña también baile de salón, el clásico baile social, con una energía que se contagia incluso antes de que empiece la música. «Quiero que la gente se olvide del día a día», dice, «que se atreva, simplemente, a pasarlo bien».
La afición les viene de cuna: su padre, Pep (senior), y su madre, Catalina, fueron durante muchos años profesores de baile y, a día de hoy, siguen siendo bailarines apasionados.

Joan y Pep Morro (derecha) con su grupo de line dance en Inca. / / MICHAEL WROBEL
Cuando el pueblo se une
Esa pasión quieren llevarla también a la calle. De junio a finales de septiembre, Joan y Pep, junto con el Ayuntamiento de Inca, convierten la Plaça Santa Maria la Major en una pista de baile al aire libre. Cuando se pone el sol, el pueblo se une: mayores y jóvenes, todos bailan codo con codo. «Es una sensación increíble ver a 200 personas bailando al mismo tiempo los mismos pasos y, además, disfrutando», cuenta Joan. Lo que empezó como una iniciativa local hace tiempo que es ya una tradición del verano. Y quien lo ha vivido lo sabe: la alegría que se baila en esa plaza es contagiosa. Antes de mover el esqueleto, muchos participantes se sientan en los restaurantes y bares de alrededor, se toman su pa amb oli, un entrecot o una ensalada… con una botella de vino. Así que los hosteleros también salen ganando con la noche del line dance. A partir de las 21.00 horas se baila hasta pasada la medianoche.
En especial, a la gente mayor le encanta la propuesta de los hermanos Morro. Muchos acuden dos o tres veces por semana a sus cursos y eventos; algunos viajan expresamente desde fuera. Gran parte de las actividades las organizan en el Club Gent Inca, que con su oferta se dirige de manera específica a personas a partir de 50 años. Entre los participantes hay muchas personas que viven solas, para quienes estas noches son algo más que ejercicio: son una dosis de alegría, una rutina, un vínculo.
«Tenemos bailarinas de más de 70 años que no se pierden ni una quedada», cuenta Pep. «Dicen que bailar las mantiene en forma… Y con el corazón despierto». Joan asiente: «Para muchas personas es un ancla. Vienen, bailan, se ríen… y se van a casa con una sonrisa».
Mudanza en otoño
En otoño, Inca se tranquiliza… . Porque en invierno el baile se traslada al restaurante Ca Na Rosa (en Lloseta). Allí primero se cena y después se conquista la pista. «Es casi como una gran familia», dice Pep Morro.
Y los domingos el corazón del movimiento late en Palma. En el gran salón de baile Palma Ball, en el polígono de Son Castelló, Line Dance Baleares organiza con regularidad veladas de baile, a menudo con Joan y Pep como anfitriones. Allí se reúnen bailarines de toda la isla para celebrarlo juntos.
Varias veces al año, Joan y Pep convocan además las llamadas kedadas: grandes encuentros en los que se juntan grupos de toda Mallorca. Especialmente espectacular es el BIM de Nadal en el Born de Palma. Más de 1.500 bailarinas y bailarines disfrazados de Papá Noel se dan cita para bailar juntos: este año se lleva a cabo hoy, 14 de diciembre, arropados por curiosos que graban, aplauden o directamente se animan a participar.

G. Bosch
Las secuencias de pasos de los dos hermanos son conocidas en todo el mundo. Joan es varias veces campeón del mundo de linedance y ya ha traído en dos ocasiones los campeonatos del mundo a España, organizándolos él mismo en la península. Al mismo tiempo, el padre de tres hijos impulsa de forma decidida a los nuevos talentos. Pep también se sube con regularidad a los escenarios y lleva a sus grupos a competiciones, siempre con el foco puesto en disfrutar más que en la perfección. «No bailamos para ganar», dice, «bailamos para ser felices».
Comunidad en movimiento
Para Joan y Pep, bailar es más que moverse: es encontrarse. «Aquí ya han surgido muchas amistades, simplemente porque te reúnes para bailar y pasar un buen rato», afirma Joan. Entre los participantes hay también algunos extranjeros, que así pasan a formar parte de la comunidad.
Ya sea en la plaza de Inca, en el restaurante de Lloseta o en el Passeig del Born de Palma: cuando al final de la noche la música baja y los bailarines se van a casa, queda esa sensación que Pep resume tan bien: «Cuando la gente baila junta, por un momento lo olvida todo… y eso es lo más bonito».
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