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Granjas en Lleida

Pàmies afirma que "millones de cerdos" están siendo tratados con su 'terapia de la lejía' contra la peste porcina y el Govern lo desmiente

El horticultor de Balaguer afirma que esta sustancia tóxica ya se está suministrando a "millones de animales" y que habría que "aumentar la dosis", dos premisas que la Generalitat tacha de falsas

Josep Pàmies, uno de los defensores de las terapias basadas en clorito de sodio.

Josep Pàmies, uno de los defensores de las terapias basadas en clorito de sodio. / Laura Alcalde

Valentina Raffio

Barcelona

En plena crisis de la peste porcina, mientras Cataluña despliega planes de emergencia para contener la expansión del virus entre los jabalís y evitar que la enfermedad llegue a las granjas catalanas, el gurú de las "terapias alternativas" Josep Pàmies ha empezado a usar su canal de difusión con más de 70.000 suscriptores para pedir a los ganaderos que suministren su "terapia de la lejía" a los animales para frenar la expansión del virus. El horticultor, que lleva años promocionando la ingesta de esta sustancia tóxica para hacer frente desde al autismo hasta el cáncer, sostiene que en estos momentos en Lleida ya hay "millones de cerdos que están protegidos frente a la peste porcina" porque el agua que beben esta desinfectada con clorito sódico y que, de hecho, solo habría que "aumentar la dosis" de forma preventiva ante el brote detectado ahora en Barcelona. Según afirma la conselleria de Agricultura, Ganadería y Pesca en declaraciones a EL PERIÓDICO, es falso que en las granjas catalanas se esté suministrando este producto a los animales y es falso que este químico sea útil frente a la peste porcina.

El discurso de Pàmies sobre esta cuestión arrancan con la premisa de que, a diferencia de lo que ha defendido hasta ahora con enfermedades como el covid-19 y la gripe, en este caso "el virus de la peste porcina sí existe" y que "no hay que dejarse llevar por fundamentalismos" tan anclados en el negacionismo como, por ejemplo, el de quienes niegan la existencia misma de los patógenos. En este caso, explica, la prueba de la existencia del virus no está ni en los miles de estudios científicos que existen ni en las líneas de trabajo que se están llevando a cabo en los laboratorios sino en que él mismo lo vivió "hace muchos años" cuando tenía granjas de cerdos. Según relata, en ese momento la expansión de esta enfermedad fue "una estrategia" de los grandes ganaderos y de la propia administración catalana para acabar con los pequeños propietarios, ya que unos "tiraban carne infectada" para contagiar a los animales y otros "los enterraban medio vivos" y que, de hecho, él mismo perdió a muchos ejemplares.

La conselleria de Agricultura, Ganadería y Pesca niega que estas sustancias se estén usando en granjas o que sean útiles ante el virus

El alegato de Pàmies ante una "vacuna"

La solución frente a esto, algo que Pàmies define como "vacuna" pese a que él mismo lidera el movimiento contra estos fármacos, es dar de beber a los animales de granja agua con clorito sódico. Es decir, con una lejía industrial altamente tóxica utilizada en procesos como la fabricación de papel, prohibida por la Agencia Española del Medicamento desde el año 2010 y que tanto él como su grupo llevan promocionando desde hace más de un lustro como cura frente a trastornos como el autismo, enfermedades graves como el cáncer y hasta patologías que su grupo tacha de inexistentes como es el caso del coronavirus. El fundador de Dolça Revolució afirma que esta sustancia es "totalmente efectiva en cerdos" y que, si hasta ahora no se ha recomendado, no es por los síntomas de toxicidad que provoca sino porque "las administraciones están vendidas a la industria".

El alegato a favor de dar 'lejía' a los cerdos culmina con un salto argumental ya que, una vez más, Pàmies aprovecha la oportunidad para defender que esta sustancia también es útil en personas. "Si le va bien a los cochinos, para los humanos también sirve porque somos parecidos", argumenta el promotor de varios congresos y talleres "teóricos y prácticos" sobre cómo fabricar y usar esta sustancia altamente peligrosa que, según recuerdan las autoridades sanitarias, no solo no tiene ninguna propiedad curativa sino que, además, puede producir "dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, intoxicaciones y fallos renales" en personas. En octubre, según adelantó EL PERIÓDICO, la Generalitat se querelló frente a Pàmies y a su asociación por la promoción de estas sustancias argumentando que promocionar las falsas propiedades de estos químicos "puede ser constitutiva de actos ilícitos y penales" y, además, "puede causar perjuicios en la salud".

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