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Palma se vuelve más dulce: las nuevas tiendas de chuches conquistan el centro con color y sabor nórdico

En el casco antiguo florecen tiendas de caramelos tan fotogénicas como internacionales

Candy Heaven Mallorca y Dulce Deli apuestan por el diseño y los dulces suecos, mientras Calamelum mantiene el encanto del comercio tradicional

VÍDEO | Palma se vuelve más dulce: las nuevas tiendas de chuches conquistan el centro con color y sabor nórdico

Juan A. Moreno

Palma

Las calles del centro de Palma se han llenado de color. Entre escaparates minimalistas y cafeterías de diseño, brillan ahora fachadas rosas, azules y amarillas repletas de ositos de gominola, nubes y regalices. Son las nuevas tiendas de chuches que han aterrizado en el casco antiguo, un fenómeno reciente que combina estética, turismo y nostalgia infantil.

En Candy Heaven Mallorca, situada en la calle Bosseria, la responsable de la tienda, Lidia Slaska, cuenta que la tienda abrió en junio del año pasado, inspirada en un concepto que vieron en otros países. Más que una simple tienda de golosinas, dice, es "un espacio de arte".

El local, decorado con luces de neón y estanterías repletas de dulces por colores, se ha convertido en parada obligada para los paseantes que suben hacia la Plaza Mayor. "La mayoría de gente se detiene a mirar o hacer fotos, aunque no todos compran. Es tan bonito que muchos turistas guardan una foto de la tienda como recuerdo de Mallorca", comenta.

Interior de la tienda de chuches Candy Heaven Mallorca.

Interior de la tienda de chuches Candy Heaven Mallorca. / Juan A. Moreno

Slaska reconoce que el público es sobre todo extranjero, aunque la tienda ofrece descuentos para residentes y tarjetas de fidelización. "Tenemos un 20% para locales y programas especiales los fines de semana. Queremos que también la gente de aquí se sienta parte", explica.

Sus productos llegan de distintos países —Suecia, Inglaterra y España principalmente— y las chuches ácidas son las más buscadas. "Siempre nos preguntan cuál es la más ácida", asegura.

Dulces nórdicos y escaparates de Instagram

Un poco más abajo, en la calle Ample de la Mercè, Dulce Deli sigue una línea similar. "Todo lo que vendemos viene de Suecia. Así los suecos que viven o veranean aquí pueden encontrar sus dulces típicos", cuenta una de sus empleadas.

El espacio, muy cuidado, está pensado para que la gente "entre y se sienta feliz, se dé un capricho y salga con una sonrisa". La tienda, abierta hace algo más de un año, comparte con Candy Heaven esa estética instagrameable que convierte cada estante en una foto de colores pastel.

Dulce Deli, la tienda de golosinas situada en la calle Ample de la Mercè.

Dulce Deli, la tienda de golosinas situada en la calle Ample de la Mercè. / Juan A. Moreno

"Casi todo lo que tenemos es exclusivo, solo se encuentra aquí o en tiendas de Suecia", explica la dependienta. Los favoritos son, una vez más, los sabores ácidos, el chocolate y el regaliz.

Respecto a la clientela, es mayoritariamente sueca o alemana, aunque muchos residentes locales se hacen socios para aprovechar un 10% de descuento. "Los españoles también disfrutan de esta tienda y se sienten bienvenidos", afirma.

Calamelum, la dulzura de siempre

Sin embargo, antes de que estas boutiques dulces desembarcaran en Palma, ya existía Calamelum, en Pas d’en Quint. Su dependienta recuerda que la tienda "lleva abierta 35 años". Allí el aire es distinto: menos neones, más tradición.

Surtido de chuches en la tienda Calamelum.

Surtido de chuches en la tienda Calamelum. / Juan A. Moreno

"Vienen sobre todo turistas, pero también locales. Lo que más se vende son los regalices, aunque en general todo", explica. También confirma algo que repiten las otras tiendas: "A los extranjeros les gustan mucho las chuches ácidas".

El auge de estos comercios refleja un cambio en el centro de Palma: los dulces como experiencia visual, casi museística, donde se mezclan turistas con vecinos palmesanos. Las tiendas suecas aportan un toque nórdico a las calles históricas, mientras Calamelum resiste como testimonio de otro tiempo, cuando bastaba un cucurucho de caramelos para alegrar la tarde.

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