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Entrevista
Tomás Díaz de la Rubia Físico, vicepresidente de Investigación en la Universidad de Oklahoma

"Una energía limpia, segura, sostenible y sin gases invernadero sería un gran avance para la humanidad"

"Yo soy optimista y creo que veremos la fusión comercial en la red eléctrica en 10 o 15 años"

En el recuadro, Tomás Díaz de la Rubia.

Investigadores del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (fundado por la Universidad de California en 1952), que alberga la Instalación Nacional de Ignición (NIF), han logrado por primera vez la fusión nuclear con ganancia neta de energía, "un hito científico histórico", tal como se anunció en Estados Unidos, porque abre la puerta a una fuente inagotable de energía limpia. El anuncio del hito se escenificó de la forma más solemne posible, para que nadie albergara dudas: en una comparecencia convocada por el Departamento de Energía del Gobierno de Joe Biden, seguida en todo el mundo, con presencia de los investigadores y de la secretaria de Energía de EE UU, Jennifer Granholm.

A buen seguro, el físico ovetense Tomás Díaz de la Rubia (1960) siguió como pocos el anuncio. Porque se sabe muchos de los pasos del largo camino que ha llevado al Laboratorio Lawrence Livermore hasta el punto actual. Allí trabajó durante 24 años, ocupando diferentes cargos hasta llegar a director de investigación del Laboratorio. Su ligazón con España es grande, ya que, como cuenta, "desde hace más de 30 años tengo grandes e importantes vínculos profesionales con la Universidad Politécnica de Madrid, con la cual ya en su día, en el año 2010, firmamos un acuerdo entre LLNL y la Politécnica para avanzar en la creación de tecnologías asociadas con el futuro desarrollo de plantas de fusión nuclear".

En la actualidad Tomás Díaz de la Rubia ha regresado al mundo académico y hace casi una década que trabaja en la Universidad de Oklahoma, de la que es vicepresidente de Investigación.

Díaz de la Rubia, que asegura que pese a llevar 41 años en Estado Unidos no ha dejado de sentirse asturiano, ya que tiene "grandes amigos de toda la vida en Oviedo y Gijón, y también familia en Oviedo, Ponferrada, Zaragoza y Madrid que vemos a menudo", atiende a LA NUEVA ESPAÑA, del grupo Prensa Ibérica, para desmenuzar un poco más el gran paso en la fusión nuclear.

–¿Cuál fue su papel en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore y en el NIF con el que ahora se ha hecho este experimento? Siendo como fue director de investigación del laboratorio ¿significa que participó en aquellos años de la puesta en marcha del proyecto?

–Sí, efectivamente. Yo estuve muy involucrado en el desarrollo del NIF, incluyendo la investigación relacionada con los elementos ópticos del NIF y también de los blancos de fusión. Más adelante jugué un papel central en el desarrollo de un modelo para una futura planta de fusión nuclear basada en la ignición y ganancia energética en el NIF.

–Parece que por primera vez se ha logrado algo hasta ahora imposible de reproducir en la tierra, un proceso de fusión nuclear en el que se ha generado más energía de la empleada. ¿Cómo valora el logro en líneas generales y cómo se lo podemos explicar, de forma sencilla, a los lectores?

–Creo que el logro realmente representa un hito en la historia de la ciencia y la tecnología de los últimos 50 años. Yo lo comparo con el descubrimiento del transistor o más recientemente del método CRISPR-CAS9, que recibió el premio Nobel de química en el año 2020. Estos descubrimientos han tenido un gran impacto en la sociedad y creo que este avance en la fusión será igualmente de gran consecuencia a nivel global.

–A pesar del hito que supone, parece que si uno tiene en cuenta la energía necesaria para poner en marcha esos láser y todos los elementos involucrados, la ganancia no sería tal o no tan clara. En otras palabras, que estamos todavía lejos (se habla de varias décadas, unos cincuenta años) para optimizar nuestra reproducción humana de la generación de energía de las estrellas. ¿Es así? ¿Qué opinión tiene sobre el futuro de la fusión y su expansión?

–Yo soy optimista y creo que veremos la fusión comercial en la red eléctrica en 10 o 15 años. Durante décadas, la comunidad científica ha estudiado y planeado cuáles deberían de ser los sistemas de ingeniería necesarios para crear una planta de fusión, así que no comenzamos desde un vacío sino desde una base científica bien establecida. De hecho, tanto LLNL como el instituto de fusión nuclear en la Universidad Politécnica de Madrid han sido instrumentales en el desarrollo de planes y diseños de plantas comerciales basadas en la fusión inercial por láser.

–Entonces, ¿veremos de verdad una fuente de energía limpia e inagotable en un futuro razonablemente próximo?

–Como digo, yo soy optimista respecto al tema. Creo que, dada la trayectoria de emisiones de gases invernadero a la atmósfera, que no ha cambiado mucho en estos últimos 30 años, tener una fuente energética limpia, segura, sostenible y de carga base que no emite gases invernadero sería un gran avance para la humanidad. Este es el imperativo fundamental que creo que nos obliga a hacer todo lo posible para acelerar la trayectoria de comercialización de este hito científico tan importante.

–¿Y qué implicaciones cree que tendrá?

–Desde el punto de vista de la geopolítica, la introducción de la energía de fusión en el mercado global permitirá proveer una energía limpia y segura, sin peligro de proliferación de materiales y combustibles nucleares que permitirá no solo la generación de electricidad para la red sino también la creación de materias primas limpias, sin generación de gases invernadero, tales como el hidrógeno y también la desalinización del agua marina.

–Hay quien dice que esta revolución, sumada a la de los ordenadores cuánticos y los lenguajes de Inteligencia Artificial, cambiarán totalmente el mundo tal y como lo conocemos, nuestras sociedades. ¿Lo cree así? ¿Qué riesgos y qué bondades nos esperan?

–Creo que, como todas las revoluciones tecnológicas, hay que estar atento al impacto social. Es decir, hay que asegurarse de que el beneficio para la sociedad llegue a todas los rincones del planeta, no solamente a países avanzados y desarrollados, sino también a aquellos que más necesitan fuentes energéticas limpias y seguras para avanzar en su desarrollo social y económico.

–Usted trabaja en la Universidad de Oklahoma, donde es vicepresidente de Investigación. ¿Cuál es su ámbito de actividad y por qué regresó a la enseñanza?

–En mi trabajo yo soy responsable de avanzar la misión universitaria del descubrimiento y la creación de nuevos conocimientos, y de su traducción a tecnologías de impacto positivo en la sociedad. En Estados Unidos, todas las universidades más importantes tienen como parte de su misión, además de la transmisión del conocimiento a los estudiantes, esa creación de nuevos conocimientos.

–¿Es algo que diría que debemos aprender de la investigación en Estados Unidos?

–Eso, el crear e impartir esos descubrimientos y nuevas tecnologías a la gente joven, que serán los futuros descubridores e inventores, para mí es importantísimo y es lo que realmente me fascina y atrae de la enseñanza.

–En la ciudad se está negociando ahora la reconversión de todo el ámbito de la vieja fábrica de armas de La Vega para convertirla en un conjunto que tenga como principal actividad un polo empresarial biosanitario. Usted, que trabaja en este sector, ¿considera que es posible que una ciudad como Oviedo pueda desarrollar con garantías una línea biosanitaria y biotecnológica?

–La verdad es que no sé lo suficiente del tema como para contestar. Aquí nosotros trabajamos mucho en el ámbito de la biotecnología y la creación manufactura de nuevos fármacos y modalidades terapéuticas contra el cáncer, la diabetes y otras enfermedades. El trabajo que estamos realizando es una colaboración entre el centro universitario nuestro de ciencias de la salud, Oklahoma City (la capital de Oklahoma) y el Gobierno americano. Creo que Oviedo, dado el gran centro médico universitario que tiene y la gran tradición medica que existe, podría desarrollar la biosanidad y la biotecnología con gran éxito.

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