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Polémica por las acusaciones de la ministra

La "cultura de la violación" de Montero, un concepto académico que incomoda a PP y PSOE

El término ha sido utilizado desde los años 70 para denunciar las creencias y comportamientos patriarcales que normalizan la violencia sexual

Irene Montero.

El término "cultura de la violación" que tanto revuelo ha causado en el Congreso es un concepto académico que fue utilizado por primera vez en los años sesenta por las feministas de la llamada segunda ola para criticar la normalización de la violencia sexual en la cultura americana. Sin embargo, que la ministra de Igualdad, Irene Montero, la semana pasada agraviada por Vox, haya acusado ahora al PP de promover "la cultura de la violación" ha incomodado tanto a populares como a socialistas, aunque en distintos grados.

El PP, con su líder a la cabeza, Alberto Nuñez Feijóo, ha considerado que la acusación es un "disparate de tal tamaño" que Montero debería dimitir. En su opinión, la ministra ha acusado a su partido de cometer "hechos delictivos", por los que los populares estudiarán la posibilidad de presentar una querella contra ella.

El PSOE no ha ido tan lejos pero sí se ha desmarcado de la estrategia de la ministra, al considerar que ella misma que ha experimentado la "agresividad verbal" por parte de Vox, partido que señaló que su "único mérito es haber estudiado con profundidad a Pablo Iglesias", no debería "jugar" con fuego. Y, cuando la ministra profirió su acusación, la presidenta del Congreso, Maritxell Batet, reprochó a Montero que use en el hemiciclo expresiones "no adecuadas dirigidas a un grupo parlamentario".

Término académico

Ante el revuelo generado, Unidas Podemos ha manifestado a los cuatro vientos que el término "cultura de la violación" es un término académico, empleado en multitud de ensayos, documentales o incluso por la ONU, y por tanto no conviene ni retirarlo del diario de sesiones del Congreso ni llevarse las manos a la cabeza.

En concreto ONU mujeres señala que la "cultura de la violación es omnipresente" y está arraigada a un "conjunto de creencias, de poder, de control patriarcales" que permite que se "normalice y justifique la violencia sexual". A juicio del organismo internacional, precisamente "poner nombre a la cultura de la violación es el primer paso para desterrarla".

La ONU señala seis maneras de frenar este conjunto de comportamientos y creencias, entre ellas "dejar de culpar a las víctimas" de los ataques sexuales con frases del tipo "iba vestida como una puta, lo estaba pidiendo". Esta culpabilización está arraigada en canciones, películas y anuncios y, según Montero, ha sido reproducida por dos campañas, una del Gobierno gallego y otra de la Comunidad de Madrid, de ahí que considere que el PP promueve la "cultura de la violación".

Las campañas

En concreto la campaña gallega, con motivo del 25-N, día de erradicación de la violencia machista, aconseja a las mujeres a que no vayan a correr en pantalón corto o vuelvan solas a casa porque los ataques sexuales "no deberían pasar, pero pasan". Y la Comunidad de Madrid difundió en septiembre una campaña similar, destinada a evitar la sumisión química, en la que aconsejaba a las mujeres "vigilar siempre tu copa" o "no aceptar bebidas de desconocidos".

En opinión de Unidas Podemos, estas campañas suponen aceptar y normalizar la existencia de ataques sexuales y depositar en las mujeres la responsabilidad de protegerse. Además, varios expertos han denunciado que están mal diseñadas porque contribuyen a alimentar el estereotipo de que los violadores son desconocidos que atacan a las mujeres en polígonos o discotecas cuando las estadísticas demuestran que la mayoría de los agresores son conocidos por las víctimas.

En su lugar, el partido morado considera que el PP debería "poner el foco en los agresores" e instarles a que no cometan violaciones. A este respecto, la campaña del Ministerio de Igualdad con motivo del 25-N no se dirige a las víctimas o a su entorno para que denuncien la violencia sino que busca la complicidad de los hombres y les insta a colaborar para acabar con el machismo violento.

El origen

El germen del término "cultura de violación" se sitúa en dos libros: 'Violación: el primer libro de consulta para la mujer', editado en 1974 por Noreen Connell y Cassandra Wilson, y 'Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y la violación', de Susan Brownmilller (1975). Ambos estaban dirigidos a demostrar que las violaciones en EEUU eran más comunes de lo que se pensaba y una manifestación extrema de la misoginia en la sociedad norteamericana patriarcal.

Desde entonces se ha usado en multitud de ensayos, libros o documentales feministas para referirse a cómo las violaciones se normalizan o se minimizan en muchas sociedades y especialmente en la industria del porno.

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