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Diario de Mallorca

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TOROS

La fiesta de los toreros y no la de los toros

El Fandi sale a hombros tras cortar dos orejas mientras que Manzanares y Roca Rey pasearon una cada uno

El Fandi se alzó como triunfador de la corrida tras pasear dos apéndices Manu Mielniezuk

La gestión empresarial del Coliseo Balear no ha vuelto a estar a la altura de las circunstancias.

Los espectáculos taurinos en Mallorca se han convertido en una farsa. Todo amparado por los propios profesionales. Predomina la afectación y el postureo. Lo auténtico ha quedado lapidado. La seriedad enterrada y la verdad eclipsada por la mentira. Los toros son pasión pero hay que dejar un espacio para la razón llevándola de la mano de la modestia, porque cuando se pretende llevarla con altanería y soberbia no se hace otra cosa que deshonrarla y, lo peor, es que se acaba perdiendo.

De los corridos ayer, no queda en la retina ni un solo recuerdo. Anodinos e insulsos todos. Chicos y anovillados, segundo y cuarto. El quinto se fue sin picar. Ni para una analítica.

Los ejemplares de Luis Algarra brillaron por sus vistosos defectos; de agradable presencia y cómodas cabezas. Destacaron por su falta de fuerzas y altas dosis de esa boba nobleza que mata la emoción. Sin toro no hay emoción estética. El espectáculo se vino abajo por el toro, por su poquedad de fiereza, por su escasez de poderío, por su nula movilidad. No existe un espectáculo más aburrido en el mundo que una mala corrida de toros. Un inaceptable encierro muy terciado que dio un juego lamentable. Seis toritos, tres de ellos aborregados que transmitieron de todo menos peligro y emoción y que no precisaban picador alguno puesto que ya salían casi muertos de los toriles.

Picar a los toros es una tarea baladí que no sirve para nada. Sí sirve para que se atente contra el reglamento, contra la razón pura y dura, pero nada más.

En la suerte de varas ya no hay arte. Se pica mal, muy mal sobre un penco amurallado. Ni se colocan los toros en suerte al caballo. El tercio de varas es una pantomima en plazas y corridas de carácter como las de estos dos días. Un tercio que no respetan ni los propios profesionales. Diestros asentados, experimentados, dueños de una técnica depurada pero que ante animales sin fortaleza ni casta, aburren soberanamente. Se enfundaron los tres la bata de enfermeros para mantenerlos en pie.

De lo acontecido, todo suena a guion ya conocido. Y el toreo debería ser sorpresa, innovación, destello, magia. La repetición, aburre. Más aún cuando los astados que saltan al ruedo están carentes de emoción y transmisión.

El Fandi, no clavó ni un solo par en la cara. Lo de Fandila ayer noche fue, como tantas visitas a Palma, una vulgaridad absoluta. Ni con el capote, que suele manejar con soltura y suele ‘taparse’ con unas recurrentes chicuelinas ni con la muleta, que también se sabe que baja mucho el nivel en todas sus actuaciones. Construyó sendas faenas anodinas. Pases y más pases. Se agradece que, al menos fuese breve con los aceros. Oreja en ambos.

Manzanares desprendió una elegancia sublime y todo en él fue torería. Despegado en su primero y más ajustado con el quinto. Poco más aportó. Le faltó material. Oreja y vuelta fue su balance.

Roca Rey, es el actual número uno. Su virtud, es la de dejar los toros sin picar que, en Palma y plazas como esta, ya es decir. Entrega total. Intenta no decepcionar a quien pasa por taquilla y hace unos esfuerzos poco habituales. Se prodigó con el capote, se los pasó muy cerca y se arrimó en ambos. Perdió trofeos por fallar con los aceros en el sexto y paseó la oreja del tercero

Una epidemia de impasibilidad está acabando con la Fiesta de los toros en Mallorca.

La indignación corre al contemplar a figuras ante toros con pitones desmochados, arteramente destrozados a serruchazos, rodando estrepitosamente por los suelos. La pena es que, por culpa de esos insignificantes cornúpetas, es decir, la mentira del toro adormilado y santificado, los matadores detestan el citado reglamento porque les iría mejor si hicieran lo que les pasara por los mismísimos bemoles.

Son ellos mismos, los toreros, los que le restan importancia a su lucha con el toro. Se empeñan en enmascarar la tragedia con una ridícula y mezquina parodia del arte. Lo de estos dos días no es la fiesta de los toros. Es la de los toreros y la de los empresarios.

Funciones Taurinas ejecutó ayer otro atraco más al verdadero aficionado. Una mofa más de tantas.

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