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Diario de Mallorca

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Explotación sexual

Las rutas migratorias que recorre la trata

Muchas de ellas son abusadas o violadas en el camino hacia España

Las rutas migratorias que recorre la trata. EUROPA PRESS

Hay rutas migratorias que hacen saltar las alarmas. Unas sucesiones concretas de países. Edo (Nigeria), Libia, Italia, España. Senegal, Mauritania, Marruecos, España. Una tienda de estética en Colombia y un visado de turista en el aeropuerto de Manises. Una mujer que llega sin móvil y sin tarjeta.

Son los principales caminos de la trata con fines de explotación sexual que ven cada día las expertas del área de mujer de Movimiento por la Paz. Mary Renart es trabajadora social, Rocío Llopis es abogada de extranjería y Pilar Albero, abogada especialista en protección internacional. Las tres se dedican desde 2019 a recoger las historias de mujeres explotadas sexualmente, a asegurarles protección y documentarlas para que puedan rehacer —si es que eso es posible— su vida.

Hay dos grandes rutas migratorias que llegan a la asociación en estos momentos. Una es por África, la otra por Colombia. Cada una tiene sus diferencias y características a las que prestar atención. Edo es un estado de Nigeria y está considerado la cuna de la trata. "Cuando escucho que una mujer ha salido de ahí se me activan todas las alarmas. Es un caso muy común", cuenta Mary Renart. La ruta sigue por Libia, Italia y España.

En Libia es donde se cometen las mayores atrocidades, según remarca Renart. Para cruzar deben pagar el viaje en una embarcación más que precaria. Y de ahí volverán a viajar a España en coches y furgonetas hacinadas de gente. También en taxis, donde algunos conductores abusan de ellas en el trayecto.

Esa es una de las rutas terrestres. "En Libia hay unos campamentos terribles no solo para estas mujeres, sino para cualquier persona que sufre de abusos, torturas, vejaciones... La mayor vulneración de derechos humanos". Se suben a la patera previo pago de miles de euros para jugarse la vida. Y cuando llegan a Italia, las fronteras se vuelven más blandas. "Van en coches, autobuses, y muchas personas en frontera se dedican a esto, las pasan sin problemas", asegura Renart.

La segunda ruta sale de Senegal, pasa por Mauritania y llega a Marruecos para sortear la frontera sur española. "Nigeria solía ser un indicador muy potente. Ahora estamos también muy atentas a cómo se desarrollan las mafias en Senegal", asegura Llopis. Renart matiza que "la gran mayoría de mujeres llegan sin pruebas de nada. Pero cuando llegan de lugares como Edo, el simple testimonio casi garantiza que pueda pedir protección como víctima de trata".

Las mujeres africanas también tienen un perfil determinado. "Todas han sufrido ya violencia de género o violencia doméstica a lo largo de su vida. Y muchas de ellas no tienen un techo», afirma Renart. En ese momento es cuando aparece la figura de "el salvador". Un hombre que les promete sacarlas de la calle y les dice "yo te puedo llevar a Europa". Puede tratarse de una sola persona o toda una mafia organizada. "Muchísimas mujeres llegan aquí con sus ‘maridos’ que las obligan a prostituirse para ganar dinero. A algunas de hecho las dejan embarazadas y utilizan a los niños como elemento de coacción sobre ellas", cuenta Renart. Cuando llegan a España, muchos por vía marítima, son separados por el primer dispositivo de atención de Cruz Roja. "Ahí se intenta ver cómo es la relación y si hay peligro, pero muchas de estas víctimas nunca se detectan", dice Mary. Cuando llegan, muchos ‘maridos’ se van. Todo el proceso migratorio está vinculado a ellos, al contrario que con las mafias, que las van pasando de mano en mano después de que la figura del salvador les saque de la calle. "Lo común es que le quiten el móvil con tarjeta y cuando llegan les recojan y les den otro", explican.

La segunda ruta parte de Colombia, y es muy distinta a la primera. Para empezar, las víctimas son captadas por mujeres. Y no en la calle, sino en centros de estética. La falsa promesa también es la misma: "Yo te puedo llevar a Europa". "Les suelen decir que aquí trabajarán de camarera de piso limpiando, que le harán papeles y se cobra muy bien, pero luego se dan cuenta de que la realidad es otra", dice Llopis. En estos casos no hay ‘marido’ explotador, las mueven las mafias directamente.

Lo tienen, de hecho, todo controlado. "Al llegar al aeropuerto les han dado dinero en efectivo y les han explicado cuáles son los principales atractivos de la ciudad, para poder contestar bien en caso de que les pregunten si vienen de turismo", dice Llopis. Eso sí, las dejan sin teléfono móvil y cuando salen de la terminal un hombre las suele esperar con uno nuevo.

Las rutas no se parecen en origen, pero sí al llegar a España. Como explican Llopis y Renart, la explotación sexual ha cambiado. Ya no son visibles en calles o en clubs, la trata se concentra en pisos. "La pandemia que no permitía a la gente moverse, pero también las legislaciones municipales que penalizan la prostitución han hecho que estas mujeres desaparezcan por lo general de la vía pública. Ahora el consumo se centra en pisos que parecen turísticos pero no lo son. Hay mapas que utilizamos en las entidades y el barrio de Ciutat Vella, en pleno centro de València, está lleno de estos pisos", señala Llopis.

Y en esas viviendas donde viven y son explotadas también empiezan a saldar sus deudas. Porque las víctimas de trata tienen deudas que pagar en origen. Las de la persona que les dijo "yo te llevo a Europa", pero el viaje a Europa eran 20.000 euros desde Nigeria, o 4.000 en el caso de Colombia. "Hemos tenido casos de chicas que cobraban 60 euros por ‘servicio’ y 30 se los quedaba la mafia. Solo ganaban 30", aseguran Renart y Llopis.

Las mujeres acaban atrapadas en la jaula de la trata durante años hasta que o escapan o pagan la deuda. O ninguna de las dos.

Entonces, tras pasar por las rutas, el "salvador", Libia, el ‘marido’, los taxis, los buses hacinados y los pisos donde son explotadas sexualmente, llegan a Mary, Rocío y Pilar. Las que llegan y las que se quedan en alguna de las anteriores pantallas es algo que nadie sabe. "Son muchísimas las que nunca salen", remarca Renart.

A la asociación llegan "por la vía de exclusión". "Nos llaman de servicios sociales diciendo que tienen una chica africana. Me siento a hablar con ella y veo como poco a poco me saltan todas las alarmas. Resulta que le obligaron a ejercer la prostitución, que han pasado 4 o 5 años en los que pagó la deuda o salió de red, o la dejaron irse. El motivo que sea, pero ya han pasado por una de las mayores vulneraciones que puede sufrir una persona y una mujer. Pero nadie ha intervenido antes», lamenta.

Muchas de estas mujeres llegan sin siquiera saber que son víctimas de trata. "La realidad es que la mayoría tiene mucho miedo de ir a contarlo a la policía por si las deportan", denuncia.

Las que llegan como víctimas son rápidamente identificadas y la entidad activa las dos grandes vías para documentarlas. La primera es la de la protección internacional y la segunda, el artículo 59 de la ley de Extranjería, que prevé permisos de trabajo en función de la situación y si es posible colaborar en una investigación policial. La primera vía es la más garantista. Como explica Pilar Albero, abogada especialista, "lo más importante es que garantiza el principio de no devolución de esta persona, porque si vuelve a su país corre el peligro de retrata", señala. Pese a todo, matiza que "España siempre ha sido reacia a reconocer a las víctimas de trata como mujeres que pueden obtener la protección internacional, pero hace unos años se reguló esta situación y ahora se está concediendo". Remarca que "muchas mujeres llegan y se olvidan de esta vía, que es la que da mayor protección porque te da permiso de trabajo y residencia pero te garantiza que no te van a devolver a tu país", asegura.

La segunda vía, la de extranjería, la activa Llopis a la vez. El artículo 59 contempla la obtención de permisos por colaboración con la policía o circunstancias personales. Aunque la mayoría de estas mujeres llegan sin pruebas, sí que ha habido casos de regularización por esta vía. "Gracias a testimonios de las mujeres se han desarticulado pisos enteros. Eso ha ocurrido", sentencia Llopis.

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