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Un volcán con historia

El Etna, siempre activo y en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco

En su cima de Sicilia, a 3.350 metros de altitud, la nieve convive con el fuego esporádico de su cráter | Nació como volcán submarino hace 500.000 años, por el conflicto entre las placas euroasiática y africana v Cantado por Lucrecio, Virgilio y Ovidio, la mitología le asignó el nombre de una ninfa, hija de Urano y Gea

Un fresco anónimo del siglo XVII muestra la llegada de lava del Etna a Catania.

Sicilia es la isla más grande del Mediterráneo y también una de las más bonitas. Con forma de triángulo (su nombre clásico era Trinaquia), su posición entre tres mares –el Mediterráneo, el Tirreno y el Jónico– ha atraído desde los tiempos clásicos a ocupantes de distintas culturas. Además de los sículos, sus habitantes primigenios, los griegos, cartagineses, romanos (que batallaron entre ellos en las Guerras Púnicas para hacerse con la isla), bárbaros (vándalos y ostrogodos principalmente), árabes, normandos, catalanes… y un largo etcétera han tomado posesión de ella y han disfrutado de su clima, de sus campos y de su historia. Y han convivido con el Etna, un volcán siempre activo del que tenemos noticia histórica desde el 1.500 antes de nuestra era.

El monte Gibello, que era su denominación local dejando el nombre de Etna para el cono volcánico (hoy se emplea Etna para toda la montaña), tiene una altura de casi 3.350 metros y cubre un área de cerca de 1. 200 kilómetros cuadrados. En su cima la nieve convive con el fuego esporádico del volcán. La primera vez que subí, el coche que conducía patinó y casi soy una víctima del hielo que en el invierno se apodera de la parte alta de la carretera.

Se ve muy bien el Etna en toda la costa desde Catania, ciudad que tiene una calle, vía Etnea, muy ‘paseable’, que permite divisar su cima desde el centro histórico y hasta, al menos, la elegante y cosmopolita Taormina. Las dos ciudades y el trayecto entre ellas son verdaderamente recomendables. Su posición sobre el Jónico hicieron de él una vista obligada para todos los navegantes clásicos que lo llamaron el ‘faro del Mediterráneo’, por su casi constante luz nocturna. «Etna da luz azul a Dante», es un palíndromo sin mucho sentido, pero liga al volcán con la cultura más clásica. Y por seguir con la literatura hay que recordar que Calderón de la Barca lo empleó en algunas de sus obras: (…) Etna, pues, de mi amor y mis enojos,…(en La banda y la flor), o (…) el Etna que el alma enciende, …, (en Dicha y desdicha del nombre), por poner dos ejemplos.

Nos dicen los geólogos que el Etna nació como un volcán submarino hace quizá unos 500.000 años, resultado del conflicto permanente entre las placas euroasiática y africana. Hay datadas lavas de 300.000 años de antigüedad y otras que solo tienen unas semanas. Su última erupción es de septiembre de este año. Clasificado como de tipo estromboliano, ha tenido un pasado muy explosivo, pero en los últimos siglos se ha comportado razonablemente. La zona que ocupa es una de las de mayor densidad demográfica de Sicilia. La gente vive en sus faldas y allí cultivan vides y frutas, exponiéndose a perderlo todo cuando se aviva el fuego del volcán. Han sido muchas las veces que ha destruido los pueblos allí construidos y en alguna ocasión, luego lo cuento, llegó hasta las murallas de Catania.

Cantado por Lucrecio, Virgilio y Ovidio entre los grandes poetas clásicos, la mitología le ha dedicado el nombre –Etna es una ninfa hija de Urano y Gea–, y ha colocado en sus entrañas la fragua de Hefesto (Vulcano) para explicar sus ruidos y sus calurosas erupciones. Se atribuye a Virgilio el poema Etnea y escribe en los primeros versos: Cantaré al Etna, el de las grandes hogueras/Sobre sus hornos de fuego que se encienden y apagan/Contaré de sus temblores. Y de lo que brota en su conflagración/Lo que enciende el ardor de sus extraños efluvios/De sus rocas, su ruido, sus cenizas, sus lavas.

"Todo lo que la naturaleza tiene de grandioso, todo lo que tiene de amable y de terrible, se puede comparar con el Etna, pero el Etna no puede compararse con nada", dice Vivant Denon en ‘Voyage en Sicile’

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Y esta es la versión corta del pasado clásico del Etna porque en la larga aparecen los titanes de la Gigantomaquia, Encelado, Tifón y otros muchos actores. Hasta Ulises se cree que batalló con Polifemo en sus playas. Y entre los simples mortales, si es que los filósofos lo son, hay que anotar la muerte de Empédocles que hacia el 435 a.n.e., se arrojó al volcán para igualarse con los dioses (eso dice Horacio).

Pero este volcán ha dado también muchos quebraderos de cabeza. La peor erupción que se recuerda fue la acaecida en 1669 –Sicilia dependía entonces de España– en que la lava del volcán recorrió, destruyendo varios pueblos a su paso, unos diez o quince kilómetros para llegar hasta Catania donde sus murallas la detuvieron un par de semanas, pero acabó por entrar y destruir más de 200 casas. Pocas para lo que se esperaba.

En este episodio se intentó, y consiguió, desviar la lava que amenazaba a un pueblo, Pedara, pero con esto destruyó al pueblo vecino, Paterno. A partir de ahí se prohibió realizar estos desvíos que algunos creían que torcían la voluntad de Dios. La norma estuvo vigente hasta el siglo XX. El volcán expulsó entonces cerca de un millón de kilómetros cúbicos de lava, cubriendo un área de 37 kilómetros cuadrados.

Después ha tenido multitud de erupciones menos dañinas y la gente se ha acostumbrado a sus ‘salidas de tono’.

¿Y qué han hecho con este peligroso volcán? Pues primero un Parque Natural, en 1983, de cerca de 50.000 hectáreas, y después consiguieron que la Unesco lo declarará Patrimonio Natural Mundial en 2013. El lugar es realmente precioso. Saco de la web del Parque la siguiente referencia: "Había oído hablar de la maravillosa iridiscencia de la aurora sobre el mar Jónico, cuando se contempla desde la cima del Etna. Decidí emprender la ascensión de esa montaña; pasamos de la región de los viñedos a la de la lava, luego a la de la nieve. El chico de piernas de bailarín corría por esas empinadas laderas; los sabios que me acompañaban subieron a lomos de mulas. En la cima se construyó un refugio donde se puede esperar el amanecer. Este finalmente apareció: una inmensa franja iridiscente se extendía de un horizonte a otro; extraños fuegos brillaban sobre el hielo de la cumbre; la inmensidad terrestre y marina se abrió a nuestra mirada hacia África, visible, y hacia Grecia que se adivinaba. Fue uno de los momentos supremos de mi vida. No faltaba nada, ni la franja dorada de una nube, ni las águilas, ni el copero de la inmortalidad". (M. Yourcenar, Memorias de Adriano).

En Canarias, el Parque Nacional de Timanfaya es un volcán activo (también el Teide), pero con las diferencias de que no ha dado señales de vida desde 1824 y que en el Parque no hay actividad humana más allá del turismo. Y Cumbre Vieja es un Parque Natural que ahora habrá que repensar.

El Etna y su parque son un lugar muy visitado por nacionales que suben a esquiar y por turistas que subimos a quedarnos embelesados con el panorama como hizo Adriano. Seguro que Hefesto vuelve a encender su fragua, lo hizo como dije en septiembre de este año, pero con las debidas precauciones, dejando que el tiempo cure las heridas, con un volcán, incluso con el portentoso Etna, se puede convivir.

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