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Diario de Mallorca

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Erupción

El volcán de La Palma arruina por segunda vez a una pareja de Los Llanos de Aridane

La pareja formada por Eve Hernández y Toni Melián se enfrenta a una segunda crisis después de perder su finca de Las Hoyas, que era su único medio de vida

Eve Hernández y Toni Melián, este martes, en su casa en Los Llanos de Aridane.

A 60 días desde que el volcán de Cumbre Vieja congeló la alegría cotidiana de La Palma, el dolor de sus primeras embestidas permanece menos lejos que la esperanza de un nuevo amanecer. La lluvia fina de las cenizas en el ánimo vacía las calles a medida que se reamontona en las aceras y los escaparates apagados devuelven el reflejo de un tiempo detenido, como en los peores días de pandemia, pero con el temor a que la vida anterior a esta caverna ya no se encuentre al otro lado del túnel.

Las historias de familias en el limbo son incontables, pero cada una encierra una trayectoria de sueños, luchas, caídas y progresos que, ahora, se enfrentan al vértigo de reinventarse en tierra quemada. La pareja formada por Toni Melián y Eve Hernández, de 63 y 62 años, que residen desde hace años en el corazón de Los Llanos de Aridane, atesoran un largo recorrido al frente de distintas tiendas y estudios de fotografía entre los municipios de El Paso, Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane, que vivieron su época dorada en las últimas décadas del pasado siglo.

Pero el boom digital que puso en jaque los sistemas tradicionales analógicos les forzó poco a poco a bajar la persiana de estos negocios y a reinventarse en el abismo de la crisis. Entonces, Melián acometió la tarea titánica de reconvertir una finca de plátanos en ruinas, herencia de su padre, situada en Las Hoyas (Tazacorte) en una nueva finca ecológica sostenible, para poder salir adelante.

Después del cierre de sus tiendas, ambos invirtieron años en una finca ecológica sostenible

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Después de años inmersos en un arduo proceso de reconversión, la finca ya daba sus frutos y se consolidó como su único medio de vida. "Por fin nos volvían a ir bien las cosas, porque la finca funcionaba muy bien y, además, estaba en el mejor terreno de la isla", relata Toni.

Pero hoy, esta finca ya no existe. Una lengua de lava que emergió de la nada, "altísima, como un edificio de cinco plantas", recuerda, intuyó este buque de reflote que ya navegaba a toda vela. "El día a día ahora es batallar contra las cenizas y enfrentarse a un papeleo continuo para nada", apunta Eve. "Al menos, tenemos esta casa para llorar las penas".

El complejo entramado burocrático para acceder a las ayudas que no llegan hastían el espíritu de resiliencia entre continuas órdenes y requisitos que se contradicen entre sí, y que, por otra parte, no permiten divisar ningún bosque de reverdecimiento. "Ahora necesitamos las ayudas, porque no tenemos fuente de ingresos", apunta Toni. "Pero lo que nos preguntamos, cada día que pasa, es: ¿vamos a depender de las ayudas para siempre? ¿Quién puede vivir de ayudas cuando se ha pasado la vida trabajando para tener un futuro y, además, generar riqueza? ¿Y cuánto valen ahora estas tierras arrasadas por la lava?".

"Cuando he ido a la Casa Massieu [sede de la Oficina de Atención a la Ciudadanía por la Emergencia Volcánica], hablamos de unos daños y de otros, y los palmeros sabemos que de ayudas ni se vive ni se reflota la economía local", añade, toda vez que puntualiza que "el peso del plátano en la economía palmera supera con creces ese 50% oficial". "Yo diría que, con lo que se produce en el Valle de Aridane, podríamos hablar de un 15 o 20% más, porque el plátano mueve muchísimo, desde la fábrica de invernaderos hasta el riego, los equipos o el transporte".

La calidad del aire en La Palma cancela vuelos y suspende clases Agencia ATLAS | EFE

Cruz Roja

Así, una vez registrados sus datos en la oficina dedicada a las pérdidas de la explotación agrícola, donde se exige la acreditación de la destrucción de la producción, ambos continúan con la búsqueda de recursos de apoyo temporales, como, por último, las tarjetas de compra para supermercados que distribuye Cruz Roja. "Mi hermano me habló de este sistema, que creo que es lo que mejor está funcionando ahora en La Palma", indica Toni. "Él sí perdió su vivienda bajo la lava y ahora recibe ayudas al alquiler para poder seguir realojado en otra casa".

La finca de plátanos que corresponde a este último y su hermana, que también explotan Toni y Eve en la zona de Las Hoyas, se encuentra a solo 200 metros de una de las coladas detenidas, "que, a nada que rebose, la coge", indica Eve. Además, ambos destacan que el deterioro de estas cosechas por la incidencia de las cenizas y los gases no solo han condenado esta producción anual, que ya llega tarde a las primeras lluvias del invierno, sino también la del año que viene, puesto que "el agua ya no llega y la acumulación de cenizas no va a permitir que salgan las piñas; e incluso, si al final lo hicieran, serían inservibles".

En esta línea, ambos destacan a su vez las "condiciones insalubres" en que los trabajadores del sector, a día de hoy, deben seguir sacando adelante la producción en la atmósfera ponzoñosa de Cumbre Vieja. "Es que no se puede ni caminar, porque todo es tierra y no se ven ni las bandanas", señala Eve. "Ni los equipos de protección son suficientes contra la toxicidad del aire o ese suelo que resbala".

"¿Quién puede vivir de ayudas cuando se ha pasado la vida trabajando para tener un futuro?"

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Al igual que en el carnaval de Los Indianos en Santa Cruz de La Palma, cuando cerraban puertas y ventanas contra la polvareda blanca de las fiestas, su casa en Los Llanos de Aridane se mantiene "completamente sellada" estas últimas semanas. Algunos días iluminan algo más el horizonte, mientras que otros hay que permitirse venirse abajo y que, luego, amanezca, que no es poco. "Yo siento que, a medida que pasa el tiempo, te vas abatiendo más, porque no ves el fin", reflexiona Toni, a lo que Eve añade: "es que, cuando te jubilas, o te lo pasas bien o te mueres". "Y este ya iba a ser nuestro momento de disfrutar".

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