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Con Ciencia | Nobel

Entrega del Nobel. | NATURE

En las fechas en que se anuncian los nombres de los ganadores del Premio Nobel cada año, la revista Nature ha dedicado uno de sus comentarios editoriales a resaltar el hecho, incomprensible para la publicación más influyente de la ciencia generalista —no especializada en un campo en concreto—, de que el comité que otorga el galardón de medicina se haya olvidado de quienes han logrado la hazaña mayor de la historia reciente: las vacunas contra la covid-19. En especial, las que se basan en el RNA mensajero y, por tanto, convierten en innecesario el inyectar virus atenuados para obtener la garantía inmunitaria. Algo, por cierto, que los negacionistas dejan de lado cuando argumentan acerca de los riesgos (¿) que supone el vacunarse. Pero tampoco hay que esperar que el negacionismo, como ideología o como arma política, sepa ni leer ni escribir.

¿Se ha vuelto negacionista el Premio Nobel? De acuerdo con el análisis realizado por Ewen Callamay, periodista titular de Nature —el nombre de su cargo en inglés es el de Senior reporter—, los motivos que explican por qué los trabajos llevados a cabo para obtener las vacunas no han llamado la atención del comité del Nobel de medicina son de otro tipo. Mediante consultas a especialistas en el mundo tanto de la microbiología como de los premios científicos, incluyendo a Göran Hansson, secretario general de la Real Academia Sueca de Ciencias en Estocolmo, Callaway apunta al tiempo como responsable del supuesto olvido. Aunque las primeras vacunas demostraron su valía en ensayos clínicos dos meses antes de que se cerrase el término para la presentación de candidaturas al Nobel, los plazos temporales que se siguen en el premio de más prestigio que existe en el mundo son otros. El ejemplo que pone Santo Fortunato, físico y director del Indiana University Network Science Institute en Bloomington (Indiana, Estados Unidos) es el de las ondas gravitacionales cuya existencia predijo Albert Einstein en 1915: no fueron detectadas hasta un siglo después, en 2016, y tanto la teoría subyacente como los trabajos de observación recibirían el premio Nobel en 2017.

Por otra parte, Callaway recuerda que los comités Nobel se centran más en las investigaciones fundamentales que en sus desarrollos prácticos. Según David Naylor, investigador del campo de la medicina en la Universidad de Toronto (Canadá), cabe esperar que el comité dirija su atención más allá de los equipos académicos y corporativos que desarrollaron las vacunas centrándose en el trabajo de base que las hizo posibles: las técnicas de ARN mensajero subyacentes. Sea como fuere, las vacunas contra la covid-19 han conseguido ya un premio mucho más importante que el Nobel. Nos han abierto una puerta, pequeña aún, en ese mundo de pesadilla al que nos habían conducido los confinamientos impuestos por la pandemia.

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