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Katharine Hamnett: «No quiero vivir en un país de voto racista como es Inglaterra»

Comendadora de la Orden del Imperio Británico, tiene casa en Fornalutx desde hace casi 40 años - Diseñadora pionera de la moda ética y de las camisetas con eslóganes políticos, es una de las mayores activistas en contra del Brexit y de sus ideales sociales, políticos y medioambientales

La diseñadora británica Katharine Hamnett, en Sóller.

Katharine Hamnett fue la inventora del tejido vaquero desgastado y defendió el algodón orgánico mucho antes de que hubiera conciencia de lo perjudicial que el sistema de producción convencional resultaba para el medio ambiente. En 1984 protagonizó un selfie pionero que se convirtió en noticia de portada mundial con una perpleja Margaret Thatcher durante una recepción en Downing Street, estrechando la mano a la diseñadora mientras intentaba no mirar el eslogan pacifista impreso en su camiseta blanca, «El 58% no quiere Pershing», aludiendo a la decisión del Gobierno de permitir desplegar misiles estadounidenses pershing en bases británicas.

Desde entonces, Katharine Hamnett no ha parado de influir en la política y la cultura popular británica con la fuerza de su trabajo. Una de sus mayores campañas fue en contra del Brexit y a favor de lograr un segundo referéndum. «Se suponía que iba a ser consultivo pero fue decisivo. El Partido Laborista debería haber sido un apoyo pero hubo sabotaje. El mismo Jeremy Corbyn dio a entender que era euroescéptico. Estoy segura de que un segundo referéndum ofrecería un resultado diferente, la gente sabe que le mintieron. Quizás en 10 ó 20 años se intentará volver a la Unión Europea cuando sean ya muy notables las consecuencias del desastre».

El Brexit está golpeando duramente la industria de la moda. Está herida de gravedad. «Especialmente los jóvenes diseñadores que no tienen recursos, pero también las marcas británicas de lujo para las que un 42% de las exportaciones son a la Unión Europea. El 70% de los componentes de la industria de la moda se importan de Europa y exportar los productos al resto de los países conlleva un incremento exponencial del papeleo, costes adicionales de envío, tarifas que no existían, y que suponen hasta un 40% del valor de la prenda más la sobrecarga en aduanas. Es una catástrofe. Con las leyes de inmigración, los trabajadores extranjeros solo pueden venir a trabajar a Gran Bretaña si ganan mas de 50.000 libras anuales o más. Hay muy poca mano de obra para fabricación y producción. El objetivo de esta política es que esos puestos pasen a ciudadanos de Gran Bretaña, pero no existen centros que proporcionen el aprendizaje necesario. La industria de la moda supone 39 billones de libras que van directos al suicidio. El otro día en una cena aquí en Mallorca con más gente del mundo de la moda comentamos que la industria está muerta. Los encargos de empresas europeas se han ido al garete así como los programas de intercambio de estudiantes de moda ingleses que podían irse al extranjero y ahora se hace prácticamente imposible. Ha sido un voto racista, con mucha propaganda en redes sociales. El Brexit es increíblemente estúpido. La gente opina que este gobierno es el peor desde el rey Juan de Inglaterra en el siglo XII».

Esto afecta no solo a la moda, sino a todos los sectores, la industria automovilística, la cultura, la agricultura, «solíamos traer trabajadores de Europa del Este, los ingleses no quieren hacer ese trabajo». Hamnett en sus campañas ha conseguido el apoyo en redes de estrellas de cine, diseñadores de moda, músicos, miembros del público en general, niños, e incluso el ministro de medio ambiente alemán. «Mucha gente está dejando el país, como yo. No quiero vivir en Gran Bretaña sino en Europa, mi padre era diplomático y europeísta».

La diseñadora es miembro del Fashion Roundtable, cuyos objetivos son hacer que la industria de la moda sea más sostenible e inclusiva. Además, el 96% de los profesionales del sector votaron por mantener al Reino Unido en el bloque europeo, «pero el Gobierno no se lo toma seriamente y nos estamos moviendo hacia la extrema derecha, al fascismo, en contra del cual luchó mi familia».

Greta Thunberg acaba de protagonizar la portada del Vogue escandinavo en el que arremete contra la industria de la «moda rápida» por explotar a los trabajadores, contribuir a la crisis climática y llevar a cabo políticas falsas de greenwashing, sin hacer un cambio significativo, en relación con la sostenibilidad.

La también activista, durante la entrevista con este periódico. GUILLEM BOSCH

«Estoy totalmente de acuerdo con ella. La gente le pide esperanza y ella pide acción. Históricamente, en América ya se tenían esclavos para la recogida del algodón. En la actualidad se sigue explotando a niños, hay inseguridad, sueldos bajos y malas leyes laborales, incluso nulas, y con prácticamente ninguna protección ambiental. La única solución es crear una legislación que solo permita que los bienes y productos realizados fuera sigan los mismos estándares laborales, de derechos humanos, de salud, de seguridad y ambientales que son obligatorios en la UE. Lo suyo sería revitalizar la industria doméstica y no tener que importar. Lo que contamina también son los químicos que se usan en los tejidos, no solo en la moda rápida, también en los uniformes de la escuela, la ropa resistente al agua, zapatos, etc. Hace 20 años empecé mi lucha, he hablado con muchos políticos pero veo que todos aplauden en las conferencias pero nadie hace nada. En España, un país en el que se tiene un estilo de vida imbatible, deberíamos aprovechar la coyuntura de un Gobierno de izquierdas y ponerles presión».

Ella se siente «como una criminal por haber inventado el vaquero lavado a la piedra, pero ahora soy buena chica». En 1989, en la cima de su carrera, realizó una auditoria sobre el impacto medioambiental de la industria de la moda y descubrió sus efectos nocivos. «Pasé de ser famosa y vender en 40 países a querer cambiar el sistema. Hice campaña por la producción sostenible y rompí todos los contratos». En 2004 decidió cerrar la marca y mantener solo las camisetas protesta, además ahora está escribiendo el guión de un documental sobre su vida.

Llegó a Mallorca por primera vez en 1983 y descubrió el «valle secreto» de Sóller y Fornalutx. «Yo quiero tener mi base en el mejor lugar del mundo. Adoro Mallorca, los mallorquines y su amabilidad. Cuando mi hijo menor era muy pequeño se golpeó fuertemente la cabeza jugando a fútbol en la plaza de Fornalutx. Un señor agarró su pañuelo, lo mojó en la fuente y lo puso en la cabeza de mi hijo sin conocerle de nada. Me di cuenta de lo diferente que era en relación con Inglaterra y eso me llevó a comprar una casa aquí, donde existe el concepto de comunidad. Me emociona cuando los vecinos pasan y me dicen ‘bon dia’. Ellos sí son amables con los extranjeros».

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