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¿Por qué las jóvenes no hacen toples en la playa?

Antropólogas, estudiantes y activistas apuntan a lapresión de los cuerpos idealizados en las redes sociales y al acoso sexual como principales motivos de la negativa a exhibir su cuerpo

Cada vez son más las jóvenes que rehúsan enseñar su pecho en la playa cuando llega el verano: la excesiva presión por encajar en los cánones estético-normativos, el poder viralizador de imágenes por parte de las redes sociales, la creciente hipersexualización del cuerpo femenino o el acoso sexual derivado de la misma son algunos de los factores explicativos de este fenómeno social. Si en la década de los 60 el toples constituía una práctica empoderante para muchas mujeres y chicas, en la actualidad existe una tendencia palpable a ocultar ciertas zonas del cuerpo por miedo, incomodidad o pudor. Según la antropóloga y activista feminista Rut Abad, existe una violencia sistémica ejercida contra las mujeres a través de su corporalidad. Esto es crucial a la hora de entender por qué tantas chicas jóvenes descartan enseñar públicamente sus pechos. Abad hace alusión a la relevancia del espacio físico en el que el cuerpo se exhibe, «no es lo mismo hacer toples en la playa que en el río de un pueblo». Subraya que «en los sitios más masificados la individualidad pasa más desapercibida y en las zonas de baño donde las poblaciones son más reducidas, se tiende a mostrar menos los pechos», explica.

Acoso sexual

Un factor clave en este sentido reside en la sexualización del cuerpo femenino y el acoso que sufren muchas chicas en la playa, hecho que repercute en que un número muy elevado de ellas decida ocultarlo como forma de protección ante la mirada masculina. La antropóloga afirma que «las mujeres seguimos atravesadas por esa relación patriarcal de poder en la que nuestro cuerpo se lee de forma totalmente objetualizada y esto explica el miedo de muchas mujeres a enseñar el cuerpo en la playa». Evitar hacer toples acaba convirtiéndose, por ende, en una manera de evitar también los problemas.

Maddalen Iturbe, economista y profesora de idiomas de 25 años, es cada vez más reacia a realizar toples por la incomodidad que esta práctica le genera, «si estás haciendo toples y notas que la gente te mira y te sientes intimidada, acabas renunciando a enseñar el pecho para ahorrarte ese sentimiento de inseguridad, con lo cual renuncias constantemente a exponerte», alega la donostiarra.

Cuerpos perfectos en las redes

El aumento exponencial en el uso de redes sociales que permiten difundir imágenes al instante a golpe de clic también afecta negativamente a la libertad de las jóvenes a la hora de mostrar ante los demás su cuerpo desnudo. Además, estas a menudo contribuyen a promover la presión estética sobre los cuerpos. Desde que el fenómeno influencer inundó internet, el usuario se encuentra permanentemente rodeado de imágenes de cuerpos perfectos y supuestamente ideales, lo que repercute en la autopercepción de las mujeres de menor edad.

Pilar García, estudiante universitaria mallorquina de 21 años, señala que muchas chicas jóvenes como ella se avergüenzan de enseñar su cuerpo porque sienten que no cumplen con los estándares de belleza exigibles en plataformas como Instagram, «ahora me siento más incómoda que antes yendo en bikini a la playa porque tengo la sensación de que mi cuerpo no es suficientemente válido en comparación con las chicas que ves en Internet» y añade que «parece que si no tienes un cuerpo increíble, no es aceptable enseñarlo, por eso prefiero no hacer toples, me siento intimidada e insegura». Es también el caso de Maddalen, quien además alude a la falta de naturalidad de los cuerpos que aparecen en redes como Facebook, a menudo retocados mediante sofisticados programas de edición, «a veces puedes llegar a pensar que tienes más defectos que los demás en función de lo que ves en fotos que filtran todo lo que no gusta a nivel corporal». Por esta razón, Iturbe confiesa que muchas veces adultera las fotos que sube posteriormente a las redes , «normalmente subo fotos con determinadas posturas para que parezca que tienes menos tripa, más culo, etc., y en general para sentirte favorecida».

Adiós al bikini

Inseguridad e incomodidad son las palabras más repetidas entre las jóvenes cuando hacen alusión a su miedo a la semidesnudez en la playa durante el verano. Ante esta falta de confianza hacia el propio cuerpo, que parece estar siempre en el punto de mira, es común que las más jóvenes prefieran utilizar bañadores en lugar de bikinis, con el fin de ocultar el pecho y la barriga. La asesora de imagen y colaboradora de este periódico, Xisca Bosch, ha constatado este año un incremento notable de las ventas de bañadores estilo camiseta o body, cuya causa atribuye precisamente a esta necesidad de disimular determinadas partes del físico: «Cada vez las revistas de moda recomiendan más tipos de bañadores» ya que, al parecer, «buscamos más la comodidad y la tranquilidad, sentir que estás en un sitio público segura ante la mirada de los demás sobre tu cuerpo, algo que generalmente no ocurre cuando hacemos toples».

Paradójicamente, observamos un cambio significativo en los hábitos entre generaciones: mientras que las generaciones anteriores veían el toples como un acto liberador, fruto de toda una lucha feminista por la libertad de las mujeres, la presión estética ha derivado en que actualmente las jóvenes se vean más a gusto escondiéndolo por razones de pudor. Aunque también hay quien discrepa con esta visión y prefiere inclinarse a favor de una posible « fractura generacional». Así, Livia Motterle, antropóloga feminista, expone que «hacer toples ya no es una forma de transgredir, es una lucha de otra época».

El cuerpo como marca de valor

No obstante, Rut Abad reconoce que la diversidad de contenidos volcados actualmente en las redes propicia que exista un movimiento social muy potente en la reivindicación de todo tipo de cuerpos: «Cada vez se ven más perfiles que denuncian la gordofobia y el exceso del aprecio por la estética, aunque las mujeres siempre sufren mucha más presión social y cultural a la hora de exponer nuestra piel en público dentro de lo cual entraría obviamente el toples». Así, parece que, a pesar de la conciencia colectiva sobre la presión por el cuerpo perfecto, el marcador de validez en las mujeres todavía recae sobre su físico y ello es el origen de la mayor parte de los problemas de autoestima que aquejan a las mujeres jóvenes. En esta línea, García admite que «en muchas profesiones se exige físicamente mucho más a las mujeres que a los hombres, ellas siempre van perfectas, con maquillaje y algunas podrían hasta ser modelos».

La activista transfeminista Andrea López insiste en la sexualización del cuerpo femenino como origen inequívoco de este problema social, «antes las niñas podían ir a la playa sin la parte de arriba del bikini y ahora parece que las pequeñas tienen que vestir como sus madres, como si no existiera la ropa de niños, y se empieza a sexualizar muy pronto su cuerpo».

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