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La Reina olvida el luto con vestido de seda en Atlàntida Film Festival

Casi medio millar de personas arropan a Jaume Ripoll y su Atlàntida Film Festival en una clausura de numerosos corrillos, con piano bar, arte y reivindicación cultural - No hubo palabras ni de doña Letizia ni del ministro Iceta

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La Reina olvida el luto con vestido de seda en Atlàntida Film Festival Guillem Bosch

Con los tiempos milimétricamente controlados para que antes de las doce de la noche todo el mundo tuviera tiempo de llegar a casa —o a palacio—, la úndecima edición del Atlàntida Film Festival puso el broche de oro con una gala de clausura en la que la música y el cine mudo fueron protagonistas. Porque al ritmo de Por una cabeza, de Carlos Gardel, y paseíllo con el Sing, Sing, Sing, de Benny Goodman, llegaba al Pati de La Misericòrdia una reina doña Letizia que se olvidaba del luto —el martes fallecía su abuela Menchu Álvarez del Valle— y de la onomástica del día: el aniversario del exilio del emérito don Juan Carlos a los Emiratos Árabes. Para su primera aparición pública en Mallorca, que supone el ‘sus’ a sus vacaciones en la isla, la esposa de Felipe VI elegía un vestido midi de seda en azul marino noche, salones plateados destanolados y mascarilla blanca; pelo recogido y pendientes aros de brillantes de la firma mallorquina Coolook, una de sus favoritas, para una velada menos calurosa de lo previsto.

(Vea aquí la galería).

Y aunque los flashes se le presuponían a ella, lo cierto es que fue Judi Dench, una de las galardonadas de la noche, quien más los acaparó. Tanto, que tal y como se informó desde la organización, no era apropiado; la actriz británica sufre problemas de visión y las luces y los focos le molestan demasiado. Se retiró pronto del photocall, llegó mareada del brazo de Jaume Ripoll hasta las primeras filas y abandonó, junto a su pareja y el otro premiado del festival, Stephen Frears, el recinto antes de la proyección de la película final. Letizia, muy atenta, se despidió de ambos con mucho cariño antes de regresar a su asiento, junto al director del festival, con quien se la vio muy cómplice.

Con aforo reducido por las medidas covid, pero aún así, con casi medio millar de invitados, en los minutos previos antes de la llegada de la Reina, se vivieron momentos de gran distensión. Al ritmo de Piano Bar, cócteles, cerveza Rosa Blanca y algún picoteo, pudimos ver cómo hablaban de manera animada Ana Pastor, Antonio Ferreras, el politólogo Pablo Simón y Silvia Clavería. La artista Susy Gómez, junto a su pareja Toni Horrach, o los actores Óscar Kapolla y Blai Tomàs, compartieron también charla con Pedro Barbadillo, máximo responsable de la Mallorca Film Commission y con el cineasta Lluís Ortas.

Sandra Seeling, fundadora y directora del Evolution Mallorca International Festival, que celebrará su décima edición en octubre de este año, aplaudía el éxito del Atlàntida junto a un Pau Vich, su mano derecha, que nos anunciaba que habría muchas sorpresas. «Somos certámenes distintos, pero es un orgullo que en la isla ocurran estas cosas tan importantes a nivel cultural». Antonio Fernández-Coca, presidente de la comisión del Plan de Estudios de la que será la nueva facultad de Bellas Artes, se mostraba feliz del hito que suponía poder ampliar la oferta de la Universitat de les Illes Balears, mientras que el galerista Joan Guaita reconocía estar algo cansado de convivir en pandemia. «Hay que salir pronto de esta».

Y así, sin palabras de doña Letizia, del ministro Iceta o de ninguna autoridad presente en la gala, se cerró una noche muy musical donde Miquel Brunet, al piano, ofreció un ejercicio de sobriedad.

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