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Souvenirs | ¿Dónde colgar ‘eso’?

¿Dónde colgar ‘eso’?

¿Dónde colgar ‘eso’?

¿Qué hago con los tres kilos de carcade –una infusión roja muy popular en Egipto– que compré y que jamás de los jamases consumiré lejos del Nilo? ¿Y con la alfombra turca de 16 metros cuadrados que no entra ni a martillazos en el salón de ocho metros del piso? ¿Y dónde colgar este escudo masái, que en Kenia parecía maravilloso y ahora descubrimos que pega en la decoración de casa como un Caravaggio en el MoMA neoyorquino?

Son dilemas que nos asaltan al retornar de nueve de cada diez viajes. Nuestra capacidad de raciocinio sufre interferencias en cuanto abandona su medio ambiente habitual. Lo que a mil kilómetros de distancia parece un tesoro, nada más deshacer el equipaje se transforma en un problema. ¿Cómo se me ocurrió regatear durante una hora por ‘eso’?

‘Eso’ es la mejor palabra para definir todo objeto que pierde su sentido en cuanto el avión despega rumbo al país de origen del turista. Entre los ‘eso’ más destacados que se pueden llevar los millones de turistas que visitan Mallorca –pese al coitus interruptus de la pandemia– están los platos decorados con motivos de la isla: de la catedral al castillo de Bellver; de la flor de almendro a la pareja de payeses.

¿Dónde colgar ‘eso’?

¿Dónde colgar ‘eso’?

Cuando Hans llega a su casa de Hamburgo se le presenta un dilema: ¿lo cuelgo junto al reloj de cuco o lo utilizo para servir las salchichas con chucrut? Mientras toma una decisión, ‘eso’ se queda en un estante del armario donde seguirá los próximos veinte años. Cuando John abre la maleta en su hogar de Manchester, una duda lo corroe: ¿Es apropiado para el fish and chips o quedará mejor en la entrada, junto al bombín y el paraguas? Ante la duda halmetiana, lo mejor es dejarlo temporalmente en el cobertizo del jardín, ‘Eso’ abandonará su refugio provisional una década después para ser ofrecido en el jardín, en un mercadillo al que tan aficionados son los súbditos de Isabel II.

¿Dónde colgar ‘eso’?

¿Dónde colgar ‘eso’?

Una somera descripción de algunos platos que se han ofertado a los turistas en las últimas décadas explica a la perfección el porqué. Una vez fuera de su territorio natural –es un decir– pierden el escaso sentido que pudieran tener.

¿Dónde colgar ‘eso’?

¿Dónde colgar ‘eso’?

Mi favorito es el que tiene una foto del Castillo de Bellver en el centro bajo la inscripción Palma de Mallorca. Alrededor se reparten otros diez círculos, cada uno con imágenes que desmienten la inscripción principal. Un conjunto de marjades, sa Calobra, el tranvía del Port de Sóller, la Cuevas del Drach o Valldemossa, que, como todo el mundo sabe, se encuentran fuera del término municipal. Por lo menos hasta que el alcalde capitalino, José Hila, remede a la madrileña Díaz Ayuso y sentencie solemnemente: «Palma es Mallorca dentro de Mallorca. ¿Qué es Palma si no es Mallorca?». Claro que al alcalde le desmentiría una de las fotografías. Mallorca también es Andalucía, lo corrobora la bailarina flamenca de uno de los círculos.

¿Dónde colgar ‘eso’?

¿Dónde colgar ‘eso’?

Sin embargo, el motivo más repetido las últimas seis décadas en los platos de los souvenirs es un mapa de Mallorca. Si han escogido uno de estos, Hans y John pueden rescatarlo para que les sirva de guía en cada uno de sus viajes a ‘Mallorca sunny island’ (isla del sol), como reza uno de los lemas. Aunque sus conocimientos del país se quedarán muy limitados porque los lugares de interés son repetitivos. Por supuesto, casi nunca faltan la pareja de payeses que posan o bailan, las flores de almendro (son platos prexylella fastidiosa) y algún que otro molino. Alguno de ellos parece extraído directamente de La Mancha y en nada se asemeja a los del Jonquet y el Molinar de Llevant. Molinos que admiraron a Giovanni Maria Battista Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti, futuro Pío IX, cuando los contempló después de que el barco en el que viajaba se refugió en la bahía a causa de una tormenta.

Lo que a mil kilómetros parece un tesoro, nada más deshacer el equipaje se transforma en un problema

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Nuestro museo del Souvenir ya cuenta con una colección de platos. Nuestro siguiente capítulo permitirá a los orgullosos propietarios de recuerdos mallorquines competir con el Centro Meteorológico Zonal de Balears... o con el de Fráncfort.

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