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María Macaya Presidenta de la Fundación Rádika

«Todos tenemos traumas, grandes o pequeños, pero hay que liberarse de ellos»

«Si sabemos trabajar con el cerebro y el cuerpo, podemos sacar todo su potencial»

María Macaya: "Si sabemos trabajar con el cerebro y el cuerpo, podemos sacar todo su potencial" B. Ramon

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María Macaya: "Si sabemos trabajar con el cerebro y el cuerpo, podemos sacar todo su potencial" Raquel Galán

Es fácil asociar nutrición y yoga, pero se piensa menos en la neurociencia. ¿Qué aporta?

La importancia de la conexión del cuerpo con la mente. Tienen una relación bidireccional y se necesitan el uno al otro. Desde la neurociencia se estudia qué hace o puede hacer el cerebro para mejorar el cuerpo y a la inversa. Antiguamente esta conexión no se contemplaba, ya que habían sido separados. Tanto uno como otro son muy potentes, aunque también imperfectos. Si sabemos trabajar con sus perfecciones e imperfecciones, podemos sacar todo su potencial. Además, hay que entender el cuerpo desde la nutrición y nuestra relación con la comida, ya que el estómago es el segundo cerebro.

¿El yoga sensible al trauma es una alternativa para quien sufre un daño emocional y no quiere acudir a un psicólogo?

Lo mejor es trabajar la parte cognitiva asistiendo a una terapia convencional, pero hay gente que se acerca a nosotros debido a que estigmatiza a los terapeutas o por no poder pagar las sesiones. En este yoga incidimos a través del cuerpo en los comportamientos adaptativos que surgen a raíz de un trauma, como por ejemplo no ser capaz de estar en el momento presente y el desconectar de tu cuerpo y tus necesidades. Debes saber qué necesitas ahora y que tienes el derecho y el poder para conseguirlo.

¿Todos tenemos algún tipo de desequilibrio emocional?

Desde luego. Todos tenemos traumas, grandes o pequeños, pero ‘trauma’ es una palabra que da miedo porque la asociamos a guerras, violencia, accidentes y otro tipo de situaciones graves. Desde la Fundación Rádika nos hemos propuesto normalizar el trauma para ayudar a liberarnos de ellos. A lo largo de la vida nos han ocurrido cosas que nos han hecho sufrir y han ido formando lo que consideramos nuestra identidad, lo que me gusta y lo que no, lo que me da miedo, las personas que me atraen y las que me causan rechazo... Muchos de esos traumitas quizá los llevamos arrastrando desde que éramos pequeños.

¿Y se vuelven grandes?

No necesariamente, aunque se acaban convirtiendo en nuestra forma de ser. ¿Por qué a alguien una situación, un tipo de persona, una conversación, unos sonidos o lo que sea le pone nervioso o le despierta miedos y a otro no le ocurre? Tal vez es por algo que le sucedió en el pasado y ahora, en otras circunstancias, reconecta con ello y vuelve a sufrir. Cuando reaccionamos, es porque se ha formado un pequeño trauma en nuestro interior, pero podemos desprendernos de él.

¿La pandemia es un trauma o un evento traumático?

Con la covid hemos vivido un evento traumático, porque en un momento concreto se pone en cuestión o bien mi supervivencia física o mi vida como la conocía. Son hechos compartidos por una colectividad. De ahí a que alguien desarrolle un trauma existe un paso importante. Ocurre cuando comienza a afectar a tu vida, la modifica a largo plazo y no eres capaz de disfrutarla como antes. Si no se ha quedado grabado en ti y puedes reintegrar la situación anterior, no es un trauma.

¿Qué es el yoga oncológico?

Un apoyo enorme para quienes tienen cáncer. Se trabaja sobre todo la inflamación, la pérdida de masa muscular, el equilibrio, la fuerza y la movilidad. Algunos de los efectos secundarios de las operaciones y los tratamientos posteriores son la contracción de las fascias, que son esenciales para el funcionamiento de todo el cuerpo, y el yoga puede conseguir que se recupere su elasticidad. Además, se centra mucho en la amabilidad hacia tu cuerpo, en estar con él en la nueva situación que estás viviendo.

Inició su vida profesional en el mundo del arte. ¿Por qué un cambio tan radical?

Hice la carrera y un máster en Crítica de Arte, y he trabajado en museos por todo el mundo, entre ellos el MoMA, el Pompidou y el Tamayo. También, de jovencita, en la Fundació Miró de aquí. Fue un ámbito que me encantó y me aportó mucho personalmente, ya que aprendí filosofía, literatura, sociología, psicología y arte, por supuesto. Me ayudó a enfocar el mundo desde perspectivas muy diferentes, aunque con el tiempo dejé de disfrutarlo. Como soy muy perfeccionista, dejé de apreciar lo que realmente merecía la obra de arte, pero desde hace poco he vuelto a disfrutar.

¿Su madre volverá a ser la gran anfitriona de Mallorca?

No me cabe la menor duda. No hay nadie en la isla que organice tantas fiestas y tan buenas como mi madre [Cristina Macaya]. Ella tiene una energía y una enorme capacidad para conseguir que los invitados se encuentren a gusto y se diviertan. Además, es capaz de juntar a todo tipo de personas y que lo pasen bien, hasta gente que dirías que es injuntable.

¿Se ha planteado alguna vez venir a vivir a la isla?

No me importaría nada porque es un sitio increíble y me siento como en casa. Vengo de vez en cuando y, aunque por ahora no está contemplado en un futuro próximo, no diré que no.

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